
La organización ambientalista Conservación Internacional, que opera en México desde hace 30 años, puso en marcha dos programas piloto para rescatar humedales en el Valle de México y las costas de Campeche. Este esfuerzo forma parte de la iniciativa global llamada Desafío del Agua Dulce o Freshwater Challenge que tiene el objetivo de restaurar hasta 300 mil kilómetros de ríos y 350 millones de hectáreas de humedales degradados, en 44 países, antes del año 2030.
En entrevista con Crónica, la doctora Esther Quintero, directora técnica en México de Conservación Internacional, informó que los trabajos de rescate de humedales mexicanos están orientados a restaurar ecosistemas donde se puedan desarrollar actividades productivas, como la horticultura y la pesca, al mismo tiempo que se conservan otras especies vivas.
En Xochimilco el trabajo consiste en la instalación de biofiltros para mejorar la calidad del agua tratada con la que se riegan las chinampas, mientras que en las costas de Campeche el objetivo es la restauración de bosques de manglares, con la siembra de nuevas plantas de esa especie anfibia.
“Cuanto tenemos ecosistemas con integridad, hay muchas contribuciones de la naturaleza hacia las personas, pero cuando se pierde la integridad ecosistémica aparecen muchos problemas. Esto se observa con mucha claridad cuando hablamos del agua dulce, que no sólo es importante para los seres humanos, sino para las especies silvestres y para la regulación del clima. Desafortunadamente, la reflexión sobre el acceso al agua dulce se deja mucho de lado porque las personas damos por sentado que podemos abrir la llave de un grifo y sale agua. Pocas veces nos preguntamos de dónde viene el agua que nosotros recibimos y por qué es importante cuidar y conservar los ecosistemas que están asociados a los ciclos del agua. Por eso una de las tareas más importantes que estamos realizando actualmente tiene que ver con ayudar y hacer más visibles los ecosistemas que intervienen directamente en los ciclos del agua, regulación del clima y aportación de alimentos a las ciudades, como es la zona de canales de Xochimilco, en la Ciudad de México”, indicó a este diario la bióloga Esther Quintero, quien laboró una década en el Programa de Especies Prioritarias de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).
-- ¿De qué trata la iniciativa Fresh water challenge?
--Por un lado, esta iniciativa se enfoca en acciones para la restauración de ríos, lagos y humedales, pero, por otra parte, buscamos hacer conciencia en la sociedad para que pensemos más en la manera como las personas estamos actuando frente a tareas importantes como la restauración y la preservación de lo ecosistemas de agua dulce.
Cuando usamos la palabra ecosistemas normalmente pensamos en bosques, en selvas, incluso en los ecosistemas de los océanos, pero nos olvidamos de otros ecosistemas muy importantes, como son los humedales, que proporcionan agua dulce a muchas especies, pero que también son indispensables para la humanidad porque cumplen con muchas funciones importantes para la seguridad alimentaria e incluso con la paz social, pues algunos han considerado que en el futuro pueden surgir guerras cuando se presenten problemas por la falta de acceso a agua dulce—, añade la especialista en Ecología, Evolución y Biología Ambiental, egresada de la Universidad de Columbia, en Nueva York, Estados Unidos.
--¿En qué consiste el programa que están realizando en Xochimilco?¿Qué metas e indicadores se han propuesto, para tener claro dónde poner la mirada?
--Nosotros entendemos que no hay conservación sin la gente. Este proyecto de Xochimilco, igual que todos los proyectos que realiza Conservación Internacional, tiene un componente social muy importante. De lo que se trata es de reactivar las chinampas para ayudar a conservar el último reducto que queda del ecosistema lacustre del Valle de México.
Este espacio tiene miles de años que ha sido manejado por los seres humanos y es un muy buen ejemplo para mostrar que, en la actualidad, no hay ecosistemas en los que no haya presencia o manejo humano. En realidad la diferencia es si en un ecosistema hay máximo o mínimo manejo humano.
En Xochimilco, el sistema de agricultura llamado chinampa ha estado presente desde hace muchos siglos, cuando los xochimilcas aportaban alimentos al imperio azteca o mexica. En la actualidad, más del 80 por ciento de las chinampas están abandonadas y esto también se ha reflejado en un deterioro de la calidad del agua, porque a muchas personas no les importa y muy pocos se dedican a trabajara para conservar la integralidad del ecosistema de Xochimilco. Sabemos que a los canales llega agua de una planta de tratamiento y esto genera una variación muy grande en la calidad del agua en esos espacios: algunas veces la calidad es aceptable y en otras ocasiones la calidad está muy mal.
