
La búsqueda por conseguir ciertos estándares de belleza está llevando a la industria de la cirugía cosmética por caminos cada vez más inesperados. En Estados Unidos, un procedimiento que utiliza grasa proveniente de donantes fallecidos comienza a llamar la atención entre quienes buscan aumentar el volumen de los glúteos, corregir los llamados “hip dips” o recuperar tejido perdido después de una liposucción.
La técnica utiliza grasa humana donada y procesada para ser aplicada en distintas zonas del cuerpo. Aunque todavía se trata de un procedimiento relativamente nuevo y no está disponible de manera generalizada, su aparición en clínicas de cirugía plástica y la difusión de experiencias en redes sociales han despertado interés entre pacientes que no cuentan con suficiente grasa propia para someterse a un procedimiento tradicional.
¿Por qué comenzó a popularizarse esta practica?
Hasta ahora, una de las alternativas más utilizadas para aumentar partes del cuerpo o recuperar volumen es la transferencia de grasa autóloga. El procedimiento consiste en extraer tejido adiposo de una zona del propio cuerpo, generalmente abdomen, cintura o muslos, para después colocarlo en otra parte.
El problema aparece cuando una persona no tiene suficiente grasa para extraer. Esto puede suceder después de una liposucción, por una complexión muy delgada o tras una pérdida importante de peso.
La popularidad de medicamentos asociados con una rápida reducción de peso también ha abierto un nuevo escenario para la cirugía estética. Algunas personas que pierden volumen corporal buscan posteriormente recuperar la forma de sus glúteos, caderas o rostro, pero ya no cuentan con suficiente tejido adiposo para una transferencia convencional.
Ahí es donde aparece la llamada “grasa de cadáver”, que busca funcionar como una alternativa lista para utilizarse, sin que el paciente tenga que someterse primero a una extracción de grasa.
¿Cómo funciona la transferencia de grasa de cadáveres?
La grasa donada pasa por distintos procesos antes de poder utilizarse. El objetivo es retirar células y material genético que puedan provocar una respuesta inmunológica, además de someter el tejido a procesos de limpieza, esterilización y purificación.
El resultado es un material biológico que conserva parte de la estructura del tejido adiposo y que puede aplicarse mediante inyecciones. El procedimiento puede realizarse sin recurrir a una cirugía mayor o anestesia general, dependiendo de la zona y de la cantidad de producto utilizada.
El dilema ético que implica el uso de grasa de personas fallecidas para procedimientos estéticos
El tejido humano utilizado en estos tratamientos proviene de personas fallecidas que, en vida, pudieron haber decidido convertirse en donantes o cuyas familias autorizaron la donación de tejidos.
Tradicionalmente, la donación de tejidos humanos está asociada con procedimientos reconstructivos y necesidades médicas. Pero la posibilidad de utilizar esos tejidos para modificar el cuerpo con fines exclusivamente estéticos plantea una pregunta controversial: ¿hasta dónde debería llegar el uso de una donación humana?
La discusión no implica necesariamente que utilizar tejido humano donado con fines estéticos sea incorrecto. El punto central está en establecer cómo se obtiene el consentimiento, quién regula su utilización, qué información reciben los donantes o sus familias y bajo qué condiciones puede destinarse ese tejido a procedimientos cosméticos.