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El reto de la medicina actual no es solo tener un fármaco potente, sino que este llegue exclusivamente a las células enfermas sin dañar las sanas

Luz y Nanotecnología: La nueva frontera mexicana contra las enfermedades

Terapia. Los doctores Manuel Román y Alfredo Aguilar lideran el diseño del vehículo.

Manuel Román Aguirre

En la carrera por vencer enfermedades complejas como el cáncer, la ciencia ha encontrado un aliado microscópico: los liposomas. Si recordamos la tecnología de las vacunas de Pfizer, el concepto es similar; se trata de “burbujas” de lípidos, en este caso, liposomas que actúan como vehículos de transporte para llevar material genético o fármacos directamente a su destino, protegiéndolos de la degradación en el cuerpo. Sin embargo, científicos mexicanos están llevando estos “paquetes” al siguiente nivel, dotándolos de la capacidad de reaccionar ante la luz.

El poder de la luz como bisturí nanoscópico

El reto de la medicina actual no es solo tener un fármaco potente, sino que este llegue exclusivamente a las células enfermas sin dañar las sanas. Aquí entran en juego la Terapia Fotodinámica (PDT) y la Fototérmica (PTT).

Imagina un liposoma que lleva en su interior un colorante llamado Verde de Indocianina (ICG). Cuando este nanovehículo llega al tumor, los médicos aplican una luz infrarroja que atraviesa la piel sin causar daño. Al recibir esta energía, el ICG reacciona de dos formas: genera especies reactivas de oxígeno que destruyen la célula desde adentro (PDT) o eleva la temperatura local para “cocinar” literalmente al tumor (PTT).

Sinergia Académica: El motor de la innovación

Este avance no es obra de una sola mente, sino de una colaboración interdisciplinaria que recorre el norte de México:

  • CIMAV (Chihuahua): Los doctores Manuel Román y Alfredo Aguilar lideran el diseño del vehículo. En sus laboratorios se sintetizan liposomas multilamelares, asimétricos, flexibles, etc., utilizando componentes lípidos como la lecitina para mejorar la estabilidad y la capacidad de carga del sistema.
  • ITESM (Tec de Monterrey): Las doctoras Lorena Montes y Berenice Oseguera prueban estos vehículos en cultivos celulares. Su trabajo es vital para entender la transfección (el proceso de entrega del “paquete” dentro de la célula) y asegurar que el tratamiento sea efectivo.
  • UACH (Univ. Autónoma de Chihuahua): Bajo la guía de los doctores Celia Quiñones y Carlos Arzate, la investigación escala a tejidos animales, validando cómo interactúan estas nanopartículas en entornos biológicos complejos.

La importancia del relevo científico

Detrás de estos hallazgos existe un motor fundamental: los estudiantes de nivel superior y posgrado. A través de sus tesis y bajo la guía de los investigadores, estos científicos en formación trabajan en problemas específicos, de esta manera, optimizan la preparación y estabilidad de los liposomas, logrando que no se desarmen antes de tiempo. Su labor es clave para dotarlos de “brújulas biológicas” mediante el uso de biomarcadores que los hacen selectivos solo hacia células específicas. Además, exploran diversas vías de administración —desde la intravenosa hasta la oral o la nebulización—, asegurando que la ciencia de frontera llegue con éxito al paciente.

Evidencia que ilumina el futuro

La ciencia detrás de estos proyectos es rigurosa. Para evitar que el colorante fotoactivo se degrade rápidamente, junto a los liposomas se han desarrollado estrategias como el uso de nanopartículas de oro o complejos con ciclodextrinas que actúan como un anclaje, multiplicando la eficacia del tratamiento hasta 9.6 veces en comparación con el agente activo libre.

Este esfuerzo mexicano no solo busca mejores terapias, sino que posiciona al talento nacional en la vanguardia de la nanomedicina mundial. La luz, antes solo una herramienta de diagnóstico, se convierte ahora en el motor de una nueva generación de tratamientos inteligentes.

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