
Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, apuntó que, de acuerdo con los pronósticos realizados por los servicios internacionales de clima, así como la estimación europea y sus modelos climáticos, se tendrá en 2026-2027, posiblemente, un fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) de proporciones históricas.
En un contexto de calentamiento global, el fenómeno conocido como El Niño, que se expresa en el calentamiento oceánico, trae consecuencias como un posible aumento en el nivel de ciclones y huracanes, pero al mismo tiempo recuerda a un fenómeno ocurrido en 1877, un acontecimiento que provocó las condiciones que derivaron en una hambruna mundial que causó la muerte de más de 50 millones de personas en India, China, Brasil y otros países, de acuerdo con The Washington Post.
Pero, ¿qué tan probable es esto y cuáles serían los lugares más afectados en caso de que se desatara un Súper El Niño?
¿Por qué el “Súper El Niño” de 1877 sirve de termómetro en 2026?
De acuerdo con The Washington Post, el fenómeno ocurrido hace 150 años, entre 1877 y 1878, que propició una hambruna a nivel mundial provocando la muerte de entre el 3 y el 4% de la población mundial estimada en aquella época, que en comparación con la actualidad equivaldría a por lo menos 250 millones de personas, podría ser tomado como referencia en el aumento de las probabilidades de que ocurra un fenómeno de El Niño aún más intenso para finales de 2026.
Sin embargo, se realiza una pregunta clara, fundamental para evitar levantar alarmas congelantes. ¿Qué ha cambiado en el mundo desde entonces y cuál sería el efecto de un acontecimiento histórico que hace más de 150 años causó una catástrofe mundial?
¿Qué probabilidades hay de que ocurra un fenómeno mayor este 2026 que el “Súper El Niño” de 1877?
Este fenómeno, conocido como El Niño, es un calentamiento de las aguas oceánicas en el Pacífico tropical centro-oriental que se produce cada pocos años. Este año, las temperaturas oceánicas en esa zona podrían aumentar 3 grados Celsius (5,4 grados Fahrenheit) por encima del promedio, aunque dichas estimaciones se mantienen aún dentro de las probabilidades y no se expresan con total certeza.
De acuerdo con Francisco Estrada Porrúa: “Hay un elemento que se conoce como la barrera de predictibilidad de la primavera, donde los pronósticos tienen muchísima más incertidumbre”, apuntó sobre la posibilidad de predicción de un fenómeno aún mayor que el acontecido en 1877 o el fenómeno ocurrido en menor escala en los años de 1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Sin embargo, el director investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM apuntó que: “Hay que tomar en cuenta esta información porque tenemos que prepararnos. Lo altísimamente probable es tener un fenómeno de El Niño con intensidad de moderada a alta, si uno quiere quedarse en el lado más optimista; pero, lo cierto es que probablemente pudiera ser un evento histórico”.
Sin embargo, el catedrático recordó que el ENOS es un patrón climático natural y recurrente en el Pacífico tropical que alterna entre una fase cálida (El Niño), que calienta el Pacífico oriental, y una fría (La Niña), impactando globalmente la temperatura, precipitaciones, sucesos extremos y diversas actividades productivas como la agricultura. De ahí la relación con el fenómeno ocurrido en 1877, donde este acontecimiento ocasionó las condiciones que produjeron las sequías que terminaron aniquilando a millones de personas en India, China, Brasil y otros países.
¿Cuál es el panorama actual frente a un posible fenómeno de El Niño de proporciones históricas?
Décadas de alienación y superdesarrollo. El camino hacia el progreso, hacia la innovación tecnológica, bajo el manto del positivismo, el racionalismo y la ciencia que parece cubrir más bien el rostro del mundo con un manto sagrado.
Deepti Singh, profesora asociada de la Universidad Estatal de Washington que ha estudiado este fenómeno de El Niño extremo, afirmó que las hambrunas no son una consecuencia inevitable de las sequías. Según Singh, las acciones deliberadas de los colonialistas en la década de 1870 alteraron los sistemas locales de los que dependían las comunidades para ser resilientes a las variaciones climáticas", detalla el artículo escrito por Ben Noll de The Washington Post.
Deepti Singh detalla que en la actualidad: “Podrían repetirse sequías simultáneas de varios años, similares a las de la década de 1870”; sin embargo, “la diferencia ahora es que nuestra atmósfera y nuestros océanos son considerablemente más cálidos que en la década de 1870, lo que significa que los fenómenos extremos asociados podrían ser aún más intensos”.
Por su parte, Ben Noll, autor del artículo “Un fenómeno de El Niño extremo acabó con la vida de millones de personas en 1877. ¿Estamos mejor preparados ahora?”, argumenta que “es poco probable que las devastadoras pérdidas asociadas al fenómeno de El Niño extremo de 1877-1878 se repitan hoy en día, ya que los factores sociales, políticos y económicos que exacerbaron sus efectos ya no existen”, detalla el meteorólogo de la Universidad Estatal de Nueva York en Oswego. Pero, ¿esto es así?
El mundo se encuentra en uno de sus momentos más altos de conflicto desde hace décadas. Las guerras han convivido con el hombre desde su origen; sin embargo, hay una diferencia clara, y es aquello a lo que, señalando al escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, ha resultado en una verdadera catástrofe: “La maldición de los recursos naturales”.
No hoy, ni en noviembre de este año, fecha en que se prevé pueda ocurrir este fenómeno meteorológico. El mar hirviente saliendo a la superficie. En el siglo XXI, como en el siglo XX, como en el siglo XVI, los conquistadores clavaron sus dientes en el cuello y desgarraron “Las venas abiertas de América Latina”, África, y ahora mismo, y desde hace décadas, la expansión mortífera en Gaza, Cisjordania o Ucrania.
Entonces, si esto ocurre y el Súper Niño surge de las profundidades en un fenómeno comúnmente inusual, serán los sitios más recónditos, los arrebatados, “los nadie” de los que habla Galeano, aquellos que realmente resientan esa hambruna que ya ha comenzado desde hace años, varios, varios años atrás.