Cultura

Su “heterogeneidad” y “flexibilidad” permiten mayor participación y proliferación de nuevas ideas, añade la especialista. La conferencia “Escultura del siglo XX” cerró el el ciclo La escultura en México, coordinado por Eduardo Matos Moctezuma

Rita Eder: La escultura mexicana atraviesa un panorama complejo con cambios radicales

Colnal. La historiadora del arte e investigadora Rita Eder, Aban Flores Morán y Eduardo Matos Moctezuma. (Colnal)

La escultura en México vive un “panorama complejo” que no permite una sola definición: Su “heterogeneidad” y “flexibilidad” han posibilitado mayor participación y la proliferación de nuevas ideas, generando “cierto tipo de politización diferente al que hubo antes”, sostuvo la historiadora del arte e investigadora Rita Eder.

La especialista, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, dictó la conferencia “Escultura del siglo XX”, con la que concluyó el ciclo La escultura en México, coordinado por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, miembro de El Colegio Nacional, y por Aban Flores Morán, del Centro de Enseñanza para Extranjeros-UNAM.

En el Aula Mayor de El Colegio Nacional, Eder repasó las aportaciones más significativas que algunos artistas hicieron durante el siglo XX a la escultura en México. No obstante, dijo, “Yo diría que estamos frente a un panorama complejo en el que destacan cambios radicales que pasan del monumento a la figura humana y a la diversificación de lo que conocemos como escultura”.

Este panorama, abundó, “ya no significa un solo medio y tampoco se apega a los materiales tradicionales, pues ya no todo se hace en mármol ni en bronce y puede decirse, en primera instancia, que tenemos un amplio espectro donde enfrentamos numerosos cambios de aquello que concebimos y conocemos como escultura, por muchas razones”.

“Está la influencia de la tecnología y la diversidad de los materiales: del mármol, la piedra, la madera, el hormigón, el metal. Se trabaja con una gran variedad de elementos hoy como son las telas, los tejidos, los objetos cotidianos, la diversidad de materiales de construcción producto de las tecnologías de la época contemporánea, por ejemplo, los plásticos”.

La implementación de materiales, expuso, “ha traído una forma de marcar el cambio de lo monumental y lo cotidiano, de pensar lo escultórico fuera de las grandes tradiciones de lo que se define como materiales nobles. (En el siglo XX) aparece una diversificación de lo que se entiende por escultura y algunos empiezan a preguntar si lo más elemental para esta diversificación es deconstruir los conceptos tradicionales de escultura”.

En esta idea, deconstruir no significa destruir, sino que “implica desarmar una idea, en este caso lo heroico, para entender cómo se formó esta idea de lo heroico y poder pensarlo de nuevo”.

COMIENZO

Eder comenzó su exposición comentando la escultura de Cuauhtémoc que se ubica en Paseo de la Reforma e Insurgentes, elaborada por Miguel Noreña, con tableros de Gabriel Guerra. “Este monumento fue inaugurado en 1887 y muestra cómo a finales del siglo XIX prevalece una tradición clasicista”.

A partir de entonces, Eder expuso las condiciones que permitieron un cambio en la concepción del arte nacional a partir de la Revolución. “La idea y el modelo decimonónico de lo indígena con características clásicas es lo que cambiará a partir, yo diría, de la Revolución de 1910 y se hará explícita una nueva manera de explorar lo escultórico con otras características. Una manera de apreciar el cambio es el Monumento a Obregón de Ignacio Asúnsolo”.

La historiadora del arte lamentó que “mucho se ha dicho que la escultura no tiene la proyección ni la importancia que tiene la pintura (en México), sobre todo aquella realizada en la primera mitad del siglo XX. Pero habría que detenerse en esta afirmación puesto que hubo cambios en dos aspectos”.

Por una parte, resaltó “la incorporación de lo popular” a través de la Escuela Libre de Escultura de Talla Directa, fundada por Guillermo Ruiz en 1927, “para crear las condiciones de una expresión escultórica no académica”. Por otro lado, señaló el surgimiento del Movimiento Estridentista, en particular, de la influencia que ejerció Germán Cueto.

“Cueto, nacido en 1893, es importante por ser un iniciador de la escultura abstracta en los años 50 y se convertiría en el antecedente indiscutible de eso que podemos llamar el experimentador con materiales diversos para hacer escultura, algo que, según él, debía a que estudió química durante un tiempo corto, estudios que interrumpió pero que le fueron muy útiles porque le enseñaron y le provocaron ensayar nuevas maneras de preparar y cocinar cerámica y esmalte”, señaló.

Las esculturas que Cueto elaboraba en los años 20 eran “bastante insólitas” para la época, y cada una de ellas era fabricada con un material distinto. Además, “hay una concepción diferente de lo que es la figura humana, cómo se mueve. Él no tenía ningún interés en repetirse y eso es interesante, porque ustedes habrán oído de la idea de estilo, el estilo barroco, lo abstracto también es un estilo, y Cueto no quería tener un estilo”.

En general, “si bien la escultura y los monumentos se establecían desde los grupos de artistas, y el asomo de las vanguardias, y el deseo de educar a nuevas generaciones en la talla directa y contra la academia, también debemos decir que el mecenazgo del Estado ahí estaba, y que produjo una etapa de buen oficio y monumentalidad”.

“La idea era honrar a los héroes y a la naciente Revolución, y a la post-revolución, y la escultura popular, sobre todo, estaba interesada en reproducir imágenes de los fundadores de la República. Uno de ellos, del que más monumentos hay desperdigados por todo el país, no necesariamente comisionados por el Estado, es Benito Juárez”.

Si bien la escultura en México ya estaba cambiando, aparte de los monumentos y de la idea de un arte nacional, a mediados del siglo XX se da un suceso que resulta determinante. “En 1949 llega a México alguien que va a cambiar el panorama de la escultura, que es Mathias Goeritz, llegó para trabajar en la Escuela de Guadalajara. Él estaba realmente fascinado con esto. Tenía una correspondencia con un crítico argentino muy importante al que le decía: ‘no lo vas a creer, pero aquí en Guadalajara hay una escuela de arte muy importante, casi como la Bauhaus’”.

La gran aspiración de Goeritz, estimó Eder, era llevar a cabo lo que llamaba arquitectura emocional. “¿Qué quiere decir esto? Él protestaba contra la arquitectura funcionalista, que funcionaba muy bien, era de bajo costo, se podían hacer cosas formidables que antes no se podían hacer

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