Opinión

Columna

Las 33 leyes del dinero | Primera ley: Conócete a ti mismo

El dinero y el poder se parecen. El dinero puede o no darte poder y el poder puede o no darte dinero. Ambos son hijos de la misma madre: la voluntad. El dinero nace del intercambio; el poder, de la capacidad de influir y controlar. El dinero es futuro y posibilidades. El poder es presente y control.

Adalberto Ortiz: Autor de Poderoso compañero es el dinero, Las luciérnagas (ambos en Océano) y siete títulos más. Cofundó el primer servicio de banca empresarial digital en México. Estudia y escribe sobre dinero, inclusión financiera y política. (Cortesía)

En 1519, el banquero Jakob Fugger ayudó a financiar la elección de Carlos V como emperador. Carlos ya era rey, pero quería ampliar su poder. Fugger tenía una fortuna y podía ponerla al servicio de esa voluntad. Uno buscaba una corona; el otro tenía los medios para ayudarlo a conseguirla. Hasta nuestros días esa relación no ha variado.

Fugger no se convirtió en emperador. Podía financiar el camino hacia el trono, pero no sentarse en él. Carlos V podía alcanzar la dignidad imperial, pero necesitaba dinero para hacerlo. El dinero permite intervenir en lo que todavía no sucede. El poder permite decidir sobre lo que sucede ahora.

Sin embargo, el banquero tampoco era un hombre sin poder. Su capacidad de prestar lo volvía necesario. Y quien se vuelve necesario puede influir, aunque no lleve una corona.

Alguien podría argumentar que, con el poder, el emperador decidiría crear más dinero. O que Fugger, con dinero, podría quitar al emperador y colocar a alguien más. Nunca sucede así, no al menos de forma duradera ni replicable, pues cada uno tiene su naturaleza y sigue las reglas de su propia lógica.

Se ha publicado mucho acerca del poder. Sin embargo, percibo que hay un vacío respecto al dinero. La economía y el dinero son conceptos distintos, de la misma forma en que no es lo mismo gobierno que poder.

En una entrevista, Robert Green, autor de Las 48 leyes del poder, confiesa: “Escribí el libro, básicamente, desde la posición de alguien que nunca había tenido realmente poder en este mundo”. Green no necesitaba ser poderoso, sino observador. Desde ese punto quiero abordar las leyes del dinero: sólo soy un observador con tiempo suficiente que ha podido darse algunos lujos extravagantes: cuidar de sus padres y hermanos y pasar el tiempo, nunca suficiente, entre las montañas y el sol de Tepoztlán.

Nace esta columna en la que cada semana compartiré una de las 33 leyes del dinero, que componen mi siguiente libro y que será el segundo en el universo de Poderoso compañero es el dinero.

Mi deseo no es que te obsesiones con tener mucho dinero, sino que el que tengas pueda serte lo más útil posible y que éste aumente, claro, sabiendo siempre para qué es.

PRIMERA LEY

Conócete a ti mismo. La regla fundamental del dinero no tiene que ver con el dinero. Debes conocerte a ti mismo y saber qué quieres y qué necesitas. Si no lo sabes, es poco probable que el dinero te llegue. Y si te llegara, es probable que el dinero te controle. La mayoría de los emprendedores, según la encuesta de Gallup en los Estados Unidos, arranca un negocio no por ambición económica pura, sino por libertad y calidad de vida. La gente quiere dinero, pero para pasar más tiempo con sus hijos, no trabajar en fines de semana o tener ocio.

Cuenta Plutarco que Alejandro Magno fue a visitar a Diógenes y lo encontró tomando el sol. Le preguntó si necesitaba algo. Diógenes le pidió que se apartara, porque le estaba tapando el sol. Frente a la posibilidad de pedir un favor al rey, el filósofo sabía qué quería. Diógenes no necesitó revisar lo que Alejandro podía ofrecerle para descubrir lo que le hacía falta. Primero estaba su necesidad; después, la oferta. Parece sencillo, pero muchas veces hacemos lo contrario. Vemos lo que podemos conseguir y entonces empezamos a desearlo, aunque antes no nos hiciera falta.

Puedes desear una casa, un negocio o más dinero. La pregunta es para qué. Si quieres dinero para disponer de tu tiempo, pero conseguirlo te ocupa la vida entera, conviene detenerte y revisar el camino.

