Opinión

Brasil, ¿el irresistible retorno de la derecha?

flávio-bolsonaro-2026
Elecciones en Brasil Flávio Bolsonaro, ganó la primera vuelta de las elecciones y acerca el regreso al poder de la ultraderecha en Brasil, sí se impone de nuevo a Lula el 25 de octubre (Antonio Lacerda / Isaac Fontana/EFE)

Los resultados de la primera vuelta electoral en Brasil dejan la sensación de que el derechista Flavio Bolsonaro tiene altas probabilidades de derrotar al líder histórico del PT, y actual presidente, Luiz Inázio Lula da Silva, con lo que se consolidaría un gran vuelco político en casi todos los países de América del Sur.

Bolsonaro superó a Lula por dos puntos porcentuales en la votación válida. 47% a 45%. Equivalen a poco más de dos millones de electores. Para prever qué sucederá en la segunda y definitiva vuelta, a realizarse el próximo 25 de octubre, conviene ver, primero, por donde se decantarían los votos, equivalentes al 8% del total, que fueron a parar a candidatos menores.

Para ello, partimos de un supuesto elemental: ese 8% de votantes no se identifica ni con el PT ni con el bolsonarismo. En una elección que era claramente entre dos bandos, votar por una tercera opción es una forma de rechazo a ambos. Esto nos regresa a una idea muy extendida respecto al sistema de elección a dos vueltas: en la primera, votas por quien tú más quisieras que ganara; en la segunda, votas en contra de quien no quieres que gane. La primera tiene una carga positiva y la segunda, una negativa. A los votantes de los partidos minoritarios hay que agregarle una cantidad nada despreciable de votos nulos: casi 6 millones de brasileños expresaron así su rechazo al sistema.

De los tres partidos minoritarios que obtuvieron una votación relevante, uno es socialdemócrata, pero claramente anti-Lula y otro es libertario, abiertamente contrario a las izquierdas: cada uno aportó aproximadamente 2% de los votos válidos. El tercer partido, Avante, se autoproclama de centro, siendo una escisión del PT, y obtuvo cerca del 3%. Lula necesitaría, para derrotar a Bolsonaro, que tanto socialdemócratas como seguidores de Avante votaran por él. No se ve sencillo, sobre todo por el lado del PSD. Los libertarios irán casi automáticamente del lado de Bolsonaro. La pregunta es, también, qué tantos de estos electores anularán, y qué pasará con quienes anularon su voto en la primera vuelta.

En cualquier caso, tenemos ante nosotros un país casi totalmente polarizado en el que, paradójicamente, el fiel de la balanza para decidir el rumbo a futuro, son los ciudadanos que no forman parte directa de esa polarización. Los más o menos moderados y los desencantados.

En las elecciones legislativas, el bloque de centroderecha y derecha reforzó notablemente su dominio en el parlamento. Eso significa que, si Lula gana el balotaje, tendrá una relación mucho más tensa y compleja con su Congreso que la que podría tener Bolsonaro.

Y, viendo las cosas a vuelo de pájaro, uno que debe estar muy contento con los resultados es Donald Trump. Un movimiento electoral porcentualmente no muy relevante (son 4 puntos porcentuales de diferencia respecto a 2022) se traduce en una ventaja relevante, aunque todavía no irremontable, para uno de sus simpatizantes más ardientes.

Todo esto, a pesar de que el padre del candidato de la derecha, el expresidente Jair Bolsonaro, fue declarado inelegible hasta 2030 por abuso de poder político y uso indebido de los medios de comunicación, después de atacar el sistema electoral brasileño en una reunión con embajadores extranjeros. También fue condenado a 27 años de prisión por su participación en el complot de golpe de Estado de 2022-2023.

¿Qué fue lo que erosionó la popularidad de Lula y pone en serio peligro la continuidad en el gobierno del PT? ¿Es el ascenso de la ultraderecha irresistible? Podemos apuntar algunas cosas: cuando las sociedades están escindidas prácticamente a mitades, la tentación de profundizar esa escisión, en la esperanza de quedarse con “la mitad más grande”, impide acuerdos sobre cosas importantes y, sobre todo, crea un ambiente de tensión política constante que suele causar malestar entre la población. Cuando hay un divorcio entre los resultados cacareados y la realidad la cotidiana de la población, sea en temas como la economía, el combate a la corrupción o la violencia, la disonancia suele pegar más al gobierno en turno. Finalmente está el concepto del líder imprescindible, que termina por cansar a muchos. La impresión de que nadie más tiene posibilidades de derrotar al adversario acaba siendo contraproducente.

El problema para los brasileños es que un eventual gobierno de Flavio Bolsonaro no sólo erosionará, a su manera, la democracia y los derechos humanos, sino que atacará directamente el bienestar de las clases menos favorecidas. Si lo eligen -segunda vuelta, donde el voto es contra no quieres que gane- será muestra de que el hartazgo funciona hasta contra la izquierda racional, cuando ésta insiste en las mismas fórmulas, rehúye la autocrítica y apuesta a la polarización, sólo porque todo eso le funcionó una vez.

Twitter: @franciscobaezr

Tendencias