Opinión

La inteligencia artificial y la sociedad por venir

Technology meets humanity background, modern remake of The Creation of Adam
Inteligencia artificial y educación (rawpixel.com / Fluke/rawpixel.com / Fluke)

Recientemente, Sam Altman, Director Ejecutivo de OpenAI, señaló en una entrevista que, dados distintos acontecimientos que se han presentado en torno a la inteligencia artificial, quizá sea momento para que las empresas desarrolladoras de estos modelos y tecnologías hagan una pausa “para dar tiempo suficiente a la sociedad a hacer frente a estas nuevas capacidades”. Altman es uno de los principales personajes en el desarrollo de inteligencia artificial, por lo que una declaración de esta naturaleza no es cosa menor y debe de entenderse en su justa dimensión: el padre de la tecnología que ha marcado a la sociedad mundial de nuestros tiempos sugiere ralentizar su desarrollo para que las personas tengan la posibilidad de hacer frente a las implicaciones y consecuencias que esta ha tomado en la vida cotidiana de prácticamente toda la humanidad.

La declaración de Altman trasciende los aspectos tecnológicos para colocarse en consideraciones humanas y éticas. El origen de esto radica en el señalamiento del fundador de ChatGPT en el sentido de que estaríamos alcanzando el punto singularidad tecnológica, un acontecimiento que hasta ahora se consideraba hipotético y que implica una evolución prácticamente exponencial e incontrolable de la propia tecnología hasta alterar a la sociedad como hasta ahora la conocemos. ¿Qué será aquello que está viendo quien ha dedicado toda su vida profesional a desarrollar aplicaciones y softwares relacionados con inteligencia artificial? La respuesta lógica pudiera limitarse a pensar que la advertencia tiene que ver con la vulneración que recientemente sufrieron los sistemas de OpenAI, pero en cualquier caso la reflexión tiene que invitar a explorar con mayor profundidad lo que de fondo está provocando una advertencia de esta naturaleza.

Quizá habría que mirar hacia los pilares sobre los que se ha construido la civilización para comprender los riesgos que implica una evolución infinita de la tecnología. ¿Estamos preparados para enfrentar un mundo en el que la inteligencia artificial fije los parámetros a partir de los cuáles queremos entendernos como sociedad? De ser así, ¿cómo entenderemos los límites que los valores y principios éticos fijan hoy en aspectos como la equidad, la justicia, la honestidad o la verdad? El planteamiento va más allá de suposiciones propias de la ciencia ficción y tiene más que ver con el comportamiento cotidiano de los individuos y su relación con el resto de las personas para la conformación de sociedades. ¿Será que estamos listos para enfrentar lo que pudiera venir si no detenemos ese avance conceptualizado como singularidad?

Muchos elementos hacen suponer que requerimos prepararnos para lo que está por venir. No solo las empresas de tecnología, sino los centros educativos, los filósofos, los líderes religiosos, los políticos, los medios de comunicación; pero también los estudiantes, las personas dedicadas al hogar, los jóvenes y las personas mayores. ¿Qué mundo podemos concebir si de un plumazo tecnológico se borra el sentido de los valores a partir de los cuáles y a lo largo de siglos se ha construido la sociedad? ¿Cómo debemos concebir una nueva forma cultura en la que sus distintas expresiones y manifestaciones radiquen en la perfección de un algoritmo? La verdad es que no estamos preparados para nada de esto y pareciera que no estamos haciendo nada para lograrlo. Quizá sea momento para que desde distintos ámbitos y a partir de las voz de diversos actores, se genere una convocatoria para reflexionar sobre la ética y los valores en la era de la inteligencia artificial.

Como sociedad, necesitamos definir el destino al que queremos llegar en los próximos años y distintas rutas a partir de las cuales podemos alanzarla. De igual forma, debemos fijar límites y parámetro que no estamos dispuestos a cruzar y que, si bien pueden considerar cierta flexibilidad, deben establecerse como directrices que normen nuestra conducta y nos permitan preservar mucho de lo bueno que hemos alcanzado. La definición no radica en la inteligencia artificial como parte del avance tecnológico o incluso en la singularidad que Altman señala que se ha alcanzado, sino en nuestros valores y principios y lo que concebimos como irreductibles de la civilización en nuestros tiempos y hacia los años por venir. Estamos a tiempo, pero en el límite, para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre ello. Estamos a tiempo de, con responsabilidad y convicción, asumir decisiones que nos coloquen en un mejor lugar del que ahora ocupamos. No obstante, el tiempo no espera y avanza con cada segundo que pasa. No podemos postergar la definición.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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