Hay tiempos para todo. Siempre le aconsejo a los emprendedores que se olviden del equilibrio y el bienestar durante unos pocos años, dado que hacer empresa es cuesta arriba y las probabilidades en contra se deben compensar con trabajo extra e inteligencia.

El dinero te da la posibilidad de elegir, pero si te descuidas, se vuelve un fin en sí mismo. Uno de los riesgos del dinero es convencerte de que puede darte lo que no puede. Te ofrece libertad y posibilidades, pero si piensas que te dará amor, respeto, lealtad, felicidad o incluso placer, el dinero se alzará como un dios caprichoso y te pondrá a su servicio. El contraargumento es que el dinero puede comprar experiencias placenteras, pero el dinero por sí mismo no te proporcionará ningún placer.

El acerero y filántropo Andrew Carnegie conoció esa tentación. En diciembre de 1868, con treinta y tres años y unos ingresos anuales de cincuenta mil dólares, se propuso retirarse a los treinta y cinco, estudiar en Oxford y dedicar más tiempo a leer, debido a que advirtió que acumular riqueza podía convertirse en una forma de idolatría. Incluso lo había dejado por escrito en sus diarios.

Cuando cumplió los treinta y cinco, pospuso su plan… durante más de treinta años. Su salida de los grandes negocios llegó en 1901. Ese año vendió su participación en el negocio y dedicó buena parte de su fortuna a financiar bibliotecas, educación e investigación. Al morir en 1919 había donado más de 350 millones de dólares de entonces. Aunque esa historia es ejemplar, ¿de qué sirve saber lo que quieres si cada oportunidad te lleva a posponerlo? Conocerte también exige reconocer cuánto te cuesta ser leal contigo mismo.

Esto no significa que debas retirarte joven ni que trabajar mucho sea equivocarse. Puedes disfrutar levantando una o varias empresas y querer dedicarle años. La cuestión es reconocer si esa vida es la que deseas. Hay quien desea dirigir un negocio para hacerlo exitoso; hay quien desea los aplausos que imagina recibir cuando lo consiga. Uno tiene interés en el trabajo y el otro depende de la mirada ajena.

Por eso conviene hacer cuentas que incluyan algo más que dinero. Si aceptas una oportunidad, ¿cuál es el costo? ¿Cuánto tiempo requiere de ti? ¿Estás dispuesto a entregarlo? No estoy diciendo que no valga la pena. Podría tratarse de un sueño que construiste poco a poco. Una ganancia económica puede venir acompañada de una pérdida que para ti sea mayor. Esa proporción no aparece en el contrato: depende de tus prioridades, de tus necesidades y del momento que estés viviendo.

A diferencia de Carnegie, Benjamin Franklin resolvió el asunto de otra manera. En su autobiografía cuenta que el papel lo transportaba en carretillas porque le interesaba construir una reputación de hombre laborioso y cumplidor, porque la confianza de proveedores y clientes ayudaba a sostener el negocio.

Sin embargo, cuando amasó una fortuna que consideró suficiente para su vida, cambió la manera de obtener recursos. En 1748 vendió su parte de la imprenta a su socio David Hall, con una pequeña condición: seguir recibiendo dividendos, porque quería disponer de tiempo para estudiar y experimentar acerca de la electricidad. Para Franklin, haber acumulado dinero le otorgaba una posibilidad concreta: dedicar sus días a algo que también le importaba. Gracias a eso la humanidad gozó de la invención del pararrayos.

La historia de Franklin tiene que ver más con los sueños y los deseos que con el dinero. En su diario escribió: “Mientras disfrutamos de grandes ventajas de los inventos de otros, deberíamos de alegrarnos de tener la oportunidad de servir a los demás mediante cualquier invento nuestro, y esto debemos hacerlo libre y generosamente”.

Si te preguntas por qué es importante el dinero y aparece el concepto de libertad, explica de qué quieres liberarte y cómo pretendes hacerlo. ¿Tranquilidad?, responde qué te angustia. ¿Posibilidad?, cuestiona en qué aspecto de tu vida te sientes limitado. Cuanto mejor te conozcas a ti mismo, encontrarás la respuesta que, te aseguro, no es lo monetario de manera directa.

La regla fundamental y esencial del dinero no tiene que ver con el dinero.

Contacto: hola@poderosocompanero.com

Tendencias