
La devastación socioambiental que afecta a la Cuenca del Alto Atoyac (Puebla y Tlaxcala) ha generado que la población construya acciones para hacerle frente. Más allá de las iniciativas institucionales y las políticas públicas, la construcción de alternativas sustentables que hagan frente a los desafíos ambientales también ocurre en espacios colectivos donde las personas convergen para dialogar, aprender y actuar en favor de sus territorios.
En la Cuenca del Alto Atoyac se han construido diversas iniciativas que reúnen a organizaciones comunitarias, colectivos ciudadanos, activistas, científicos y científicas, estudiantes y habitantes de diferentes localidades y municipios de Tlaxcala y Puebla comprometidos con la comprensión y atención de las problemáticas socioambientales que afectan a la región. Estas iniciativas se han tejido desde las herramientas que sus participantes tienen, por lo que sus formas y tiempos son heterogéneos, pero tienen en común el objetivo de visibilizar y buscar atención al problema de la devastación socioambiental.
Esta cuenca, como otras en el país, ha sido un espacio en el cual se han asentado corredores industriales cuyos desechos tóxicos se descargan en sus ríos. A ello se suman contaminantes que se generan por otras fuentes como las prácticas agrícolas y el uso de productos químicos, y las descargas municipales. Todo ello ha generado impactos ambientales con graves efectos a la salud, al tejido social y en general, a la calidad de vida en todas sus formas. Por ello se ha reconocido como una Región de Emergencia Sanitaria y Ambiental (RESA) de atención prioritaria.
No obstante, la población que habita la Cuenca del Alto Atoyac no es pasiva frente a estas condiciones socioambientales. En los diversos espacios e iniciativas de vida se llevan a cabo prácticas agroecológicas, redes de intercambio y consumo de productos locales, se generan encuentros para el diálogo, el intercambio de experiencias y la capacitación sobre temas relacionados con la contaminación, la gestión del agua, la salud ambiental y la defensa del territorio. En la población hay un interés por fortalecer capacidades locales y promover el intercambio de conocimientos entre actores que, desde diferentes contextos, compartimos preocupaciones comunes sobre el futuro de la cuenca.
La devastación socioambiental que vive el territorio es grave y los retos son más complejos cada vez, pero la experiencia acumulada ha permitido reconocer que la construcción de alternativas requiere no solo conocimientos técnicos y científicos, sino también vínculos de confianza, solidaridad y acompañamiento que permitan mantener la esperanza en que es necesario continuar defendiendo el ambiente y el derecho a la vida.
Uno de los aspectos más significativos de las acciones frente a la devastación socioambiental ha sido la incorporación del autocuidado y el cuidado colectivo como componentes fundamentales del trabajo territorial. Quienes participan en procesos comunitarios y ambientales suelen enfrentar escenarios complejos que demandan tiempo, energía y compromiso.
La experiencia de los colectivos recuerda que la sustentabilidad no se construye únicamente mediante infraestructura, normativas o tecnologías. También se construye a través de las relaciones humanas, la organización comunitaria y la capacidad de generar espacios donde diferentes voces puedan encontrarse para imaginar y construir futuros más justos, que defiendan derechos y que conozcan las responsabilidades ambientales de cada actor.
Las Regiones de Emergencia Sanitaria y Ambiental como esta, no son solo territorios en devastación, son también espacios de formación, de comunidades de aprendizaje, reflexión, planeación y cuidado mutuo. La defensa del medio ambiente es, al mismo tiempo, una tarea colectiva y una oportunidad para fortalecer los lazos sociales que hacen posible el cuidado de los territorios para la vida digna.