Cultura

“Historicidad I. Entre el bien y el mal”, como parte del ciclo Lengua, lingüística histórica e historicidad, fue el título de la lección que dictó la lingüista

La lengua es un repositorio de hábitos y rutinas, a decir de Concepción Company Company

Colnal La lingüista Concepción Company Company, miembro de El Colegio Nacional. (Colnal)

Las lenguas son un repositorio de rutinas combinatorias, porque hablamos prácticamente igual que hace 300 años, aseguró la lingüista Concepción Company Company, miembro de El Colegio Nacional. Para ella, las lenguas son nuestro soporte de percepción del mundo, en las que “el mal entra por todas partes y por todas las categorías”.

Al dictar la cátedra “Historicidad I. Entre el bien y el mal”, como parte del ciclo Lengua, lingüística histórica e historicidad, reconoció que cualquier ser humano, al usar la lengua, tiene normas y libertades, pero son más las normas y las rutinas que debe seguir para ser aceptado en su comunidad, “desde el siglo XIX se habla de la lengua de la tribu”.

“La lengua de la tribu es algo inconsciente, nadie se levanta por la mañana y dice: ‘hoy voy a ser más rutinario que ayer y voy a seguir la lengua de la tribu’. Eso no ha ocurrido en ningún momento de la historia de la lengua, aunque es cierto que, al estudiar la lengua, lo que vemos es que son muchísimas rutinas y unas pocas libertades que muy pronto terminan por ser una rutina”.

En el Aula Mayor de la institución, la académica de la lengua recalcó que la historia de la lengua, de todas las lenguas, se construye a partir de juegos de rutinas y hábitos, y de más creatividad. Se ritualiza, se vuelve hábito y ya no reconocemos dónde estaba la creatividad de aquel primer hablante que, seguramente, “se sacó de la manga, sin querer, alguna creatividad”.

“Es una suma de continuidades y discontinuidades, de quiebres que afectan de manera ligera o profunda a las grandes continuidades que son la historia de cualquier lengua”.

Para comprender de mejor manera el tema, Company Company explicó el significado de un patrón de lexicalización, el cual está presente en el polo del mal: aspectos, entidades, eventos que son cognitivamente importantes, que al hablante en su percepción le parecen importantes.

Dentro de esa cultura se va a encontrar código, una lengua gramática en la que puedan manifestarse sintáctica, morfológica o semánticamente en cualquier nivel, ante lo cual se debe comprender que hay una relación intrínseca entre sociedad, cultura y conceptualización, una relación mediada por una lengua que es una herencia milenaria de rutinas, al grado de que “a veces ya no vemos dónde está la percepción del mundo y tenemos que detenernos a mirarla con más detalle”.

“Lo que es importante en una lengua encuentra más mecanismos de expresión, eso es lo que significa un patrón de lexicalización: un patrón que ha pasado desapercibido”, señaló la colegiada, quien le ha dedicado esfuerzos académicos al tema para hacer notar que, en español, hay mucho más léxico, más palabras, más frases para codificar los aspectos negativos de la vida, que los positivos.

Su certeza nació de la revisión al diccionario, donde la raíz mal aparece en 40 o 50 páginas, con todos sus compuestos y derivado. En cambio, la raíz de bienbon, ben tenías unas 12 páginas, “el polo cultural negativo no sólo genera más palabras, sino que es un patrón de lexicalización productivo, porque genera más metáforas. “Hacemos más libertades con el mal, nos tomamos libertades metafóricas con el mal y el polo cultural positivo genera menos palabras y un patrón mucho menos productivo, hay muy pocas libertades metafóricas con el bien”.

“¿Hay alguna razón gramatical para el desequilibrio? El desequilibrio tiene que ver con un asunto cultural, multiangular, pero antes de llegar al desequilibrio, para que tengamos un telón de fondo hay que recordar que el vocabulario básico o patrimonial es el heredado directamente del latín, suele estar estructurado en binomios irreversibles.

