
El informe presidencial, cuya naturaleza –teóricamente--, consiste en describir el estado de la administración pública, las intenciones, los logros y la preparación del nuevo año fiscal y del gasto --por eso queda tan cerca la publicación de los criterios económicos para formular el presupuesto siguiente—hace mucho dejó de ser una radiografía nacional para convertirse en un autorretrato presidencial.
Eso fue lo de anteayer: una “superselfie” de complaciente Photoshop y en cierto modo intrascendente si se le toma como guía para la comprensión de la obra de gobierno. Su parte más atractiva no tiene ninguna relación con el país. Tiene que ver con el paisaje en torno del autorretrato, del cual cuidadosamente se quiso borrar, sin necesidad alguna excepto acallar las murmuraciones (haciéndolas crecer; pero cada quien), sobre la dualidad del poder y las tensiones divisivas dentro del partido dominante cuyos conflictos intestinos saltan a la vista, pero poco importan al conjunto nacional. El informe sobre la Nación no debería comprender el elogio de la unidad partidaria.
Lo primero no se hace y lo otro se maquilla. Un petardo en la gran panorámica del éxito de la patria. Como habría dicho otro: vamos requetebién.
nunca por encima de su manifiesta incapacidad en casi todos los campos.
En otro texto sobre un lugar de maravillas, Lewis Carrol escribió:
— ¿Qué sabes tú de este asunto? —le dijo el Rey a Alicia.
— Nada —dijo Alicia.
--¿Nada de nada? —insistió el Rey.
— Nada de nada —dijo Alicia.
— Esto es algo realmente trascendente —dijo el Rey, dirigiéndose al jurado. Y los miembros del jurado estaban empezando a anotar esto en sus pizarras, cuando intervino a toda prisa el Conejo Blanco:
— Naturalmente, Su Majestad ha querido decir intrascendente, dijo en tono muy respetuoso, pero frunciendo el ceño y haciéndole signos de inteligencia al Rey mientras hablaba.
--Intrascendente es lo que he querido decir, naturalmente —se apresuró a decir el Rey. Y empezó a mascullar para sí:
--«Trascendente... intrascendente... trascendente... intrascendente...», como si estuviera intentando decidir qué palabra sonaba mejor. Parte del jurado escribió «trascendente», y otra parte escribió «intrascendente». Alicia pudo verlo, pues estaba lo suficiente cerca de los miembros del jurado para leer sus pizarras. Pero esto no tiene la menor importancia», se dijo para sí...”
Obviamente Lewis Carrol quien además de su afición por retratar jovencitas desnudas y hacer infinitos cálculos logarítmicos y matemáticos, vivía en un mundo absurdo y por tanto maravilloso.
Pero no les llegaba a los mexicanos ni a las suelas.
El diálogo sobre el significado de algol o el conocimiento de una materia me recordó la más reciente aportación de la consejera jurídica presidencial (ahí nomás pa’l gasto) Luisa Alcalde quien jamás supo explicar algo tan sencillo como si un procesado tiene o no derechos políticos o si los ha perdido o tal no sucederá hasta su sentencia o si los pierde en el camino también por estar ausente del país denunciado como prófugo. Obviamente la pregunta en la mañanera del pasado 27 tenía como razón, el caso de Cabeza de Vaca y la doble nacionalidad y todo lo demás.
No respondido nada de nada, como hubiera dicho Alicia.
Esta transcripción no proviene de una versión mecanográfica de La Tremenda Corte. Es parte de la página de la presidencia de la República donde se asientan los vaciados estenográficos de uno de los programas de TV más vistos en el mundo mundial, dice Malú Micher.
--presidenta, justo de este tema: ayer, Cabeza de Vaca anunció su aspiración para competir por la Presidencia. ¿Esta iniciativa le cerraría las puertas en definitiva?
Y también comentarle, él tiene un…
--Está muy difícil ser candidata o candidato y lanzar tu candidatura desde otro país ¿no? Ya nada más eso. Imagínense.
--También preguntarle: él tiene problemas legales respecto a denuncias. ¿Eso también es un impedimento? ¿Y no sería suficiente eso…?
-- Sí, pero eso es impedimento… No sé si quieran comentar eso: si una persona tiene una orden de aprehensión emitida por un juez, ¿puede ser candidato?
Arturo Zaldívar, coordinador de Política y Gobierno murmura una respuesta no audible e imposible en la versión...}
—¿Sí puede ser candidato? Insiste la señora presidenta (con A).
—Legalmente, sí—. Dice el hermano Lelo de Larrea (Zaldívar).
--Aunque tenga una orden de aprehensión de un juez?
—Legalmente, sí, contesta el ex ministro.
--¿Estamos seguros de eso?, pregunta la Ejecutiva.
Otra vez ZLL resulta (Inaudible).
-- ¿Sí es un impedimento? (ya en tono medio de molestia, medio de pena ajena, como sinodal(a)art (con A) con enfado. A ver, vamos a buscar el artículo donde dice que... Porque cuando vino… Les voy a decir por qué tengo mi duda: cuando el presidente López Obrador era jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Fox —ayer lo platicábamos— le inventa un delito con el objetivo de que no pueda inscribirse a la Presidencia de la República como candidato.
Aquí ya interviene la consejera en tono histórico: Le quitan el fuero—.
--No solo le quitan el fuero (le enmienda CSP), sino que el problema era que, teniendo un delito, siendo responsable de un delito, no podía inscribirse como candidato. Por eso me entró la duda ahora que lo dijeron.
—Bueno, a ver si buscamos el artículo ahorita, en este momento. ¿Sale?, va.
--Sale, dijo el otro.
Mientras tanto la Consejera Jurídica no atina a una respuesta contundente. Se pide consultar los tomos del Código Penal, del canon electoral, de la Constitución y hasta el Código de Hammurabi. Y al día siguiente Lelo de Larrea regresa para explicar un día después, lo que no pudo sustentar un día antes.
Como diría Taylor Swift (con la devoción hasta de algún chavo-ruco) “T’is locked inside my memory and only you possess the key” Pues posea la llave o no de códigos y leyes, doña Luisa hizo un discreto mutis.
Pero todo queda cubierto. La 4-T no abandona a sus hijos e hijas predilectos, predilectas y predilectes si algunos tuviera. Nada importan el error, la omisión o la pifia. Mejor canta Rosalía.
“...Promete que me protegerás A mí y a mi nombre en mi ausencia...”
A fin de cuentas, esto es casi el paraíso, algo así como el París del Tío Ernesto, una fiesta...
O una pachanga.