Opinión

Por Oscar Daniel Sánchez Esquenazi

El polo que ya existe

Marcelo Ebrard. CIUDAD DE MÉXICO, 30AGOSTO2026.- Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía, durante la reunión plenaria del grupo parlamentario de Morena en el Senado, previa al inicio del nuevo periodo ordinario de sesiones. FOTO: CAMILA AYALA BENABIB/CUARTOSCURO.COM (Camila Ayala Benabib)

En abril, las empresas registradas en Naucalpan vendieron al extranjero 917 millones de dólares y compraron 852 millones. En un solo mes, las empresas de un municipio mexiquense movieron más de 1,700 millones de dólares en comercio exterior y cerraron con saldo a favor. Es la señal de que el poniente del Valle de México sigue siendo una de las zonas productivas más importantes del país, aunque casi nadie la mire así.

El Plan México recuperó una idea que hacía falta desde hace décadas: que el Estado vuelva a decidir dónde y cómo crece la industria. Su herramienta son los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar, con incentivos concretos hasta 2030 (deducción inmediata del 100 por ciento de la inversión en activos fijos nuevos y una deducción adicional del 25 por ciento en capacitación). El Estado de México ya tiene el suyo, en Nezahualcóyotl, y la decisión es correcta: llevar la inversión a donde vive la gente es el principio que da sentido a los polos.

Pero el mapa está incompleto. Según los Censos Económicos 2024 del INEGI, Naucalpan tiene apenas el 4.4 por ciento de los establecimientos del estado y genera el 9.9 por ciento de su valor agregado. Es el tercer municipio que más valor genera en la entidad, solo detrás de Toluca y Cuautitlán Izcalli. Con el 7.2 por ciento del personal ocupado, concentra el 9.7 por ciento de las remuneraciones. En Naucalpan se produce más por persona que en el promedio mexiquense.

Esa productividad tiene historia. Para 1975, Naucalpan ya era una de las ciudades más industrializadas de México. Alce Blanco, Atoto, La Perla, Tlatilco e Industrial Naucalpan no son proyectos en papel, son zonas industriales con naves, conexiones y medio siglo de oficio acumulado en su gente. Lo que el Plan México busca construir en otras regiones, aquí ya existe.

También hay señales de desgaste. Las industrias que más energía consumen (metales, vidrio, cemento) se fueron hace años. Entre 2018 y 2023, la rama de partes para vehículos automotores bajó de 4.5 a 3.6 por ciento del valor agregado del estado. Al mismo tiempo, la principal compra al extranjero de las empresas de Naucalpan en abril fueron partes y accesorios de vehículos: 107 millones de dólares en un mes. Compramos fuera lo que aquí sabemos fabricar.

Ahí está la oportunidad. Un segundo polo mexiquense, en el poniente, no tendría que empezar de cero. Podría ser un polo de reconversión: incentivos para modernizar las zonas existentes, atraer proveedores que sustituyan esas importaciones e integrar a la cadena automotriz a talleres y empresas locales que hoy compiten contra la pieza importada.

Nada de esto funciona sin red eléctrica. Zonas industriales de los años sesenta y setenta no pueden recibir la inversión del nearshoring con la infraestructura de entonces. Subestaciones, líneas y capacidad garantizada tienen que ser parte del paquete, no un pendiente para después.

El Plan México acierta al llevar desarrollo a donde nunca llegó. El paso siguiente es no dejar que se apague donde ya existe. Naucalpan no pide un polo por nostalgia, lo pide porque ya funciona como uno. El que camina Alce Blanco un martes en la mañana lo sabe: aquí se sigue trabajando. Falta que la política industrial camine con nosotros.

Tendencias