
El domingo 12 es el Día del Abogado /de la Abogada. Es un buen momento para reflexionar acerca de esta profesión en nuestra época, con una visión que, más que buscar en el pasado, desde el hoy proyecte hacia el futuro.
Acotación necesaria: hablaré aquí de quienes practican el Derecho en lo general, ya sea que defiendan los derechos de las personas en los tribunales, trabajen como juezas o jueces, o en otras labores propias de una licenciatura en Derecho.
Ese perfil, desde luego, asume conocimientos profundos de la disciplina, y en particular del área a la que se dedique, sea la civil, la penal, o cualquier otra; desde luego se da porsentado. Pero, ¿basta con eso?
Me parece que un abogado o abogada siglo XXI debe contar con una claridad y conciencia plena del momento histórico que se está viviendo. Del estado de nuestra sociedad y, en particular, de la comunidad en la que se desenvuelve, pues si el Derecho regula las relaciones entre las personas, lo hace en un momento concreto y en un entorno específico, para ser eficaces entonces se requiere saber en dónde se está parado.
Además de esto, debe contar con la capacidad de comunicar sus conocimientos jurídicos en diversos contextos. Por ejemplo, respecto de las personas no abogadas, poder expresar sus opiniones, juicios y recomendaciones de manera perfectamente entendible parar quien le escucha; si se trata de un público jurídico como un tribunal, la habilidad de hacer lo mismo con los términos jurídico-técnicos.
Estas habilidades deben conseguirse en la formación académica.
Con independencia del tipo de temas a los que cada profesionista se dedique, deben contar con una sólida visión en materia de derechos humanos. Pero no una preparación meramente desde el punto de vista académico, sino orientada a su materialización. Desde luego esto se relaciona con el primer punto que ya abordé.
En cuanto a tecnología, no basta con el conocimiento de las que existen en el momento, sino con las bases para poder operar las que surgirán en un futuro, con una visión ética y, de nuevo, centrada en los derechos humanos.
Una orientación que vaya más allá del litigio. Ya contamos con mecanismos alternativos para resolver conflictos que, por diversas razones, no encontrarían su mejor solución en un juicio; así, se requiere que las y los profesionistas del Derecho tengan los conocimientos y habilidades para detectar cuándo un conflicto puede ser mejor atendido utilizando esos mecanismos, en particular la negociación, la negociación asistida, la mediación y el arbitraje. Esto no sólo para conflictos individuales, sino también para los colectivos.
Te invito a que sumes otras habilidades y conocimientos. Te pido que lo hagas partiendo de la realidad de nuestro país y de lo que, previsiblemente, vendrá en los próximos años.
La práctica jurídica impacta en nuestra sociedad, tiene que ver con la definición, defensa y ampliación de los derechos, y eso es algo que a todas y todos importa.