Opinión

Nuevos partidos

Nuevos partidos en México

En las elecciones federales de 2027, además de los tres partidos de oposición y de los tres que integran la coalición de gobierno, los ciudadanos encontraremos en la boleta otras dos opciones: Construyendo Sociedades en Paz y Somos México, partidos nacionales cuyo registro fue aprobado este mes. En esas elecciones intermedias ambos deberán competir en solitario y obtener 3% de la votación nacional exigida por ley, para conservar su registro.

Construyendo Sociedades en Paz (mejor llamarlo partido PAZ, porque hacerlo por las siglas resultaría algo sospechoso) es el tercer partido que funda Hugo Eric Flores, luego de los desaparecidos Partido Encuentro Social y Partido Encuentro Solidario, que no alcanzaron el umbral en 2018 y 2021, a pesar de que en la primera ocasión el PES fue parte de la coalición Juntos Haremos Historia, que llevó a López Obrador a la presidencia, e incluso obtuvo diputaciones.

Como los anteriores, el nuevo partido es de corte social conservador, y muy ligado a las bases evangélicas de las que Flores abreva políticamente. A partir de las estructuras heredadas de las iglesias y de los partidos que le precedieron, el PAZ obtuvo con cierta facilidad el número de afiliados necesario para su registro. Podría afirmarse que se trató de un proceso corporativo, pero no por ello forzado. Simla fe mueve montañas, también puede mover a un feligrés a inscribirse al partido.

El problema a futuro del PAZ es el mismo que tuvieron sus antecesores, y deriva precisamente del carácter cuasi corporativo de la afiliación. Más allá de la militancia agrupada alrededor de las iglesias, ese partido suele encontrar poco apoyo en el resto de la población. Es difícil que ello ocurra el próximo año, pero Eric Flores tiene la paciencia de Job y espera llegar, aunque sea tras múltiples intentos, al Monte Hebrón, como Caleb (y como AMLO a la presidencia).

Si el PAZ logra conservar su registro, lo probable es que intente integrarse a la coalición que encabeza Morena rumbo a las presidenciales de 2030. Sería un aliado incómodo, porque evidenciaría que la coalición gobernante no es progresista ni de izquierda, sino de un pragmatismo feroz, y porque volvería a poner entre paréntesis la necesaria separación entre el Estado y las iglesias. Por otra parte, varios de los candidatos que, a través del PES llegaron a posiciones políticas relevantes han resultado después un dolor de cabeza para el morenismo hegemónico (dos ejemplos: por un lado, el exfutbolista Cuauhtemoc Blanco, quien gobernó Morelos entre escándalos; por otro, el congresista neoleonés Carlos Leal, quien con el lema “Dios, Patria y Familia”, impulsa una agenda tan retardataria que hace ver a los panistas más conservadores como “progres buena ondita”).

A pesar de todo esto, un eventual PAZ con registro confirmado probablamente sería aceptado en la coalición. Ya se sabe que un voto es un voto y todo voto suma para la elección (aunque reste a la hora de hacer política de Estado).

Mucho más interesante es el caso de Somos México, organización desprendida del movimiento de la “Marea Rosa” y que encabeza el ex dirigente perredista Guadalupe Acosta Naranjo, y que cuenta con varias figuras reconocidas en la política nacional.

A diferencia del PAZ, el partido Somos México apostó por la movilización orgánica para lograr el número de afiliados que necesitaba. También hizo un uso intensivo de las redes sociales digitales y se hizo de varios liderazgos regionales, que le ayudaron a conseguir la cifra de afiliados requerida por la ley.

También a diferencia del otro partido, Somos Mx tuvo que superar diversos obstáculos, puestos principalmente por Morena, que no quiere la entrada de una alternativa opositora. El más notorio, la doble afiliación que, de manera tramposa, intentó hacer para descartar la validez de las asambleas de Somos Mx. Al final, el INE y el TEPJF invalidaron miles de afiliaciones “patito” a Morena, que ese partido había hecho sin presentar los formatos de ley, con tal de impedir el registro de Somos Mx.

Ese partido nuevo ahora libra una batalla por mantener el nombre y logotipo, que el INE, en cerrada votación dictaminó modificar, por el uso de la palabra México y del color rosa, que es el de la propia autoridad electoral (algo parecido vimos en tiempos de Salinas de Gortari, con el PRD, cuyo logo originalmente era tricolor, como el de la bandera y el del PRI).

Somos México tiene liderazgos con experiencia y con capacidad organizativa. También se ha hecho del apoyo de notables intelectuales y expertos, tiene también la ventaja de aparecer como algo distinto a los dos viejos partidos tradicionales, hoy de oposición. Pero tiene varios problemas, que deberá resolver tarde o temprano.

Uno es un asunto generacional. Las caras conocidas de ese partido tienen la ventaja de la experiencia política, pero la desventaja de ser, precisamente, caras conocidas, y no frescas. Cuando la gran mayoría de los electores son jóvenes, y algunos de ellos se han decepcionado de los gobiernos de Morena, entre otras cosas porque no han conocido otros en su vida adulta, se extraña la escasez de milenials y de miembros de la generación Z entre su militancia visible. Hay una contradicción entre partido nuevo y caras viejas.

Otro es un tema ideológico. Los pegamentos de ese partido son la convicción democrática y el antimorenismo. Eso puede servir para una marcha por un tema en específico, pero es insuficiente para formar un partido. Es previsible que entre los afiliados a ese nuevo partido haya visiones muy diferentes del país al que aspiran y está por verse si Somos Mx es capaz de dibujar una perspectiva aceptable para todos. Es una tarea que tiene pendiente.

Finalmente, está el asunto táctico. Es claro que Somos Mx se plantea mantener el registro para trabajar en pos de una coalición opositora rumbo a 2030. Pero, a como están las cosas, y tomando en cuenta su indefinición en varios temas, lo probable es que le quite votos a los partidos con los que luego se piensa aliar, más que a la coalición morenista.

Y, con el asunto táctico, otro estratégico. ¿Iría Somos Mx en 2030 por la “unidad opositora a toda cosa”? Puede ser, pero ¿aceptaría brincar de la sartén al fuego? Es pregunta.

Los nuevos partidos mueven el tablero electoral y político. De ellos y de la ciudadanía dependerá qué tanto.

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