
Los aniversarios suelen ser momentos de alegría para compartir y departir. Dependiendo de si se trata de personas o países también son ocasiones para mantener vigente un pasado en el presente y proyectarlo hacia el futuro. Es el caso sin duda de los aniversarios de independencias nacionales y fundacionales. Como el Estado moderno surgió a imagen y semejanza de la iglesia, la historia nacional está conformada de santones y patrones a los que se venera y se recuerda en fechas especiales relacionadas con la misma creación y existencia del Estado nacional del que se trate.
En las épocas de las dictaduras más emblemáticas del siglo XX y del totalitarismo avasallante, la celebración de aniversarios y gestas nacionales heroicas adoptó la forma de culto a la personalidad del líder. Ese líder que era casi omnipotente, que lo mismo se tomaba el tiempo para velar por la grandeza de su país que mostrarse compasivo y comprensivo a las necesidades y causas más nobles de su sociedad. Lo mismo la construcción de una calle que de un hospital o un puente, eran posibles gracias a esa sabiduría y magnificencia del líder.
Durante todo ese periodo, caracterizado en buena medida por las irreconciliables diferencias entre dos formas de ver y entender el mundo, en esencia de sistemas antagónicos, las críticas más fuertes a la presencia demoledora del Estado en la figura del líder iluminado o del dictador clarividente, provinieron sistemáticamente desde las democracias del llamado mundo libre, que siempre tuvo en Estados Unidos a su vocero y promotor principal. Se argumentaba que la libertad como valor fundamental, es contrario por definición a todo intento de supresión y de control, particularmente en la circulación y debate de las ideas y sobre todo respecto de lo que representa para la organización política, económcia, social y cultural.
A riesgo de simplificar en exceso, no sorprende en todo caso que la crítica al poder y al autoritarismo provenga desde quienes profesan la libertad y la democracia, pero ¿qué sucede cuándo desde la democracia sólo se tolerara la libertad de opinar cuando se coincide con quien gobierna? o pero aún ¿se reprime o se intenta anular la libertad de opinión acusándola de mentira o de provenir de comunistas, buscando que siempre esté llena de halagos, adulaciones y reconocimientos al líder? ¿o de gobernar por decreto, ignorando al Congreso, de generar conflictos sociales, políticos o militares para luego intentar resolverlos a modo y controlarlos? ¿de generar escándolos para generar interés y adeptos al pretender resolverlos? ¿de hacerte pasar cercano a la gente y a sus preocupaciones para en realidad beneficiar a tus cercanos y a ser posible con manantiales de dinero desde el poder público? ¿propagar el miedo como herramienta de gobierno es una idea democrática, ¿acaso no es eso corrupción, autoritarismo y culto a la personalidad o son sólo proyectos delirantes?
El 4 de julio pasado, el mandatario norteamericano encabezó el 250 aniversario de la adopción de la Declaración de Independencia de 1776 que marca a su vez la fundación del Estado nacional estadounidense y la independencia ganada al Reino Unido, su antigua metrópoli, una oportunidad única que marca las celebraciones de la llamada “América250”.
No obstante, el presidente aprovechó la ocasión para celebrarse a sí mismo y el país de tener la fortuna de tenerlo, y para impulsar en buena medida la agenda MAGA.
Ya antes de ello había dado muestras de este estilo personal de gobernar, al redecorar la casa presidencial y renombrar sitios públicos con su nombre, pero se guardó para este celebración iniciativas como la de promover la impresion de pasaportes con su imagen, lo mismo que monedas de coleccion, entre otras adulaciones. Lo más llamativo, y a la vez preocupante, fue su discurso alusivo, en el que reafirmó el particular sentido de nacionalismo que posee sobre el lugar que su país ocupa en el mundo y de la grandeza que debe de recuperar en el futuro inmediato; de su reprobación del comunismo como un càncer -sin tomar en cuenta por conveniencia o ignorancia que el comunismo no existe ya más.
No sobra mencionar que se asume como el mejor presidente en la historia de 250 años del país norteamericano, aunque las encuestas lo coloquen en el papel del peor mandatario, incluso por encima de sí mismo en relación con su primera presidencia. De acuerdo con estudios demoscópicos como el realizado por Pew Research Center, el mandatario norteamericano tiene una imagen muy negativa internacionalmente, en la medida en que son pocos los que consideran a su paìs como un socio confiable.
Probablemente más sintomático de tales percepciones entre las personas, sean los índices de la ciudadanía que no se siente orgullosa de su propio país. De acuerdo con un sondeo realizado por Gallup en junio de 2026 sobre el tema del orgullo nacional, encontró que un 53 por ciento de la población se siente muy orgullosa de ser estadounidense, lo cual representa el índice más bajo desde 2001 (87 por ciento) cuando dicha encuestadora inició este ejercicio, incluso menos que en 2025 (58 por ciento).
Curiosamente, y según también el Pew Research Center, el valor más apreciado por la socidedad norteamericana es el de la libertad. Cabría sugerir que no es la libertad que propugna y promueve su actual dirigente, candidato claro a dictador en democracia.