
Es paradójico que quien advirtiera a su país sobre el riesgo de la proliferación armamentística y de sus implicaciones para la democracia hacia el futuro fuera Dwight Eisenhower en 1961, figura legendaria al haber fungido como comandante supremo de las fuerzas aliadas durante la segunda guerra mundial.
A la postre, el general de cinco estrellas fue presidente de su país en dos periodos consecutivos, de 1953 a 1961, en plena guerra fría, cuando el mundo se enfrascó en acelerada carrera de armas, incluyendo las nucleares, en el marco de ese enfrentamiento político e ideológico entre dos sistemas de producción irreconciliables. Cabe recordar la doctrina que lleva su nombre, la cual puso énfasis en el uso disuasivo de las armas nucleares frente a la expansión de la influencia soviética. A grosso modo esa doctrina sostuvo que ante el ataque de un agresor, el agredido toma represalias de mayor escala y dimensión.
Es un hecho histórico ampliamente conocido, que este connotado militar fue el primer mandatario norteamericano que vio en la práctica, limitadas sus posibilidades de elección a un tercer mandato presidencial, en virtud de la vigésimosegunda enmienda de la Constitución de su país, aprobada en 1947 y ratificada en 1951, dos años antes de haber sido electo titular del ejecutivo. Dicha reforma establece que ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces. De filiación republicana y declaradamente anticomunista, derrotó en su momento al candidato demócrata Adlai Stevenson y a la llamada coalición del New Deal.
Parecen demasiadas coincidencias con la actualidad del mandatario norteamericano en funciones, aunque es sabido que a pesar de su talante agresivo y belicista, más en este periodo presidencial que en su anterior mandato, no es militar de formación y evitó en varias ocasiones realizar el servicio militar, incluso el de ser reclutado para la guerra en Vietnam, como sucedió con cientos de miles de jóvenes en su momento.
A pesar de su destacada trayectoria militar, o a pesar más bien de su profundo conocimiento del ámbito castrense y de lo que sucedía dentro y fuera de su país en el marco de la guerra fría, en 1961 justamente en el ocaso de su segundo mandato, Eisenhower se despidió de la nación con un discurso, ahora célebre, en el que acuñó el concepto de complejo industrial-militar para advertir de los riesgos y amenazas que suponía su influencia para el modo de vida norteamericano y puntualmente para su sistema democrático.
Irónicamente, las políticas de defensa promovidas por el que fue el 34º presidente de su país a partir de la expansión y profundización de la alta tecnología, contribuyeron de manera decidida en el crecimiento de ese sector y de su influencia en la vida nacional.
En ese famoso texto, el militar y político señalaba con pesar que “nos hemos visto obligados a crear una industria armamentística permanente de enormes proporciones. A esto hay que añadir que tres millones y medio de hombres y mujeres trabajan directamente en el sector de la defensa. Anualmente gastamos sólo en seguridad militar más que el ingreso neto de todas las corporaciones de Estados Unidos… Reconocemos la necesidad imperiosa de este desarrollo, pero no debemos dejar de comprender sus graves implicaciones. Nuestro trabajo, nuestros recursos y nuestro sustento están todos en juego. También lo está la estructura misma de nuestra sociedad.”
Para 2027, el actual presidente norteamericano ha propuesto un incremento del presupuesto militar en 1.5 billones de dólares para construir el “ejército soñado… para mantener al país seguro y protegido, sin importar el enemigo”. Y ello a pesar de las impopulares guerras entre su propia ciudadanía- en las que tiene metido a su país.
A pesar de que el inquilino sostiene que ha resuelto al menos ocho conflictos internacionales en sus casi dos años de presidencia, de acuerdo con el prestigioso académico John Mearsheimer, el mandatario tiene responsabilidad directa en al menos tres guerras: la de Ucrania, que heredó de su antecesor, la de Irán que inició por elección propia junto con Israel en febrero de 2026 y la de los hutíes contra Arabia Saudita desde julio de 2026. (Trump´s Three-War Trap, 21octubre2026, @JohnMearsheimer)
Probablemente por ello las palabras de ese presidente, militar de profesión y republicano de filiación, anotaron como advertencia que “al mirar hacia el futuro de la sociedad, nosotros -ustedes, yo y nuestro gobierno- debemos evitar el impulso de vivir sólo para el presente, saqueando para nuestra propia comodidad y conveniencia los preciosos recursos del mañana… Queremos que la democracia sobreviva para todas las generaciones venideras, no que se convierta en el fantasma insolvente del mañana.” Las elecciones venideras de medio término pudieran resultar un ajuste en la dirección sugerida en 1961.