
En México “falta voluntad de las instituciones y falta apoyo”, denuncia la compositora mexicana Gabriela Ortiz Torres (Ciudad de México, 1964).
Recientemente galardonada con tres premios Grammy por el álbum “Yanga”, en el que colabora con el ensamble Tambuco y la Filarmónica de Los Ángeles bajo la dirección de Gustavo Dudamel, la también profesora de composición en la Facultad de Música de la UNAM, Gabriela Ortiz Torres ofrece una conferencia para responder preguntas de la prensa nacional.
Aunque se siente agradecida con los reconocimientos de Mejor Compendio de Música Clásica, Mejor Interpretación Coral, así como Mejor composición clásica contemporánea, por la obra “Dzonot”, la compositora declara que para ella lo más significativo es observar que la oportunidad de hacer dichas grabaciones no vino de una orquesta en México, sino de una en Los Ángeles que es la segunda ciudad con mayor cantidad de mexicanos -después de la CDMX- y con un director latinoamericano.
“Eso es relevante, esto lo pude hacer fuera. Lo tuve que hacer en Estados Unidos, ahí fue donde se me abrió la oportunidad. Yo espero que esto abra la voz de otras y de otros compositores que ahí están, en todo el continente latinoamericano y que han estado luchando mucho. También tenemos grandes intérpretes en Latinoamérica y nos cuesta trabajo esa visibilidad”, manifiesta.
Para que una oportunidad similar pudiera abrirse en éste, su país natal, la compositora y docente opina que debe haber más apoyo institucional porque el que existe no es suficiente.
Como ejemplo de ello, apunta que a la Orquesta Boca del Río, integrada por jóvenes músicos veracruzanos, con quienes la compositora trabajó el año pasado, “la acaban de desaparecer de un plomazo”.
“Tienes esta orquesta de jóvenes músicos 90% mexicanos, que tienen un teatro espectacular, porque además es una de las mejores acústicas que yo he escuchado en México, el teatro es hermosísimo, está muy bien pensado y de pronto la orquesta desaparece por razones que desconozco, internas, políticas o yo qué sé, pero no hay excusa para que una orquesta así desaparezca de un plomazo. Y nadie ha hablado de esto”, indica.
Destaca que Veracruz es “un estado que produce músicos, un estado plenamente musical” con una tradición folclórica muy rica, y este es el tipo de cosas “que no deberían de estar sucediendo”.
“Un compositor quiere escuchar su música con la orquesta. No hay manera de que un compositor pueda convocar a 80 músicos. ¿Dónde ensayan? esto trasciende las posibilidades individuales de cualquier creador, necesitas un apoyo extra, un apoyo estatal, necesitas un apoyo institucional”, continúa.
Si bien concede que “sí ha habido esfuerzos”, Gabriela Ortiz Torres reitera que “no son suficientes y también tiene que haber voluntad para que las orquestas tengan un compromiso con la música de su tiempo, su entorno”.
En este sentido, la compositora plantea que algunas orquestas mexicanas han fallado.
“Deberían estar grabando y deberían de estar produciendo discos, porque ese es el legado que van a dejar. El legado sonoro. La historia de este país, la historia de la música de este país solo se va a cortar si no se deja testimonio y el testimonio de los intérpretes también es fundamental, no solamente es escuchar la música de los compositores, ¿dónde está ese legado sonoro? ¿Dónde están esas grabaciones? ¿Dónde se podrá escuchar esto? Entonces tiene que haber un apoyo institucional mucho más agudo, mucho más fuerte”.
ROMPER EL HIELO
Por otra parte, Gabriela Ortiz Torres habla de su proceso creativo, de lo que significa ser una mujer mexicana con producción y reconocimientos en Estados Unidos y del ambiente que vivió durante los 68° Premios Grammy en la que otros artistas demostraron sus posturas anti-ICE.
“Sí había mucha gente que tenía sus letreros ICE OUT. Creo que los artistas tienen derecho a decirlo porque es el momento de decirlo, lo estaban viendo millones de gentes. La reacción fue apabullante, eran aplausos que no paraban cuando ellos hablaban de estos temas. Es decir, sí hay una inconformidad, está bien que lo hagan”, comparte.
En cuanto a lo que considera ser lo más gratificante de toda la experiencia, la compositora subraya que lo más valioso no es la estatuilla, sino el haber podido escuchar su propia música interpretada con calidad.
“Porque de ahí aprendes. De escuchar mi música digo esto salió muy bien, pero esto no, entonces la siguiente pieza pues lo voy a tratar de hacer mejor. Se aprende del error y de la práctica. Lo que pasa es que un compositor depende del intérprete, sin intérpretes no hay música, no suena, no tiene vida”, ahonda.
Para ella, la música es una forma de comunicación y un acompañamiento de vida fundamental, que la ha sacado adelante en diversas situaciones y que exige disciplina porque “el talento no es suficiente”.
Respecto de sus métodos de inspiración, la compositora dice que un artista se nutre de la experiencia humana, de vivir la vida y “de todo lo que te rodea” por lo que señala que el mejor alimento para la creatividad es vivir con intensidad y estar “abierto a lo que la vida te puede ofrecer”.
“Eso incluye temas sociales, temas personales, como puede incluir la muerte, como cosas muy duras. En la música de Mahler encuentras el resumen de la condición humana porque contiene la desesperación y la ternura, entonces creo que la creatividad se encuentra en la vida misma, con esa reflexión y autoconocimiento”, agrega.
Sus métodos de composición incluyen hacer ejercicio, pues al caminar le llegan ideas.
“Compongo mucho haciendo ejercicio. Entras en este momento, cuando estás haciendo mucho cardio, después de 20 minutos de pronto entras en otro estado, como de meditación y ahí es donde de veras se me ocurren ideas. También cuando estoy soñando o cuando estoy en esta en este momento en el que estás despertando, a veces también sueño, me imagino cosas”, relata.
En realidad, la compositora no tiene una fórmula precisa y el proceso es muy impredecible, pero una constante es la necesidad de “mucho espacio de silencio”, que equipara con la conciencia del sonido.
“El silencio es fundamental, es el que te permite a ti, el silencio transcurre en el tiempo y te permite dibujar con el sonido. Entonces, yo tengo que estar en paz conmigo misma para poder tener ese espacio de creatividad”, expresa.