
El 11 de junio es la tercera inauguración de un mundial de fútbol soccer varonil en el Estadio Azteca (hoy renombrado Banorte). Seguramente será una gran fiesta y espectáculo deportivo, social y político memorable. El costo de la remodelación del escenario ascendió a 75 millones de dólares y estuvo cerrado desde mayo de 2024 y consistió en la construcción de un túnel, el reacondicionamiento de los vestidores y la zona de hospitalidad, la renovación de la cancha, la instalación de butacas, la reubicación y mejora de los palcos VIP, así como la instalación de audio espacial, más de 2,200 de pantallas LED y mejor conectividad Wi-Fi. La fachada, por cuestiones históricas, se conservó esencialmente igual.
La reinauguración del Estado Azteca se realizó, el sábado 28 de marzo, con un partido amistoso entre las selecciones portuguesa y mexicana y fue el acto masivo previo al inicio de la Copa Mundial 2026 y, por lo tanto, una buena oportunidad para “ensayar” los protocolos de ingreso, estancia y egreso del Coloso de Santa Úrsula. Los procesos más importantes eran la movilidad y la seguridad de las personas en un acto masivo que concentraría a más de 83 mil espectadores.
El reto de gestión pública era mayúsculo en la medida que había que conciliar intereses en conflicto (vecinos del inmueble, comerciantes ambulantes y dueños de palcos), aplicar los protocolos de la FIFA y cumplir con sus requerimientos mercantiles, así como obtener ganancias para empezar a recuperar la cuantiosa inversión. En el radar de los organizadores no estaba el espectador, quien era un consumidor cautivo por la demanda de boletos y un conejillo de indias.
El experimento de la operación del Estadio en un espectáculo masivo comenzó días antes del partido con la difusión de mensajes en los medios de comunicación que explicaban el cerco de seguridad de un radio de un kilómetro cuadrado alrededor del inmueble, que impediría el acceso en vehículo particular y el aviso que sólo ingresarían los automóviles de personas relacionadas con la organización.
Este circulo era supervisado y controlado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de la Ciudad de Mexico y la operación estaba a cargo de distintos cuerpos policiacos y de guardias de empresas privadas y consistía en facilitar el acceso con rapidez y oportunidad a los aficionados, quienes fueron prevenidos para que consideraran dos horas para el ingreso al inmueble y ocupación de su butaca.
La estrategia para la celebración sin incidentes del partido era responsabilidad de organizaciones gubernamentales, públicas no gubernamentales (FIFA y Femexfut), concesionarios de servicios públicos de transporte y telecomunicaciones y empresas mercantiles. Esta circunstancia exigía una coordinación precisa y una comunicación constante. Lamentablemente, esto no sucedió. Con independencia del partido y el espectáculo de medio tiempo, que pudo gustar o no, los aficionados padecieron la incompetencia de los organizadores y el experimento arrojó muchas áreas de oportunidad en miras al partido inaugural del Mundial: Sudáfrica contra México.
El cotejo inició con la mitad del Estadio vacío. Los aficionados estaban literalmente atascados en los torniquetes de entrada y los filtros de seguridad. El servicio de internet, que fue uno de los propósitos de la remodelación, resultó insuficiente para la lectura en tiempo real del boleto electrónico que los aficionados debían mostrar en sus dispositivos para ingresar al partido. Las redes dan testimonio de lo que aconteció, sobre todo, de la desesperación (más bien enojo) de quienes habían pagado miles de pesos por ser testigos de la reinauguración del Estadio Azteca.
El cerco de seguridad no funcionó conforme a lo planeado, incluso, el caos que se generó en las puertas del inmueble permitió el ingreso de personas sin que hubieran sido sometidas a la más mínima revisión de seguridad y sin que alguien hubiera verificado la tenencia del boleto. Esto puede explicar en parte los abucheos de los aficionados al final del partido. La cereza del pastel fue la llegada Cuauhtémoc Blanco al Estadio Azteca en camioneta, sin que sea parte de la organización, mostrando que el influyentismo es más poderoso que cualquier protocolo de la FIFA.
Hay dos conclusiones: la organización debe mejorar mucho para superar las áreas de oportunidad o que existe la posibilidad de acudir al partido inaugural de la Copa Mundial 2026 sin pagar boleto. Una buena gestión pública en el fútbol puede mitigar el abucheo de los aficionados a su propia selección o a quienes acudan al acto inaugural como autoridades gubernamentales. Esto sucede cuando las personas no son el centro de la gestión pública e importa más quedar bien con Infantino, capitalizar políticamente una competencia de exposición global o simplemente ganar dinero. El torneo será una gran fiesta a pesar de sus organizadores.
Investigador del Instituto Mexicano de Estudios Estratégicos en Seguridad y Defensa Nacionales
y del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores
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