
Cada 12 de agosto, el Día Internacional de la Juventud nos invita a hablar de las nuevas generaciones, de sus aspiraciones y de los desafíos que enfrentan para construir un proyecto de vida digno. Pero también debería obligarnos a preguntarnos algo más incómodo: ¿qué tan preparada está nuestra sociedad para garantizar que las juventudes puedan ejercer plenamente sus derechos?
En México viven alrededor de 30 millones de personas jóvenes de entre 15 y 29 años, aproximadamente una cuarta parte de la población. En América Latina y el Caribe son más de 160 millones. No estamos hablando de una minoría ni de un grupo marginal: estamos hablando de una fuerza estratégica para el desarrollo económico, social y democrático de nuestros países.Sin embargo, su incorporación al mundo laboral continúa marcada por enormes desigualdades. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil en América Latina y el Caribe ronda el 13.8%, casi tres veces la de la población adulta.
Y conseguir un empleo tampoco significa necesariamente acceder a una vida digna: para muchas personas jóvenes, el primer trabajo representa informalidad, bajos ingresos, falta de seguridad social y pocas posibilidades de construir un patrimonio.¿De qué justicia social hablamos si el primer empleo se convierte en la puerta de entrada a la precariedad?Durante mucho tiempo hemos hablado de igualdad, inclusión y no discriminación. Hemos creado leyes y políticas públicas para proteger estos derechos. Y todavía necesitamos fortalecerlas y hacerlas cumplir para que algo tan básico como la igualdad de oportunidades sea una realidad.
Porque los derechos no pueden depender de la buena voluntad de quien contrata.La agenda laboral de las juventudes debe partir de una premisa sencilla: todas y todos los trabajadores deben estar incluidos. Y eso significa mirar particularmente a quienes suelen quedar al final de la lista.Ahí es donde la justicia social adquiere verdadero sentido.No se trata de ofrecerle exactamente lo mismo a todas las personas.
Se trata de reconocer que no todas parten de las mismas condiciones y, por tanto, necesitan acciones que permitan alcanzar una igualdad real.Por eso necesitamos políticas públicas y acciones positivas que garanticen el derecho a la igualdad y a la no discriminación en el empleo. Necesitamos mecanismos efectivos para que una persona joven pueda acceder a su primer empleo con derechos; recibir capacitación; contar con seguridad social; tener oportunidades de crecimiento y desarrollar un proyecto de vida.Pero también tenemos que entender que las juventudes de hoy no son las mismas de hace una o dos generaciones.
El mundo laboral cambió y también cambiaron las expectativas de quienes se incorporan a él. ¿Qué puede motivar hoy a una persona joven a permanecer en un empleo? No basta con un salario. Importan las oportunidades de desarrollo, la capacitación, el bienestar, la conciliación entre la vida laboral y personal, los ambientes libres de violencia y discriminación y, sobre todo, la posibilidad de sentir que el trabajo permite construir un futuro.
Por eso las juventudes no pueden ser únicamente receptoras de políticas diseñadas por otras personas. Deben participar en las decisiones que afectan su presente y su futuro.La representación importa.Lo que no se nombra muchas veces permanece invisible. Y lo que no está representado difícilmente ocupa un lugar en las decisiones.
Como vicepresidenta del Comité de Jóvenes de UNI Américas y como joven sindicalista, estoy convencida de que necesitamos abrir nuevos espacios de participación para las juventudes dentro del movimiento sindical.
Espacios donde podamos aportar nuestras experiencias, nuestras preocupaciones y también nuevas formas de entender el trabajo y la organización colectiva.Los sindicatos tenemos aquí una responsabilidad enorme.No podemos acercarnos a las nuevas generaciones para decirles cómo deben pensar o cómo deben organizarse. Nuestra tarea es acompañarlas, sensibilizar, educar, escuchar y apoyar. No se trata de decirles qué camino seguir; se trata de ayudarlas a construir el suyo.La renovación sindical no significa olvidar nuestra historia ni renunciar a las conquistas que costaron décadas de lucha.
Significa reconocer que las nuevas generaciones viven realidades distintas y que, si queremos que el sindicalismo siga siendo una herramienta para transformar el mundo del trabajo, tenemos que abrir espacios para ellas.
Hoy resulta preocupante la posición que ocupan las juventudes en el mercado laboral: el desempleo, la informalidad, la falta de seguridad social, las dificultades para acceder a mejores puestos y la escasa presencia en espacios donde se toman decisiones siguen siendo obstáculos importantes.Frente a ello, la participación juvenil en las organizaciones sindicales no puede ser solamente una aspiración. Tiene que convertirse en una prioridad.
Necesitamos jóvenes participando en la negociación colectiva, en la construcción de propuestas y en la toma de decisiones. Jóvenes que puedan plantear recomendaciones concretas para mejorar sus condiciones laborales y que, al mismo tiempo, puedan contribuir a transformar las propias organizaciones que los representan.
Porque no basta con hablar de las juventudes. Hay que escucharlas. Hay que representarlas. Hay que abrirles espacios.El Día Internacional de la Juventud no debería ser solamente una fecha para recordar que existen millones de jóvenes. Debería servirnos para reconocer que son parte fundamental de las decisiones que estamos tomando hoy.
La transición de la escuela al trabajo no puede significar el tránsito hacia la precariedad. El primer empleo no debería ser sinónimo de renunciar a derechos. Y ser joven, tener una discapacidad, pertenecer a una comunidad diversa o enfrentar cualquier otra condición de desigualdad no debería determinar las posibilidades de construir una vida digna.
La justicia social se demuestra cuando los derechos llegan a quienes históricamente han quedado fuera.Las juventudes no son el futuro.Son la fuerza estratégica del presente. Y el presente nos exige garantizarles trabajo digno, igualdad de oportunidades, participación y derechos.
*Secretaria General de FENACIEN, Secretaria de Igualdad de Oportunidades de Sintoled.