
Quizá como un recurso para “jalar” el aplauso (lo hacían en los programas de la antigua televisión), la presidenta (con A) CSP, en su segundo mensaje paralelo (para leerlo) a su informe constitucional, terminó una parrafada relativa a las relaciones exteriores con un sonoro y coreado “Viva México”. Si no fue un recurso para estimular la atención de sus invitados, quizá haya sido un ensayo del grito del 15.
Pero como haya sido la arenga patriótica tiene sus “asegunes” porque se produce en medio de dos actitudes contradictorias. Una es la sobrevaloración del concepto colaboración. La otra la queja ya varias veces repetidas por las intromisiones o intenciones de la DEA.
Si esta agencia sostiene contra México un doble discurso pernicioso (alaba a García Harfusch y censura a la jefa suya y del Estado); si pretende dividir al gobierno mexicano lo cual ya no es una percepción sino una acusación más allá del discurso cotidiano, resulta imposible separar este juicio de la intención general del gobierno al cual pertenece Mr. Cole quien –dicho sea de paso—no hace sino repetir las palabras de su líder político, Mr. Trump con quien se tienen tan buenas relaciones como para fatigar las líneas telefónicas hasta en 17 ocasiones.
La tradición diplomática de los Estados Unidos siempre se ha definido como la política del palo y la zanahoria. Se basa en aquella práctica legendaria de los granjeros quienes para hacer andar a una mula le podían frente a los ojos una verdura. Cuando creía tenerla al alcance, movía las patas para lograrla. Cuando se ponía rejega, le entraban a garrotazos.
Un poco eso hacen hoy con nosotros, pero nosotros también hemos aprendido a hacerlo. La doble responsabilidad, la colaboración, la cooperación, el palco en el Mundial de Fútbol, el traslado de los delincuentes a quienes ni siquiera presos podemos controlar; las concesiones al espionaje, la debilidad en la interlocución, equivalen a nuestra zanahoria. Quizá un xoconoxtle.
Y cuando nos queremos quejar, entonces la emprendemos contra la DEA.
Esta organización, como la CIA y otras, es inmune a la crítica porque decenas de sus operaciones son ilegales, clandestinas e impunes, sin nadie para describir dónde empieza una cosa y acaba la otra. Tienen duro el cuero y no les importa lo que digan de ella.
Y si alguien la pone en riesgo --con hechos, no con palabras, como ocurrió con el Caso Camarena y otros--, lo perseguirán hasta el fin del mundo con funestas consecuencias. Y si las cosas salen bien (para ellos), pues hasta un trofeo aeronáutico se exhibirá en un aeropuerto fronterizo tal como vimos con la avioneta en que secuestraron a Zambada.
Y México sin poder hacer nada. Nomás hablar.
Por una parte, el gobierno bendice la colaboración y por la otra maldice o al menos se queja de aquellos con quienes colabora porque la DEA, la CIA y la AFT y hasta el ICE y otras veinte por lo menos, son entidades del gobierno de los Estados Unidos con quienes en un grado mayor o menor se mantienen nexos de trabajo (y responsabilidad) compartido, pero no por decisión o conveniencia nuestra, sino por presión de ellos.
Si la DEA es todo lo perversa e intervencionista que el gobierno dice (es mucho más), ¿por qué entonces nuestro señor secretario de Seguridad acudió a Buenos Aires a exhibir los resultados de su gestión (como si al mundo le interesaran); recibir palmadas en la escapula por parte del señor Cole, y al regresar a México escuchar el discurso mañanero con la denuncia del doble discurso americano? Cosas del Xoconoxtle y el bastón de mando. Garrote y zanahoria.
“Y la verdad es que, fuera de algunas declaraciones de algunas agencias o personas, en general… Que muy influidas también por sus elecciones en noviembre o por una visión de que pueden decidir sobre México (dijo CSP), fuera de ello, que es más declarativo, en general, las relaciones son de respeto mutuo. Y así queremos que siga siendo...”