“Lo cual significa que genera un par y, además, se dice en un orden específico: ‘joven viejo’ y no ‘viejo joven’; se dice ‘alegre triste’ y no ‘triste alegre’, ‘bueno malo’ y no ‘malo bueno’, binomios que no se pueden hacer con léxico prestado. Entonces, un modo de distinguir si es léxico que viene desde la lengua madre, desde el latín. O no lo es, es azaroso, porque viene prestado del alemán, del inglés, del náhuatl o del maya, es que el léxico patrimonial se realiza en binomios estructurales de este tipo”. 

El dominio del mal

De acuerdo con la colegiada, en español se puede escribir un niño bien criado, pero viene separado, no forma una palabra, mientras un malcriado sí forma una sola palabra, esa es la consecuencia de la lexicalización: se generan palabras únicas que ya no son transparentes en cuanto a su origen de formación o de composición”.

“Lo negativo está altamente lexicalizado, hay montones de páginas en un diccionario del español con una entrada propia y lo positivo todavía tiene estructura predicativa, es decir que se puede hablar de ‘fulanitos mala copa’, pero no puedo decir: ‘fulanito es buena copa’, porque eso no es parte de la lengua española en México”.

Concepción Company Company destacó los desequilibrios que se llegan a producir en el español, porque se puede decir “bienvenido”, pero no “malvenido”, aun cuando nadie impide usar esa palabra, la lengua es libertad, “pero si ustedes dicen mal venido y tienen delante de ustedes a los invitados, lo que va a ocurrir es que éstos se descuadran por completo y se van”.

“Me fui a diccionarios antiguos, analicé también los orígenes latinos, diccionarios de latín y comparé con diccionarios de francés, de catalán, de italiano y de portugués: el primer diccionario que hizo la Real Academia Española empezó en 1726, casi recién fundada la academia de la lengua, y concluyó en 1731, lo que encontré en ese diccionario es que hay 58 palabras con las cuatro raíces positivas y 86 con la raíz negativa”.

Al hacer una revisión en el español actual resulta que existe el 29% de palabras positivas y 71% de palabras negativas, se ha “aumentado en maldad con respecto al siglo XVIII”, existen más de 160 palabras para codificar la transgresión social, lo cual es parte de un patrón de lexicalización, “un patrón cultural de cómo percibimos el mundo, hemos normalizado en todas las esferas sociales y en todos los hablantes la transgresión.

En el diccionario de la lengua española de 2025, el español tiene positivo 29% y 71% de negativo; el catalán tiene 38% de positivo y 62 de negativo, el portugués está igual que el catalán, el italiano está casi igual que el catalán y los franceses parecen más equilibrados 43% Y 57%.

El español aumentó respecto al latín 20%, el catalán y el portugués 11% el italiano 12% y el francés 8%, “aquí está la prueba de que no es al azar de este incremento del español y lo que se ve es que el español dobla a sus lenguas hermanas en formación de palabras negativas: al español le encanta el mundo de lexicalización de lo negativo”.

“Aquí es donde hay que empezar a pensar en cómo la lengua es percepción del mundo, cómo codificamos al mundo a través de la lengua y qué aspectos nos parecen culturalmente importantes y que han encontrado código a lo largo de la historia del español”.

La explicación, comentó la lingüista, no está en la lengua misma, la lengua es un simple repositorio de nuestra actividad cotidiana y de nuestra percepción del mundo, un repositorio de hábitos y rutinas, como hemos visto: la explicación está en la sociedad, en la cultura y en la percepción del mundo que se manifiesta a través de lengua española.

En español, la expectativa social, lo que los hablantes pensamos, es que las cosas salgan bien, hay una expectativa social positiva, aunque las noticias parece que es todo lo contrario, y que las personas actúan correctamente; entonces, la transgresión a esa conducta, a esa expectativa social, es marcada y se codifica con muchas palabras asociadas al mal”.

En su reflexión, señaló que parecería que lo que estamos codificando con tantas palabras de raíz mal son las “contra expectativas” sociales, lo que sale mal, lo que nos arruina, lo que no nos gusta, si bien está la naturaleza de los seres humanos, porque la gente habla más de lo que de lo malo que de lo bueno.

“Otro aspecto es la cultura católica, creo que ahí radica la explicación más fuerte de estas contra expectativas, donde hablamos más de lo malo que de lo bueno, y la cultura católica es muy flexible con la transgresión social, por eso tenemos confesionarios, nos podemos confesar y nos absuelven”.

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