Opinión

Postconstitucionalismo

Donald Trump

La Constitución moderna fue el gran invento de la Ilustración. Un documento que, como afirma el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, garantiza los derechos y la separación de poderes.

La Constitución fue el último clavo en el ataúd del feudalismo. Y quién dio el martillazo fue la burguesía.

Pero esos derechos individuales se pensaban frente al poder político, y la división del poder se refería también a ese mismo. Sin duda un gran avance en el siglo XVIII, pero hoy sabemos que resulta insuficiente.

En nuestro tiempo los derechos cuentan con una dimensión colectiva, e incluso ya no se predican solo de las personas, y sabemos que, además del político, existen otros poderes con mayor fuerza, como el mediático, el económico y el tecnofeudal.

La Constitución se ha tenido que transformar para atender esos nuevos retos. Pero no es suficiente.

No propongo la desaparición de este gran invento de la mente humana. Las constituciones desde luego deben seguir existiendo; es nuestro pensamiento constitucional el que debe cambiar, estamos obligados a pensar en el futuro y hacer evolucionar el invento constitucional. A eso me refiero con la palabra postconstitucionalismo.

El reto fundamental es el nuevo gran poder: el tecnofeudalismo, al que le he dedicado varias columnas.

Este nuevo fenómeno implica que son unas pocas manos las que concentran la riqueza que deriva de toda la información que miles de millones de personas les regalamos por medio de las redes sociales y aplicaciones. Además, controlan las nuevas plazas públicas digitales, que administran bajo criterios comerciales; también son propietarias de los macro portales en los que se compra y vende en todo el mundo todos los días.

¿Quieres saber quiénes son? Busca a los potentados que asistieron a la segunda toma de protesta del presidente Trump.

Esta nueva élite, que ha desplazado las antiguas élites bancaria e industrial, tiene un impacto mundial que implica un cambio económico, social y político solo comparable con la Revolución Industrial. Como ya lo platicamos en otras columnas desciudadaniza y convierte los derechos humanos en información mercantilizada.

Ese es el gran reto del postconstitucionalismo. La revitalización de ese gran instrumento de control, moderación y orientación del poder, para enfrentar este fenómeno mundial.

Y si crees que me estoy inventando el reto y sus dimensiones, solo basta con que le des una ojeada a la encíclica Magnífica Humanitas, del Papa León XIV.

Para resolver este problema, el postconstitucionalismo debe encontrar la manera de fortalecer al Estado y al poder político. El reto no es fácil, porque el ADN constitucionalista va en sentido contrario, más bien, postula el debilitamiento del poder político para evitar el regreso del absolutismo (tenga la ideología que sea)

Por otro lado, implica robustecer los mecanismos internacionales de cooperación para modular el monstruo tecnofeudal. Aquí mucho hay que voltear a ver un reciente discurso del Presidente Xi Jinping que en un encuentro internacional de IA llamó a la acción coordinada y solidaria de los Estados.

Si la Constitución nació para controlar al poder político, hoy el postconstitucional ismo deberá contener y reorientar al poder tecnofeudal.

¡Vamos! todas y todos sumemos nuestras inteligencias humanas para dar este paso gigantesco y necesario.

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