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Mientras el Congreso debate cambios profundos en el mundo del trabajo, la conversación pública gira hacia adolescentes con máscaras de animales. ¿Simple tendencia digital o síntoma de una guerra cultural que desplaza el debate económico y político?

De la reforma laboral a los “therians”: cómo una tendencia viral dominó la agenda en Argentina

Milei, reformas laborales y therians

En las últimas semanas, mientras en Argentina se discuten cambios profundos en el mundo del trabajo, las redes sociales parecen tener otra obsesión: adolescentes con máscaras de lobo, gato o zorro (y más) que se identifican como “therians”. Videos en plazas, debates encendidos en televisión y una avalancha de comentarios que van de la burla al pánico moral.

La pregunta no es solo qué son los therians, sino por qué el internet y los medios han estado plagados de esta conversación.

¿Qué son los “therians”?

Los therians (o therianthropes) son personas que se identifican espiritual, psicológica o culturalmente con un animal no humano. El término circula en internet desde los años 90, ligado a comunidades como el movimiento otherkin, subcultura en la cual las personas se identifican parcial o totalmente como no humanos.

Se habla de una identidad animal simbólica o subjetiva que algunos expresan mediante máscaras, accesorios o comportamientos performáticos. Tampoco es lo mismo que el fandom furry, que estaría más centrado más en el arte y el cosplay.

Es una subcultura minoritaria, global y preexistente. Aunque su visibilidad masiva en TikTok, Instagram y programas de televisión comenzó en febrero de este año en Argentina, esta coincidió con otro fenomeno mucho más profundo y estructural, (lo cual ha generado que más de uno levanté una ceja en señal de ingenuidad): la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei.

La reforma laboral: el debate de fondo

Desde su llegada al poder en diciembre de 2023, Milei ha promovido una serie de reformas orientadas a desregular la economía, reducir el gasto público y flexibilizar el mercado laboral. En los últimos días el tema se ha calentado, puesto que el mandatario consiguió mayoría legislativa en el congreso lo que da pie a que esta reforma esté más cerca de la aprobación. El 12 de febrero de 2026 el Senado le dio media sanción (aprobación en general) al proyecto, con 42 votos a favor y 30 en contra, en una sesión que duró 14 horas y que se vió marcada por protestas fuertes afuera del Congreso (con heridos, detenidos y represión policial). Entre los puntos más controvertidos dentro de este paquete se encuentran:

  • Extensión de la jornada laboral con mayor flexibilidad horaria (las famosas 12 horas).
  • Reducción de indemnizaciones por despido.
  • Ampliación de sectores considerados “esenciales”, limitando el derecho a huelga.
  • Nuevas modalidades de pago y contratación.

Los defensores del proyecto sostienen que estas medidas buscan atraer inversión y dinamizar el empleo, mientras sus críticos —especialmente sindicatos y sectores opositores— advierten un retroceso histórico en términos de derechos laborales.

Las reformas ya han pasado a la Cámara de Diputados para su tratamiento final. El gobierno planea una rápida aprobación, esperando que esta se de antes del 1 de marzo (cuando empiezan las sesiones ordinarias y Milei dará su discurso de apertura).

Por su parte, en el país hay amenazas de más paros en caso de aprobación de la ley (algunos sindicatos piden paro indefinido).

En redes y medios, la gente a interpretado esta reforma como “esclavitud moderna”, mientras algunos más radicales han comnsiderado las medidas como “necesarias para generar empleo y atraer inversión”.

Mientras el Congreso debate, las calles han sido escenario de paros y protestas. Sin embargo, en el ecosistema digital, el algoritmo parece haber decidido que el tema urgente son los jóvenes que se identifican como animales.

¿Una teoría descabellada?

En redes sociales comenzó a circular una hipótesis: la viralización de los therians (la cual empezó curiosamente en el país del sur) funciona como una cortina de humo. No necesariamente como una invención directa del Estado, sino como un fenómeno amplificado que desplaza la atención.

