
El ingenio y la ciencia mexicana volvieron a destacar a nivel mundial con un par de antibióticos desarrollados gracias al trabajo de la Universidad Nacional Autónoma de México en conjunto con la Universidad de Stanford, California luego de que ambas instituciones patentaran dos nuevos antibióticos, uno de ellos para combatir la tuberculosis y otros dos más para tratar infecciones en entornos hospitalarios o comunes en personas con sistemas inmunológicos debilitados. El veneno de un alacrán y el chile habanero fueron cruciales en el desarrollo de estos medicamentos.
¿Cuáles son los antibióticos patentados por la UNAM?
Estos antibióticos son resultado de años de investigación en laboratorio, en los que los científicos lograron identificar, aislar y posteriormente sintetizar moléculas con capacidad de eliminar bacterias peligrosas.
El proceso partió del estudio de sustancias naturales como compuestos presentes en organismos vivos que mostraban actividad contra bacterias. A partir de ahí, los investigadores analizaron su estructura química y replicaron esas moléculas en laboratorio, optimizándolas para hacerlas más estables y efectivas.
Este tipo de desarrollo implica varias etapas: primero se detecta una sustancia con potencial antibiótico; después se estudia su composición mediante técnicas como espectroscopía y análisis molecular; finalmente, se sintetiza de forma artificial para poder producirla en mayor cantidad y evaluar su uso médico.
Veneno de Alacrán y Chile Habanero, componentes clave para estos antibióticos
En el desarrollo de estos nuevos antibióticos, los investigadores de la UAN, recurrieron a compuestos naturales con propiedades biológicas previamente documentadas, entre ellos el veneno de alacrán y el chile habanero.
En el caso del veneno de alacrán, su importancia radica en que contiene péptidos (pequeñas cadenas de proteínas) con capacidad antimicrobiana. Estas sustancias forman parte del sistema de defensa del propio alacrán, ya que le permiten neutralizar microorganismos en su entorno. A partir de estudios previos difundidos por la UNAM en su Gaceta institucional, los científicos identificaron algunos de estos péptidos con actividad específica contra bacterias como Mycobacterium tuberculosis.
Por otro lado, el chile habanero aportó compuestos bioactivos como la capsaicina y otros metabolitos secundarios con efectos antimicrobianos. Estas sustancias, responsables del picor característico, también tienen la capacidad de inhibir el crecimiento de ciertos patógenos. Los investigadores analizaron estas moléculas para entender cómo afectan a las bacterias y, a partir de esa información, diseñaron variantes químicas que potencian su acción o las combinan con otros compuestos para mejorar su eficacia.
La relevancia de ambos elementos radica en que ofrecieron una base natural para el diseño de nuevos antibióticos. En lugar de partir de cero, los científicos aprovecharon moléculas que ya evolucionaron en la naturaleza como mecanismos de defensa, lo que aumenta la probabilidad de encontrar compuestos efectivos. Este enfoque también permite desarrollar tratamientos con mecanismos de acción distintos a los antibióticos tradicionales, algo fundamental para combatir bacterias resistentes.
Una característica destacada es que estos desarrollos buscan ser efectivos incluso contra cepas resistentes a los antibióticos tradicionales, uno de los mayores desafíos actuales en salud pública. También se ha observado, en estudios preliminares, que pueden actuar sin dañar tejidos humanos, lo que abre la posibilidad de tratamientos más seguros.