
Lenia Batres, viajera frecuente de esta sección, vivió nuevos episodios en su papel de “ministra del pueblo”. Sus pares en la Corte debieron corregirle continuamente la plana por la poca pericia con la que maneja las sesiones cuando, por ausencia de Hugo Aguilar, asume la presidencia de este Poder.
Lenia pidió votar antes de que los ministros argumentaran sus posturas, algo sencillamente impensable para los integrantes de la Suprema Corte y más cuando había posiciones en contra del proyecto que se les presentó.
“Antes de votar, quisiera hacer las consideraciones y escuchar las de los demás ministros y ministras”, se escuchó en la sala, lo que se puede traducir así: “Lenia, ¿y si nos dejas actuar conforme a lo que dice la Ley Orgánica del Poder Judicial?”.
La poca destreza para manejar el pleno provocó el miércoles que Loretta Ortiz, Sara Irene Herrerías e Irving Espinosa Betanzo tuvieran que pedir de emergencia la palabra, señalando a Batres que atendiera acotaciones para que la sesión no perdiera rumbo.
Y pronto, en unos meses, será la presidenta de la Corte.
Y Hugo regresa
La diferencia en el manejo del pleno quedó constatado este jueves, cuando un agrupamiento de expedientes y votaciones fue dirigido por Hugo Aguilar, ya de regreso, sin ninguna dificultad. Aun cuando varios ministros definieron posturas particulares, la votación fluyó: los votos particulares o concurrentes se añadieron al expediente y la argumentación de los ministros se dio oportunamente en cada caso.
Incluso Lenia Batres resultó bien atendida cuando solicitó que se le excusara de participar en uno de esos expedientes que se votaron agrupadamente. Batres pidió no participar porque se trataba de un señalamiento en su contra (de aquella vez que intervino en el pleno apoyando acciones de su hermano cuando éste era jefe de Gobierno).
La votación al respecto se realizó conforme a las normas de la Corte y quedó todo en orden.
Lenia sí gozó de una sesión ordenada y alineada, algo que no pasa cuando ella dirige.
Va la relación con EU, pese a todo
El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, resumió muy bien el significado de la reunión entre el secretario de Estado Marco Rubio y el canciller mexicano Roberto Velasco. Aunque, previsiblemente, la postura inicial de Rubio fue la de siempre, “necesitamos seguridad fronteriza y acabar con el tráfico de drogas...”, lo cierto es que en el encuentro, el primero en el que formalmente se abordan temas bilaterales, los acuerdos apuntan a la cooperación tal y como señaló Johnson.
Desde que Velasco asumió la titularidad de Relaciones Exteriores, la coordinación entre ambos gobiernos en materia de seguridad, algo que Johnson también destacó, ha sido claramente el factor dominante.
A pesar de todo y de los vaivenes de discurso público de Trump, a los que de hecho ya nos acostumbramos, la relación bilateral va y está siendo atendida.
La pieza suelta
Siempre es recomendable guardar las cartas para futuras relecturas. Y la del senador “independiente” Inzunza es de esas que vale la pena ir leyendo al paso de los meses.
Por ahora, dos puntos muestran que los lazos rotos tendrán difícil solución en el lazo gobernante; por un lado, la idea de que la soberanía de la nación no puede esgrimirse como un bien superior que debe colocarse por encima de individuos y partidos. Si se le pedía el sacrificio, es claro que, al igual que la salida del escaño, ya no encuentra razones para hacerlo.
Y la muy comentada referencia a que todo embate del exterior se dirige a AMLO, deja claro también la ruptura de lazos.
Por cierto, al legislador y “jurista de formación” se le olvidó que no hay senadores independientes, sino sin partido, en las normas mexicanas. Y sí, la expresión “sin partido” viene mucho más a cuento.