La teoría se apoya en tres elementos:

  1. Coincidencia temporal. El “boom” mediático de los therians estalla justo cuando la reforma laboral enfrenta su mayor resistencia.
  2. Polarización cultural. La exposición de identidades no normativas suele activar discursos de rechazo, especialmente en sectores conservadores.
  3. Beneficio político indirecto. Cuando la conversación pública gira hacia “la decadencia de las nuevas generaciones” o el “avance de ideologías extrañas”, el eje económico pierde centralidad.

No hay evidencia concreta de que el gobierno haya creado o coordinado este fenómeno pues las comunidades therian existen desde hace décadas y la viralidad puede explicarse por dinámicas algorítmicas: lo extraño vende, genera clics, indigna y entretiene.

Pero tampoco es complicado observar que las guerras culturales suelen ser terreno fértil para proyectos de derecha radical. El desplazamiento del debate desde el salario hacia la identidad no es un movimiento nuevo en la política contemporánea.

En distintos países, reformas económicas impopulares han coincidido con intensas batallas culturales: en Argentina, discusiones sobre lenguaje inclusivo o políticas de género han ocupado titulares mientras se debatían ajustes fiscales; en España, la llamada “Ley Trans” dominó la conversación en medio de una crisis inflacionaria; en Estados Unidos, los derechos de las personas trans y el aborto se convirtieron en ejes electorales paralelos a debates sobre impuestos y empleo. No se trata necesariamente de una estrategia coordinada, pero sí de una dinámica recurrente: las controversias identitarias generan más reacción inmediata que las cifras salariales.

El clima cultural: rechazo generacional y discursos anti-trans

El caso therian se inserta en un clima más amplio:

  • Creciente discurso contra “lo woke” (del cual Milei ha sido referente).
  • Desconfianza hacia identidades de género diversas.
  • Narrativas que presentan a las juventudes como extraviadas o manipuladas.

En este contexto, la figura del therian se convierte en caricatura útil: exagerable, ridiculizable, fácilmente instrumentalizable.

El riesgo es que el fenómeno se utilice para reforzar prejuicios contra comunidades LGBTQ+ o contra cualquier expresión identitaria que se perciba como “excesiva”. Aunque no exista un vínculo directo entre ser therian y pertenecer a la diversidad sexual, el discurso público tiende a mezclarlo todo en un mismo paquete de “desviaciones”.

¿Algoritmo, conspiración o síntoma?

Más que afirmar una conspiración, quizás el ángulo más realista y a su vez sólido es otro: el ecosistema digital favorece contenidos que generan reacción emocional inmediata. Un adolescente con máscara de lobo produce más interacción que un debate técnico sobre indemnizaciones. Un video de alguien actuando de forma casi errática mientras camina en cuatro patas y hace sonidos de animales es más digerible que un análisis de las afectaciones económicas, públicas y hasta de salud (tanto física como mental) que pueden traer como consecuencia las reformas.

La pregunta no es solo si alguien diseñó la distracción, sino por qué estamos tan dispuestos a consumirla.

En tiempos de ajuste económico y reformas estructurales, la cultura viral puede funcionar como válvula de escape o como campo de batalla simbólico. Las identidades minoritarias se convierten en espectáculo, mientras las transformaciones materiales avanzan discretamente en segundo plano.

El verdadero debate

Los therians no inventaron la precarización laboral ni son responsables del clima político argentino. Son, en todo caso, un fenómeno cultural que internet amplificó, en un momento curioso políticamente hablando. La cuestión es si la conversación pública puede sostener más de un tema a la vez, o si siempre necesitaremos una polémica identitaria para evitar discutir salarios, jornadas y derechos. ¿Son los therians el nuevo chupacabras?

En una Argentina atravesada por reformas profundas y una crisis multiorgánica por problemas sistémicos, el desafío no es desenmascarar lobos imaginarios, sino decidir qué historias merecen ocupar el centro del escenario.

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