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La estética tradwife romantiza la vida doméstica en redes sociales, pero detrás de esa fantasía aparecen algunas preguntas sobre dinero, trabajo, estabilidad y poder

Tradwives: ¿por qué ser ama de casa es una fantasía en redes sociales?

Tradwives: ¿por qué ser ama de casa es una fantasía en redes sociales?
Tradwives: ¿por qué ser ama de casa es una fantasía en redes sociales?

El sueño que generaciones pasadas lucharon tanto por olvidar está regresando

Las tradwives han convertido la vida doméstica en una estética que se ha popularizado en redes sociales: casas impecables, comida casera, maternidad, matrimonio y una aparente tranquilidad económica.

Pero es importante notar que detrás de esa fantasía hay una pregunta escondida: ¿qué condiciones hacen posible vivir así?

La estética tradwife presenta una vida organizada alrededor de los roles de género establecidos tradicionalmente. Pero ¿por qué alguien querría esa vida?

La razón tal vez va más allá del deseo de convertirse en ama de casa, y más bien podría estar relacionada a la constante búsqueda de un estilo de vida aparentemente más calmado que disipe el agotamiento que causa la acelerada vida moderna.

En redes sociales, el término tradwife suele utilizarse para describir a mujeres que construyen una imagen de feminidad alrededor de la vida doméstica: el matrimonio, la maternidad y los roles de género estereotipados que se han reproducido durante generaciones.

¿Por qué ahora se vuelve tan atractiva la vida doméstica?

Hay una realidad que cada vez resulta más complicado ignorar: conseguir un hogar propio, un empleo estable con buen sueldo y la solvencia económica necesaria para construir una familia.

Por eso, quizá la fantasía tradwife va más allá que un simple estereotipo. También puede exhibir la necesidad de una vida más lenta, ordenada, segura y estable.

El problema aparece cuando esa fantasía, cuidadosamente producida por creadoras de contenido, se presenta como una realidad accesible para todos y, sobre todo, como el modelo de vida ideal que toda mujer debería seguir.

Una cocina impecable, comida preparada desde cero, niños bañados y listos para comer después de la escuela, mientras ella, espera tranquila a que su marido regrese del trabajo, representa una vida aparentemente tranquila y estable.

Pero detrás de esa imagen aparentemente sencilla aparece una pregunta menos evidente: no se trata de juzgar si esa vida resulta agradable o no, sino de preguntarnos bajo qué condiciones económicas es posible sustentar ese estilo de vida, especialmente en el contexto actual.

Ser ama de casa también es un trabajo

Las tradwives parecen presentar un estilo de vida bastante cómodo, en el que la esposa deja de lado la responsabilidad de conseguir un empleo remunerado para dedicarse enteramente al hogar, mientras el esposo asume la responsabilidad de sustentar económicamente a la familia.

Sin embargo, dedicarse a las tareas domésticas también implica trabajo.

Cocinar, mantener el hogar limpio, cuidar a los niños y hacer las compras, son tan solo algunas de las actividades que forman parte de la rutina.

Entonces, surge una nueva pregunta: ¿cuál es la necesidad que se está intentando satisfacer cuando existe una fantasía por abandonar la vida laboral para convertirse en ama de casa?

Quizá lo que está ocurriendo va más allá de una ideología o del deseo de recuperar viejas costumbres. Tal vez se está fantaseando con una vida estable, tranquila y en la que otra persona pueda asumir la preocupación por cubrir el sustento económico.

Una fantasía de descanso y estabilidad económica.

¿Qué hace posible una vida tradwife?

La posibilidad de vivir esa fantasía depende directamente de las condiciones materiales en las que se desarrolla.

Una mujer que vive en una casa amplia, en una buena zona, con todos los servicios, electrodomésticos, agua corriente, automóvil propio, internet, servicio doméstico, apoyo familiar y un marido con ingresos más que suficientes para mantener a su familia, tiene una realidad completamente diferente a la que viven miles de mujeres que realizan el mismo trabajo doméstico bajo condiciones materiales completamente distintas.

La diferencia en la carga que infringe el trabajo doméstico radica principalmente en la situación económica que cada familia se permite tener.

Cuando la vida doméstica se convierte en contenido

Pero aquí surge otra pregunta: ¿qué sucede cuando esa fantasía se convierte en contenido monetizado?

Si las tradwives muestran una vida alejada de lo laboral, ¿por qué se convierten en creadoras de contenido?

A primera vista, parece una contradicción.

Estamos frente a una forma diferente de trabajo. Mientras ellas construyen una marca personal y monetizan su contenido, presentan una vida basada en el hogar y aparentemente alejada del ámbito laboral.

La contradicción está en que, en algunos casos, convertir esa vida doméstica en contenido es lo que permite generar los ingresos necesarios para poder sostenerla.

Cómo en el caso de Ballerina Farm, cuya plataforma digital le ha permitido promocionar los productos relacionados con su rancho.

La vida doméstica se convierte entonces en un producto cultural que puede consumirse, admirarse y monetizarse.

¿Cómo se vende una ideología desde una posición de poder?

Aquí aparece una contradicción aún más profunda.

¿Qué significa que una mujer con una plataforma digital exprese que las mujeres deben de ser dóciles, obedientes, buenas esposas y vivir bajo la autoridad de su marido, mientras millones escuchan y siguen su ideología?

Está ejerciendo una forma de autoridad y poder dentro de una determinada idea de feminidad aspiracional para otras mujeres.

Entonces estamos frente a una situación en la que las mujeres con poder e influencia pueden vender una ideología que enseña a otras mujeres a renunciar al suyo.

¿Cuándo una elección personal deja de ser una elección?

El problema nunca ha sido que una mujer quiera quedarse en casa.

Una mujer puede elegir ser ama de casa y dedicarse enteramente a la crianza de sus hijos. La discusión aparece cuando esa elección personal deja de presentarse como una posibilidad y comienza a venderse como el modelo de vida ideal para todas.

Cuando la estética vende más que la realidad por el simple hecho de mostrar la vida ideal bajo las condiciones económicas que la hicieron posible.

La discusión alrededor de este tema también debería de centrarse en preguntarnos qué hay detrás de la necesidad de imaginar una vida en la que podamos pasar la preocupación de la estabilidad económica a alguien más.

Porque más que regresar al pasado, parece que es una respuesta al cansancio y estrés que nos brinda el presente: jornadas laborales extensas, incertidumbre económica, dificultad para acceder a una vivienda propia y una constante presión por permanecer activo y productivo.

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