
No es triste, resulta indignante, un insulto lo que vemos en nuestros días y desde hace meses, la amenaza que se cierne sobre La Alameda al irse convirtiendo progresivamente en un mercado de mercancias de ínfima calidad y de alimentos con altos contenidos en grasas, en un país con los altos índices de obesidad que padece. La salud pública va ligada con el espacio público. Me explico y contextualizo:
La Alameda Central de la Ciudad de México es el primer parque público en el continente americano, creada en 1592 por el Virrey Luis de Velasco “con el objetivo de crear una salida para la recreación de los vecinos dotada de una fuente y árboles para ornato y embellecimiento de la ciudad”, bajo el principio de reunir a los ciudadanos con fines de esparcimiento en un lugar arbolado y como descanso al pétreo dominio de las construcciones en la otrora “Ciudad de los Palacios”.
La Alameda Central ocupa un área de 96 mil metros cuadrados, equivalente a 9.6 hectáreas, es el área verde de mayor dimensión en el centro de la Ciudad de México, 52 mil metros corresponden a las áreas arboladas y 44 mil metros a los andadores y glorietas que circundan, a fuentes y monumentos. En ella existen 12 fuentes en bronce de gran calidad, algunas de la prestigiada fundidora francesa Val d’Osne, y monumentos como el dedicado a Beethoven ubicado en una semirotonda a un costado del Palacio de Bellas Artes, fue un obsequio de la colonia alemana en México para conmemorar el Centenario de la Novena Sinfonía en 1921, destaca también en la parte poniente de la Alameda hacia la calle de Doctor Mora, la escultura dedicada al Barón Alejandro Von Humboldt, el gran viajero, científico y artista que bautizara a la Ciudad de México como “La ciudad de los palacios” para conmemorar los 200 años de la llegada del Barón a Latinoamérica. Qué decir del Hemiciclo a Juárez, quizá el monumento más importante del parque, mandado a construir por Porfirio Díaz en honor al Benemérito de las Américas en 1910, en el sitio donde se ubicaba con anterioridad el conocido Kiosko Morisco, que fuese sede para realizar los sorteos de la Lotería Nacional, al asentarse en el sitio el Hemiciclo a Juárez, el kiosko fue trasladado a otra alameda, la de Santa María La Ribera. Además de sus doce fuentes y monumentos cuenta con 8 esculturas de la Academia de San Carlos, destacando La Malgré Tout del gran escultor Jesús F. Contreras elaborada en 1891, su original en mármol se encuentra hoy en el Museo Nacional de Arte, aclaro la ubicada en el parque es un replica en bronce que perteneció a la misma Academia. No de menor valía es el kiosko que se encuentra en el punto opuesto al Hemiciclo a Juárez y con vista hacia la Avenida Hidalgo.
Como parte de las conmemoraciones del Centenario de la Revolución Mexicana, en el 2010 el Gobierno de la Ciudad de México emprendió una serie de acciones para recuperar los espacios públicos y sitios emblemáticos de mayor relevancia, como lo fue la peatonalización de la calle de Madero y la intervención en la Plaza de la República con el Monumento a la Revolución, obras que fueron culminadas en ese año. Para unir esos dos puntos faltaba el recuperar la Alameda Central y con ello establecer un eje que iniciase en la Placa de la República para continuar por Avenida Juárez, la Alameda Central, seguir por la calle de Madero ya peatonal y culminar en el Zócalo, con ello se completaría un eje histórico monumental de 2 kilómetros en el corazón de la ciudad.
Fue en el 2012 cuando se tomó la decisión de recuperar integralmente la Alameda Central debido al extremado deterioro que sufría, en primera instancia por una alarmante e invasiva presencia del comercio informal, por el deterioro significativo de sus fuentes y monumentos, por el pésimo estado de los pavimentos, por el deficiente alumbrado público, por un manifiesto alto grado de infecciones en los elementos vegetales e inexistencia de cubresuelos adecuados, por la ausencia de riego en las áreas verdes y construcciones asi como baños y bodegas que se habían edificado sobre las áreas verdes.
Todo ese deterioro físico era un escenario manifiesto de la degradación social que experimentaba en los horarios nocturnos, al presentarse fenómenos de prostitución, prostitución infantil, ventade drogas e inseguridad.
Para ello se tomó la firme decisión de cerrarla en su totalidad por medio de tapiales. Durante 8 meses se trabajó arduamente en su recuperación integral basada en las siguientes acciones: retiro y prohibición del comercio ambulante, limpieza fitosanitaria de las áreas verdes, retiro de árboles muertos y contaminados, reforestar con 300 elementos arbóreos en los jardines y plantar 250 jacarandas en el perímetro de la misma. Se restauraron integralmente todos los momentos, las bancas y fuentes; se sustituyó el pavimento con mármol Santo Tomás en todos sus andadores, se introdujo iluminación peatonal y escénica de última generación, así como los sistemas de agua e iliuminación de las fuentes, se le integraron las calles de Angela Peralta, que se convirtó en un andador peatonal incorporando con ello el Palacio de Bellas Artes a la Alameda, también la calle de Dr. Mora se integró al perímetro del parque.
En paralelo se establecieron los acuerdos con las organizaciones y lideres de los comerciantes para trasladarse a otros puntos y dejarla libre en forma definitiva. La Alameda tiene el valor y categoría de jardín histórico patrimonial, se encuentra en el perímetro B del Centro de la Ciudad de México, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El espíritu que llevó a su recuperación se mantuvo en niveles aceptables durante cerca de diez años, donde todos los sectores sociales que componen nuestra sociedad, turistas y visitantes vieron de nuevo en ella un atractivo lugar para contemplar y recorrer este paseo, es un museo al aire libre y un lugar para relajarse del estrés cotidiano, subrayo, es el único lugar con vegetación en el Centro Histórico donde los ciudadanos pueden recrearse y descansar de las tensiones urbanas. Ofrecer a los ciudadanos un lugar sano y limpio y desprovisto de todos los elementos contaminantes que nuestra ciudad padece, es salud pública.
Lo que vemos hoy en la Alameda es un franco retroceso a temas de salud y recuperación de espacios públicos que la ciudad ya habia resuelto.
La autoridad está para aplicar la ley y administrar la ciudad en beneficio de todos los ciudadanos, nadie puede abrogarse el derecho del uso y del abuso del espacio público, mucho menos la autoridad y sus compromisos clientelares. ¡Liberen la Alameda!