En este (doble) sentido se debe registrar lo otro:
“Dividirnos internamente es una de sus estrategias. No de ahora, de siempre. Generar divisiones al interior del gabinete de seguridad, generar divisiones al interior del gabinete federal. Son tácticas que usan ellos, de injerencia... Piensan que por hablar bien de uno y mal de otros van a generar división, pero fracasan en eso porque hay mucha coordinación y mucho patriotismo de todos en la defensa de México... Se topan con pared”.
En este sentido también se debe recordar el trabajo “preventivo”. Lo hizo la consejera Alcalde:
“... Se prohibió la transmisión de propaganda política de gobiernos extranjeros en radio y televisión y se prohibió la intervención extranjera estableciendo la nulidad de elecciones en el caso de comprobarse injerencia... Hay que actuar con mucha razón, con principios y con razón, no con el estómago o el corazón, porque hay que tener temple en esos momentos...”
Todo esto forma parte de un pensamiento continental anti intervencionista. O como le quieran llamar. Al menos eso piensa uno cuando lee las declaraciones de Gustavo Petro quien ahora se ha convertido en conferencista (cuando no anda Petro) como les sucede a los presidentes fuera del poder:
“...vivimos en un caparazón planetario, es la matriz de la mentira, se actúa como en Matrix, como en la película (ahí te hablan, Vilchis) . De pronto usted encuentra una granja de bots, no es de seres humanos, son perfiles que automáticamente reaccionan ante cualquier líder latinoamericano porque quieren degradar la discusión política y llevarla al insulto, por eso le llamo la matriz de la mentira. En ese caparazón de falsedad algunas partes se escapan porque son fuertes como Estados, pero la intención de esa matrix es esclavizar al ser humano y no se trata solamente de una cadena física, sino mental, esclavizar al ser humano para permitir la explotación de los recursos naturales no renovables por ejemplo... se requieren matemáticas, porque es un ataque matemático, algorítmico, tanto en los bots para manipular seres humanos como las propias elecciones en los resultados finales”.
Este caballero les debe haber avisado a quienes en el 2006 se quejaron del fraude y el algoritmo en manos de un cuñado de Felipe Calderón.
“Vivimos un totalitarismo mil veces superior al que pudo crear Hitler, eso es lo que estamos enfrentando... pues no hay más que un hiper-fascismo, control policial, misiles, genocidio, puede ser el holocausto humano y la barbarie para ponerle un nombre (me doy) ”.
Yo le iba a seguir con la lectura, pero se me reventó al barzón: Petro anda “Petro” como nunca antes.
TRAICIÓN
Alfonso Durazo, cuya trayectoria política es un sembradío de traiciones e ingratitud, interviene –no como gobernador de Sonora, sino como militante y consejero nacional de Morena—para agredir –como pitbull bien entrenado-- a Luis Donaldo Colosio Riojas cuyo único pecado (como integrante de la oposición legal, con fuero parlamentario, es haber expresado en la apertura del Congreso de la República una posición crítica hacia el gobierno actual,
Durazo ladra mucho y muerde mal:
“...Mi respeto a su derecho a expresar la valoración que estime pertinente sobre el gobierno de la República, pero carece de la autoridad moral imprescindible para criticar eventuales deficiencias del gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum.”
--Quien determina la autoridad moral? Él, cuya salacidad lo muestra impresentable. Traidor una vez, traidor siempre.
Desde la filtración de papeles comprometedores del archivo del candidato asesinado, hasta su traición a Vicente, Durazo ha engañado y mentido a quienes le han querido creer. Hoy –como porro--, golpea a quien no se ha metido con él.
“...En ocasiones por el enorme afecto que le tengo, me he reservado expresar una opinión sobre su vida pública...”, dice el mendaz de alquiler.
Miente. El afecto implica también el respeto. E insultar a alguien por su poca calidad moral o su juventud para anular un señalamiento político desde la política, no es opinar sobre su vida pública sino sobre su persona. Un ataque “ad hominem”.
Y en eso de la ética, sale perdiendo. No junto al joven Colosio. Junto a cualquiera.