
“A veces los gobiernos, que no los pueblos, están en disonancias”, plantea el editor y gestor cultural Philippe Ollé-Laprune, quien lleva más de 30 años impulsando espacios de intercambio y relación entre Francia y México y es cocurador de la muestra que se exhibe en Biblioteca Vasconcelos: “Resonancias, disonancias y contrapuntos”.
El recorrido de mamparas que recibe a los visitantes del recinto da cuenta de los intercambios binacionales, en el marco de los 200 años de diplomacia entre Francia y México. Se puede visitar hasta el 18 de octubre.
Como indica el título, el eje de esta muestra curada con la participación de Conrado Tostado, así como el apoyo del Acervo Histórico Diplomático y la colaboración del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (Cemca), es hilvanar fotografía, publicaciones periodísticas, la producción artístico-cultural y científica que conforman el vínculo entre ambos países.
En ese tejido cultural, se puede disentir con posturas, coincidir o contrapuntear, según explica Philippe Ollé-Laprune, pues las relaciones entre países serpentean entre polémicas y alianzas.
Los temas más importantes para la curaduría engloban los acercamientos sl mundo indígena, que inspiró tanto a científicos y artistas franceses, quienes raramente trabajan juntos; y las mujeres como figuras que enlazan ambos mundos.
“Hay varios hay momentos que verán hay fotos, imágenes de cuadros, etcétera”, apunta el curador.
Le parece que una de las mayores resonancias entre Francia y México es que comparten la experiencia de una “revolución fundadora”.
“Francia tiene la revolución en 1789, que abre la idea de república; la revolución mexicana es fundadora de casi todo lo que hay en el país hoy. Son dos países que tienen ese punto en común, que no es el caso de otros países europeos”, apunta.
A raíz de este punto de encuentro, Philippe Ollé-Laprune opina que se trata también de dos países que consideraron “que es posible arrancar las cosas y empezar algo nuevo, quizás por eso se instala este dialogo que tiene riqueza, si fuera solo intercambiar formas artísticas bonitas, no sería muy interesante”.
La muestra consta de 52 paneles organizadas en sentido cronológico y dispuestas en la planta baja de la Biblioteca Vasconcelos de la CDMX, con información obtenida del Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de México, el Archivo Manuel Álvarez Bravo, los institutos nacionales de Antropología e Historia, de Bellas Artes y Literatura; así como colecciones privadas, el Centro Pompidou, el Museo del Louvre, los Archivos Nacionales de Francia, la Biblioteca Nacional de Francia y el Centro Nacional de las Artes Plásticas.
La entrada es gratuita, en los horarios de apertura del recinto.
CONTRAPUNTOS
Política, diplomacia e intercambio de estéticas e ideas son hitos de la relación Francia- México.
Para ilustrar el acercamiento e inspiración mutua entre países, la investigación curatorial rescata
El recorrido comienza en 1523, con el primer contacto del que se tiene registro entre ambos mundos: cuando el corsario francés Jean Fleury capturó unas carabelas de Hernán Cortés con tesoros de mesoamérica que se dirigían a España. Con su captura, el francés organizó la primera muestra de objetos prehispánicos europea (probablemente del mundo).
“No hay una ‘historia oficial’, hay algunos momentos oficiales del pasado, pero no es el centro de la exposición, quisimos insistir en poner la luz sobre actores de la historia que en general no figuran en los libros de historia”, indica Ollé-Laprune.
Posteriormente, la muestra pasa por episodios como la “Guerra de los pasteles” o la llegada de Maximiliano de Habsburgo, donde se informa de cartas solidarias de Victor Hugo para la resistencia mexicana, pues consideraba que no era Francia quien atacaba este país, sino un imperio que estaba en contra de los valores franceses.
Hay un énfasis en las inspiraciones mutuas entre países, que quedan de manifiesto con ejemplos como la llegada de Antonin Artaud a México; los ritos de paso de artistas y autores que van a Francia -como Francisco Toledo, Octavio Paz, Manuel Alvarez Bravo entre muchos otros- y otros que se inspiraron y dialogaron profusamente con la cultura mexicana, como André Breton y los surrealistas; hasta la existencia de una calle llamada Tepito, dedicada al muralismo, a las afueras de Lyon.
En cuanto a figuras femeninas, además de la representación de una mestiza francesa a cargo de un pintor mexicano, la muestra recuerda a la artista Alice Rahon, la escritora y periodista Elena Poniatowska y la arqueóloga Laurette Sejourné, a quienes Philippe Ollé-Laprune califica como “francesas que se volvieron mexicanas”.
Al finalizar el recorrido con medios de comunicación, un muchacho se acerca a Philippe con curiosidad por la propuesta. Pregunta sobre la intención y cuestiona la mirada extranjera.
El curador responde que la intención de la exposición es precisamente ahondar en los discursos oficiales y los intercambios para entender que, aunque existe una inercia por rechazar la globalización, todos tenemos la capacidad de inspirarse de otras culturas más allá de “copiar” o “robar”.
“Hay elementos que te pueden gustar o no, perl entre mas tienes la capacidad de agarrarlos y hacerlos tuyos, más fuerte eres, más brillante es tu cultura, tu vida y tu relación con el mundo”.
Además, subraya la importancia de saber observar la interculturalidad y preguntarse por qué una mujer nacida en Francia vendría al país y pasaría 30 años en la sierra filmando bailes Tarahumaras
“¿Por qué lo hizo? Es la invitación a entender”, agrega.
INAUGURACIÓN
Durante el acto inaugural para todo público, la embajadora informa que de la muestra se acompaña de la publicación de un catálogo con toda la investigación.
“Este es un gran día para nuestra relación internacional. Hoy damos inicio a la gran fiesta de la mexicana. Tres meses de una programación muy ambiciosa y crítica, popular, construida desde hace más de 1 año entre aliados mexicanos y franceses en todos los ámbitos de la ciencia”, da la bienvenida.