
La verdad ignoro muchas cosas sobre la tetlachihuiani*en el trono de Nicaragua.
No se si Rosario Murillo es una chamana o simplemente una dispensadora de toloache cuya embriagadora tisana ha hecho crecer el espíritu cesáreo del antiguo sandinista Daniel Ortega (ya por ahí comienza mal el asunto), hasta convertirlo hoy en la más grotesca versión de un enloquecido dictador de Nicaragua, un país crónicamente subdesarrollado cuya historia lo hace saltar –aternativamente— de la sartén al fuego y de regreso; de generación en generación y quizá por los siglos de los siglos.
Lo sabido de esta señora --cuyo sólo aspecto de largas uñas de colores, colguijes misteriosos, pulseras con turquesas, corales y quincalla; brazaletes contra el mal de ojo, la envidia y la insidia; el ojo de tigre, el pentagrama, la obsidiana y el ojo del venado siempre a la mano; los símbolos extravagantes, la mano fatimí; el maquillaje de tlapalería, la melena de vendaval, la mirada desorbitada-- ofrece mucho al susto, es su enorme capacidad para controlar el gobierno a través de un cargo fabricado especialmente por su marido para ella. Del gusto de Don Daniel mejor ni opinar en público.
Rosario Murillo ha sido designada de “co-presidenta” y desde ese cargo ha atizado primero y matizado después su propio invento expresado hace unos días por el dictador subyugado: suprimir las elecciones para impedir el acceso de la oposición al poder. A cualquier poder y a cualquier opositor.
Aquí una apostilla: no nos debería sorprender a los mexicanos el advenimiento del mundo mágico y supersticioso en Rivas, Estelí y Managua, cuando el inicio del gobierno anterior fue celebrado aquí con braseros, copal y limpias de chamanes en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, con el jefe de Estado de hinojos para ser investido –además de los poderes republicanos-- por el arcano de los originarios (y no de todos), mediante los efluvios mágicos de un palo rebosante de listones coloridos, símbolo actual de la Suprema Corte de Justicia. Bastón de mando, le llaman. Eso por no hablar de los ubicuos “Árboles de la vida” en las calles (Chayopalos); el célebre “Congreso Latinoamericano de brujería, parapsicología y medicina popular” o la Secretaría Nacional para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, la Luna y otros Cuerpos Celestes.
De superchería a superchería, pues ahí nos vamos con la sabiduría rudimentaria y originaria sin evolución. A lo mejor se debe a aquello dicho por Pauwels en “El retorno de los brujos”:
“…La física, la biología, las matemáticas, en su extremo último, vuelven hoy a manejar ciertos datos del esoterismo, resucitar ciertas visiones del cosmos; relaciones de la energía y la materia, que son visiones ancestrales. Las ciencias de hoy, si las abordamos sin conformismo científico, dialogan con los antiguos magos, alquimistas, taumaturgos…” Muy buena la mamila.
Pero volvamos a Managua.
Ahora doña Rosario ha dicho:
«…La historia de nuestros procesos electorales que aquí fueron fraguados, diseñados, dirigidos, orientados por los Estados Unidos, ese es el tipo de elecciones que no volverán jamás a Nicaragua (…) Elecciones sí, pero elecciones propias, y cuando decimos propias son de nuestro pueblo bendito, diseñadas, organizadas desde nuestra soberanía nacional». Como las encuestas y consultas de Morena.
Pero más allá de este episodio y del falso argumento con el cual se quiere disminuir la condena de algunos países donde todavía se toman en serio las extravagancias de naciones como esa, el verdadero drama está en la estructura sobre la cual se pueden hacer esas cosas.
La nueva edificación consiste en demoler las instituciones y sustituirlas por las interpretaciones.
Y en eso también hay semejanzas cuando se le otorgan poderes al invisible pueblo y se reduce la ley a forma narrativa. No me vengan con el cuento de que la ley es la ley. Por ahí no se empieza, se continúa.
Y se extiende cuando se conmina al subordinado a aplicar el sentido común en lugar de la normatividad vigente, como se vió hace unos días en Quintana Roo.
En Nicaragua –dice un observador tenaz (Aznarez)-- , “…un pelotón de amanuenses desplegado en los poderes del Estado sirve a sus señores destruyendo el universo de las libertades con leyes amedrentadoras, suficientemente imprecisas como para amnistiar a pistoleros encapuchados y criminalizar a la oposición cuando convenga de aquí a las generales del 7 de noviembre (ahora fenecidas):
“…La Ley de Regulación de Agentes Extranjeros; la Ley Especial de Ciberdelitos, trituradora de la libertad de expresión; la reforma del Artículo 37 de la Constitución; o la Ley de Defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y autodeterminación para la paz, que incorpora la cadena perpetua.
