Opinión

El lugar de cada pieza

Pablo Aandrei Zamudio
"Se pueden conocer las leyes, recordar sus palabras y citar sus artículos sin alcanzar a entender qué lugar les corresponde en la vida de una persona". Especial

Cualquiera puede comprar un rompecabezas y extender sus piezas sobre una mesa. Tenerlas todas a la vista no significa comprender la imagen.

Con la justicia sucede algo semejante. Se pueden conocer las leyes, recordar sus palabras y citar sus artículos sin alcanzar a entender qué lugar les corresponde en la vida de una persona.

Una pieza puede parecer adecuada y, sin embargo, estar fuera de sitio. Basta forzarla para que otras dejen de encajar. A veces, todo el esfuerzo posterior consiste en ocultar aquel primer error.

También se puede decidir de antemano qué imagen queremos ver y acomodar lo demás hasta conseguirla. Hay quien llama convicción a esa obstinación.

Lo difícil es permitir que las piezas contradigan nuestra idea de la imagen. Detenernos ante aquello que incomoda. Preguntarnos si lo que parece faltar está realmente ausente o si todavía no hemos aprendido a verlo.

Quizá la sabiduría comience cuando somos capaces de levantar una pieza que colocamos con certeza. Cuando aceptamos que comprender exige volver a mirar y que un espacio vacío es más honesto que una respuesta impuesta.

Esa humildad pesa especialmente en quien juzga. Cada conclusión debería llevar consigo la conciencia de lo que puede romper si está equivocada.

Sobre su mesa hay algo más que un problema por completar.

Hay una ausencia que alguien espera terminar. Una libertad detenida. Una familia que aprende a vivir alrededor de una silla vacía. Una vida que, desde afuera del expediente, sigue pasando.

El rompecabezas puede esperar.

Esa vida no.

Por eso, también es justo levantar una pieza mal colocada y darle su lugar. Aunque obligue a deshacer parte de lo construido. Aunque tengamos que reconocer que fuimos nosotros quienes la pusimos ahí.

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