Opinión

El personaje, su construcción y el contexto (V)

Salinas Pliego

Ricardo Salinas Pliego es el personaje no político más mediático, influyente y presente en la política mexicana. Sin la fuerza de la tribuna con la que cuenta una legisladora, la relevancia de la agenda pública que fija un secretario de Estado, la potencia de los cargos y posiciones que reparte un dirigente partidista o la autoridad absoluta que en un territorio específico ejerce una gobernadora, el empresario ha logrado convertirse en un personaje cuya voz ha alcanzado mayor volumen que la de muchos que formalmente participan en el ejercicio público. Si esto no quedara claro, quizá los números de un estudio demoscópico de México Elige, de Sergio Zaragoza, lo muestra con claridad: Ricardo Salinas Pliego es el quinto personaje mejor posicionado en el espectro, solo detrás de Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch, Ricardo Anaya y Lilly Téllez y únicamente el 2.8 por ciento de la población no lo conoce.

Con esos números y tres años de distancia para la definición de una candidatura como la que podría encabezar, así como con un contexto nacional y externo que lo beneficia como a nadie más, la pregunta no es si Salinas Pliego estará en la boleta, sino cuál será la ruta que seguirá para hacerlo – de la que escribimos en nuestra anterior entrega – y cuál el contenido de la propuesta y el tono del discurso con los que pavimentará su camino hacia 2030. Ambos aspectos, el proyecto y la narrativa, pueden anticiparse a partir de lo que hasta ahora hemos visto en el empresario y, sobre todo, desde la lectura de una sociedad hiperpolarizada como la mexicana y una oferta electoral que trasciende de lo estable para colocarse en lo predecible. Si a esto agregamos que Salinas Pliego ha asumido su participación política como una suerte de venganza personal en contra el un gobierno y su partido al que identifica como sus principales enemigos, la ecuación es sencilla. Veamos.

La propuesta electoral que construirá salinas parte de lo que desde hace algunos años ha venido a colocarse en diversas regiones del mundo como la ideología predilecta de las oposiciones en contra de gobiernos alineados hacia la izquierda con altos niveles de autoritarismo: el libertarismo. Esta manera de identificar al Estado y al gobierno como males necesarios a los que hay que reducir a su mínima expresión, confía más en el mercado, en el mérito de las personas que aprovechan las oportunidades y en la generación de riqueza como símbolo del éxito. Todo lo anterior implica, y aquí está lo atractivo para empresarios como Salinas, pero lo riesgoso para varias decenas de millones de personas que reciben apoyos sociales, en la disminución de impuestos. El secreto para que la oferta electoral de Salinas sea atractiva para más de 15 millones de electores que podrían sentirse identificados como esta lógica de pensamiento, es cómo proponer algo que le haga sentido a otros 20 millones de votantes que hoy reciben subsidios o apoyos directos financiados a partir de impuestos. Sin un filón social semiasistencialista, la candidatura de Salinas Pliego no tiene viabilidad.

Por lo que hace a la narrativa, el tono y el discurso, estos se construirán de forma muy similar a los que han llevado al poder a personajes como Milei, Trump o De la Espriella. El gobierno es la causa de todos los males y quien acceda al poder debe hacerlo para controlar el ímpetu de una burocracia obesa, corrupta, lenta e ineficiente. El gobierno es el enemigo contra el que hay que luchar, pues además de desfondar los bolsillos de quienes producen y generan riqueza, limita libertades y derechos como la propiedad privada con tal de beneficiar a hordas de flojos y delincuentes. De ganar la presidencia, un gobierno encabezado por Salinas Pliego ofrecerá disminuir la burocracia, como la ha hecho Milei, reducirá el reparto de recursos que benefician a millones en perjuicio de unos cuantos que con su trabajo sostienen al país, como lo ha implementado Trump, y combatirá la corrupción y el contubernio de la clase gobernante con la delincuencia organizada, como ya anticipa De la Espriella. Narrativa, tono y discurso.

El personaje, su construcción y el contexto dan para pensar en que Ricardo Salinas Pliego estará en la boleta presidencial en 2030. Las condiciones de hoy parecen las ideales para que un empresario rebase no solo al gobierno y a los partidos, sino al sistema mismo. Pareciera que el tiempo que falta para ver y vivir esto es todavía mucho, pero en realidad, ya todo está en marcha. Día a día, los hechos nos confirmarán cada uno de los argumentos vertidos en esta serie de colaboraciones: Ricardo Salinas Pliego se enfila a convertirse en el candidato presidencial más competitivo de la oposición.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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