Lo que estamos haciendo en Xochimilco, con un programa llamado Chinampa refugio es mejorar la calidad del agua y mejorar la calidad de productos agrícolas cultivados en las chinampas. Por lo tanto, las personas productoras, los chinamperos, tienen una mejor venta de sus productos porque pueden mostrar que usaron agua de buena calidad y que sus cosechas están libres de parásitos, de metales pesados y de otros contaminantes que están relacionados con el riego con agua sucia.
Aquí se genera un círculo virtuoso porque las acciones mejoran la calidad de vida de los productores tradicionales y al mismo tiempo se mejora la conservación e integralidad de este ecosistema de humedales. Al proteger los medios de vida de los productores, estamos restaurando el humedal.
Los indicadores que nos guían son los que obtenemos de analizar la calidad del agua. Para este trabajo intervenimos en los canales. Ahora tenemos cuatro canales, con ocho biofiltros, como parte del programa Chinampa refugio y estamos dando mantenimiento a otros biofiltros que ya existen. Esto nos permite hacer análisis comparativos de la calidad del agua dentro y fuera de los refugios para mostrar la eficacia de los biofiltros, que van madurando y mejorando la calidad del agua. Supervisamos la presencia de ciertos virus, bacterias y otros microorganismos. Con el tiempo hemos visto que los biofiltros maduros reducen más la cantidad de patógenos que los biofiltros nuevos, y desde luego la calidad del agua es mucho mejor que afuera de estos refugios.
Buscamos ampliar la cantidad de canales y biofiltros, para ello trabajamos mucho con productores de la zona. Hasta ahora hemos realizados talleres con 17 productores en diferentes temas económicos y sociales, desde técnicas de producción hasta talleres de género. Ahora estamos impactando una primera área de 10 hectáreas, pero este modelo se podría escalar en el futuro hasta un área potencial de 7 mil hectáreas.
Si pudiéramos reactivar todas las chinampas de manera sustentable podríamos aportar entre 10 y 25 por ciento de toda la producción agrícola que requiere la ciudad de México, además de tener modelos de conservación del agua y espacios para amortiguar el cambio climático, al limitar el incremento de temperatura y las inundaciones.
-- ¿Y cómo están trabajando en el estado de Campeche?
-- Ahí nuestro trabajo consiste en un programa piloto de restauración de ecosistemas costeros. Nuestras acciones se concentran en una comunidad que se llama Isla Arena, que es una población con mil habitantes pero que enfrenta muchos retos pues hay mucho rezago económico y social. Ellos padecen una degradación muy importante de sus ecosistemas de manglares porque hay una gran cantidad de desechos o residuos sólidos, pero también sus manglares sufrieron daños por la construcción de una carretera que buscó facilitar el acceso a esta localidad, que no es propiamente una isla, sino una barra costera. Esta carretera generó una cantidad impresionante de sedimentos que está matando a los manglares.
Ahí estamos trabajando con las comunidades para restaurar los manglares. Tenemos una gran participación de personas, principalmente mujeres, y han creado un grupo llamado Guardianes y Guardianas de los manglares. Aquí ha sido muy importante la participación y liderazgo de la propia comunidad, que no sólo busca información en talleres sobre mejores prácticas, sino que han generado sus propios slogans y logotipos, en un movimiento llamado Unidos por los manglares. Ellos están muy orgullosos de que en su ecosistema hay manglares, cocodrilos y lugares de anidamientos de flamencos. Aquí tenemos un área de intervención de 220 hectáreas para restauración de manglares y aunque no se puede hacer ahora la restauración de todos los manglares de la isla, que son mucho mayores., pero sí creemos que esta experiencia en este programa piloto nos podrá ayudar a identificar las mejores prácticas para después llevarlas a otros lugares con manglares, a lo largo del Golfo de México--, concluye la bióloga, en esta primera aproximación al ambicioso programa de Conservación Internacional para restauración de humedales y otros ecosistemas de agua dulce.
¿QUÉ ES EL DESAFÍO AGUA DULCE?
El Desafío del Agua Dulce (FWC, por sus siglas en inglés) es una iniciativa que tiene como objetivo restaurar ríos, humedales y otros ecosistemas de agua dulce degradados. El Desafío tiene por objeto fundamentar, integrar y acelerar las intervenciones específicas, conectándolas con los planes y estrategias nacionales. Conservación Internacional considera que, de resultar exitosa, la iniciativa aumentará la inversión global en la restauración y conservación de los ecosistemas de agua dulce y aumentará sustancialmente los beneficios sociales y económicos de esas inversiones. De este modo, la FWC apoyará a los países para que alcancen sus compromisos internacionales en materia de clima, biodiversidad, restauración, degradación de la tierra, reducción del riesgo de desastres y Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS).
Copyright © 2024 La Crónica de Hoy .