“Todas consagran las trampas semánticas necesarias para inhabilitar y encarcelar con cargos de golpismo y traición a la patria…”
Y cuando no, se llega a un extremo grotesco: desterrar y despojar a alguien de su nacionalidad, como si ésta fuera concesión burocrática y no derecho de nacimiento, como se hizo con Gioconda o Sergio Ramírez.
Hoy no es de extrañar el silencio complicitario y solidario de la izquierda mexicana (siempre taimada y ladina) frente al nuevo atropello anunciado.
A fin de cuentas Mesoamérica nos resulta fácil de comprender porque somos parte de ella. No hay sorpresa alguna en la hechicería y la concentración del poder, en un país donde el “apóstol de la democracia”, Don Panchito Madero, conversaba en rueda de ilusos con los espíritus y los convocaba para esto o para aquello, hasta antes de ser asesinado por descreídos traidores.
Tampoco nos debería parecer ajeno si recordamos al fundador de la mayor institución política de la historia (PNR) y generador de la Guerra Cristera, Plutarco Elías Calles, de visita a Espinazo, Sonora, para atenderse con el “Niño Fidencio” en espera de una sanación milagrosa, mucho menos si evocamos a la ilusa ex esposa de un presidente descendiente de Quetzalcóatl y Pepsicóatl, decía Fuentes) fascinada y seducida por un vivales que doblaba metales con el poder de su mirada.
En un lúcido análisis sobre los componentes estrictamente políticos del asunto, Yaritzha Mairena en el diario “La Prensa”, una indiscutible voz democrática desde los tiempos de Chamorro, advierte:
“…La supervivencia de estos regímenes (el sandinista totalitario sostenido por Ortega-Murillo y su modelo el cubano castrista) está vinculada con la capacidad para destruir centros independientes de poder, cohesionar a las élites gobernantes y construir aparatos coercitivos fuertes y leales.
“En ese sentido Levitsky y Way (2022) sostienen que las dictaduras surgidas de procesos revolucionarios han demostrado ser “extraordinariamente duraderas”.
PERIODISMO FATAL
En lo que va de la administración de la señora presidenta CSP (con A), ya se registran 18 crímenes mortales de periodistas; el hallazgo del cuerpo de un colega desaparecido desde 2019 y la desaparición forzada de otro, según informan la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex); el Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo (Conalipe) y la Federación Latinoamericana de Periodistas, (Felap-México). agrupaciones gremiales.
De 2000 a la fecha, (en relación directa e indirecta con los medios de comunicación) han ocurrido 345 asesinatos. Doscientos 87 periodistas; 9 locutores; 16 trabajadores de la prensa; 16 familiares y 12 amigos de comunicadores; 2 civiles, y 3 escoltas.
“En consecuencia, de 1983 a 2026 --de acuerdo con el Monitoreo Permanente de los Asesinatos y Desapariciones Forzadas de Periodistas--, suman 411 asesinatos, de los cuales han sido víctimas: 349 periodistas; 9 locutores; 16 trabajadores de prensa; 19 familiares y 13 amigos de comunicadores; 2 civiles, y 3 escoltas.
Estas cifras exhiben una vez más la muy alta peligrosidad para el ejercicio profesional, ante cualquier otra nación del mundo.
Sólo como un dato comparativo:
“Desde el 24 de febrero de 2022, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha documentado casi 150 casos de periodistas víctimas de la violencia rusa, basándose en la información obtenida con el apoyo de su socio ucraniano, Institute of Mass Information (IMI). El año 2024 ha estado marcado por la muerte de dos reporteros, mientras 18 siguen detenidos…”
En una guerra declarada entre dos países se reportan dos asesinatos en dos años. Aquí, en ese lapso, dieciocho.
La frecuencia demuestra la insoportable impunidad y el desapego del gobierno para la prevención o castigo a quien cometa estos crímenes. Con el condenable asesinato de Francisco Alejandro Leyva Aguilar, en Oaxaca (en esta semana) , crece el alarmante y doloroso recuento de agresiones letales contra las libertades de prensa y expresión en nuestro país.
Y no ocurre nada desde la cima del poder más allá de rutinarias expresiones de investigar sin investigar.
*Tetlachihuiani, bruja mala.