Opinión

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Profundizar la justicia

Profundizar la justicia

La justicia, en su dimensión más alta, no puede entenderse únicamente como una abstracción moral ni como una expresión simbólica del Derecho. Es, ante todo, una función pública que exige responsabilidad, integridad, imparcialidad y apego irrestricto a la legalidad, de ahí que resulta indispensable revisar, ajustar y fortalecer de manera continua las instituciones encargadas de impartirla.

La modificación a la Reforma Judicial aprobada por el Congreso en el pasado mes de mayo debe entenderse precisamente en esa lógica: la de profundizar el proceso de transformación del sistema judicial mexicano, perfeccionando sus mecanismos de integración, evaluación y vigilancia, para responder con mayor eficacia a las exigencias de nuestro tiempo.

La reforma judicial iniciada en 2024 abrió una nueva etapa en la vida pública del país. Su propósito fue claro: combatir la corrupción, erradicar prácticas de privilegio, fortalecer la cercanía entre la justicia y la ciudadanía, y dotar de legitimidad democrática a los órganos del Poder Judicial.

Con la adecuación legislativa, se avanza en la consolidación de ese proyecto, al introducir medidas que atienden áreas de oportunidad detectadas en la implementación inicial.

Entre los aspectos de mayor relevancia se encuentra la creación de una Comisión Coordinadora que habrá de fijar criterios, metodologías homologadas y exámenes de conocimientos para los comités de evaluación de los distintos poderes.

Esta decisión tiene una trascendencia mayor de la que a primera vista pudiera advertirse: Elevar el perfil de quienes aspiren a integrar la judicatura, asegurando que el acceso a la función jurisdiccional repose en la idoneidad técnica, la solvencia ética y la trayectoria pública acreditada.

Ello resulta fundamental. No basta con postular la necesidad de una mejor justicia; es indispensable construir las condiciones institucionales para hacerla posible.

Si queremos un Poder Judicial capaz de responder a los reclamos de la sociedad, necesitamos juzgadoras y juzgadores preparados, honestos, sensibles al contexto social y conscientes de la alta responsabilidad que implica decidir sobre derechos, libertades, patrimonio y proyectos de vida.

Esta modificación también representa una diferencia sustancial respecto de etapas anteriores de la historia judicial del país, pues durante décadas, el sistema se mantuvo prácticamente inmóvil en su diseño esencial, sin introducir correctivos de fondo frente a prácticas que minaban la confianza pública.

Hoy ocurre lo contrario: el Estado mexicano está revisando, corrigiendo y perfeccionando su estructura judicial para hacerla compatible con los valores democráticos, con la justicia social y con las necesidades reales de la población.

En ese proceso, el Tribunal de Disciplina Judicial cumple una función decisiva: evaluar, prevenir, corregir y contribuir al mejoramiento del desempeño judicial.

La nueva visión institucional parte de una premisa sencilla pero profunda: una justicia confiable requiere no sólo de normas adecuadas, sino de personas juzgadoras a la altura del mandato constitucional y de un sistema de supervisión que garantice responsabilidad y excelencia.

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