En 1921, Ada Blackjack tenía 23 años, un hijo enfermo de tuberculosis y pocas posibilidades de sostenerlo económicamente. Desde el remoto pueblo de Nome, en Alaska, decidió dejar temporalmente a Bennett en un hospicio mientras encontraba una forma de ganar el dinero necesario para mantenerlo. La oportunidad llegó a bordo de un barco procedente de Seattle: cuatro exploradores buscaban a una mujer iñupiat que pudiera cocinar y coser para ellos durante una expedición a la isla de Wrangell, territorio que pretendían habitar y reclamar para el gobierno británico.
Ada aceptó.
Los hombres iban en busca de aventuras y movidos por fantasías coloniales; ella, por una razón mucho más concreta: necesitaba salvar a su hijo. Meses después, los cuatro exploradores habrían muerto. Ada, acompañada únicamente por una gata llamada Vic, tendría que enfrentarse al hambre, el frío extremo y los osos polares durante una interminable noche ártica.
Esa historia real es el punto de partida de El hielo de los suyos, primera novela de la escritora española Montse Sánchez Alonso, publicada en México por la editorial independiente Tránsito. Sin embargo, más que reconstruir de manera estricta la vida de Blackjack, Sánchez utiliza su historia para imaginar lo que pudo ocurrir en ese territorio inhóspito y, sobre todo, para preguntarse qué significa sobrevivir cuando se ha sido despojado de la propia identidad.
La novela se mueve entre la aventura, la maternidad, la memoria indígena, el colonialismo y una relación profundamente sensorial con el paisaje. El Ártico no funciona únicamente como escenario: adquiere una voz propia y observa, cuestiona y confronta la presencia humana.
Para Sánchez, escribir esta novela también implicó una búsqueda personal. La autora cuenta que llevaba toda su vida escribiendo, aunque hasta entonces no había publicado profesionalmente. El impulso definitivo llegó después del nacimiento de su hija.
“Me costó mucho creerme que podía, la verdad, y tuvo que llegar el parto de mi primera hija, de mi única hija, para que yo tuviera como la convicción de decir: si he podido parir una hija, puedo escribir un libro y creérmelo de verdad”, recuerda.
A partir de entonces comenzó a tomar en serio la posibilidad de convertirse en escritora. Había trabajado durante 11 años como investigadora en salud mental en un hospital de Madrid y decidió dejarlo todo para dedicarse a la escritura. El hielo de los suyos fue, en ese sentido, una apuesta personal y profesional.
Pero la novela no nació originalmente como la historia de Ada Blackjack.
Sánchez comenzó trabajando en un proyecto autoficcional relacionado con su propia experiencia de maternidad y con el largo proceso de reproducción asistida que atravesó antes de quedar embarazada de manera natural. Quería reflexionar sobre la violencia obstétrica, la infantilización de las mujeres y las razones que llevan a permanecer dentro de procesos médicos que pueden resultar dolorosos.
“Necesito compartir fundamentalmente con otras mujeres toda esta cuestión sobre qué nos lleva a entrar ahí, qué nos lleva a permanecer, qué se nos oculta, cómo se nos infantiliza, qué riesgos corremos”, explica.
En ese momento apareció una pregunta: ¿qué pasaría si cruzaba su propia experiencia con la historia de otra mujer superviviente?
La escritora comenzó entonces a buscar historias de mujeres que hubieran sobrevivido en entornos naturales. Encontró una recopilación de casos y, entre ellos, apareció Ada Blackjack.
La historia de la mujer iñupiat reunió varios elementos que ya formaban parte de los intereses de Sánchez: el Ártico, los pueblos indígenas y, especialmente, la maternidad.
“Ella se unió a toda esta misión por una necesidad económica, obviamente, pero el deseo final era salvar la vida de su propio hijo, igual que yo me había metido en todo ese proceso tan complicado para intentar conseguir la vida de una criatura”, señala.
Ese vínculo fue suficiente para que la escritora abandonara la primera idea de novela y se concentrara en Blackjack.
“Me parecía que estaba pidiendo a gritos una novela”, cuenta.
Una historia real que se convirtió en ficción
Para escribir sobre una mujer que vivió hace más de un siglo y en un territorio tan lejano, Sánchez tuvo que emprender un proceso de documentación que comenzó con una biografía de Ada Blackjack que, además, no estaba traducida al español y se encontraba descatalogada.
La autora decidió leerla hasta el momento en que, en la historia real, la expedición llega a la isla de Wrangell. A partir de ahí comenzó la ficción.
Otro de sus materiales fundamentales fue el diario personal de Blackjack, conservado en una colección de acceso público. La escritura manuscrita de la exploradora le permitió acercarse a su personalidad y encontrar un tono para construirla literariamente.
El diario, sin embargo, tenía una particularidad: no ofrecía las reflexiones interiores que una novela tradicionalmente necesita. Blackjack registraba cuestiones relacionadas con la caza, el clima y otros aspectos prácticos de la supervivencia. Entre sus anotaciones, Sánchez encontró una frase que terminó convirtiéndose en una de las claves de su novela: “He de vivir, voy a vivir”.
“Eso me sirvió como para pillarle el tono al personaje, pese a que yo no la narro desde la primera persona”, explica.
La autora decidió entonces desprenderse de la obligación de reconstruir exactamente lo ocurrido. Algunos acontecimientos históricos permanecieron, entre ellos la muerte de los exploradores y el regreso de Ada, pero la mayor parte de la novela nació de la imaginación.
“El resto te diría que es que hay un 90% de ficción en el texto”, afirma.
La decisión permitió que la novela dejara de ser únicamente una reconstrucción histórica y se convirtiera en una exploración de aquello que la documentación no podía responder: qué pensaba Ada, cómo experimentaba el aislamiento, qué relación establecía con el territorio y de qué manera recuperaba una identidad que el colonialismo había desplazado.
El Ártico como personaje
Uno de los elementos más singulares de El hielo de los suyos es la presencia de una voz que pertenece al propio Ártico.
Sánchez decidió que el paisaje no fuera simplemente el lugar donde sucedían los acontecimientos, sino una especie de conciencia que observa a los seres humanos. Una voz omnisciente que puede resultar ominosa, incluso amenazante, pero que también tiene momentos de humor.
“Me parecía como que el situar a esta voz que lo ve todo y que es pues eso como un omnisciente, a veces como con un tono muy ominoso y un poco terrible, pero también cómico”, explica.
La estrategia le permitió invertir la perspectiva tradicional de las historias de exploración.
En los relatos coloniales, el territorio suele aparecer como algo que debe ser descubierto, dominado, conquistado o explotado. En la novela de Sánchez, en cambio, es el propio Ártico el que contempla con cierta incredulidad a los hombres que llegan con la intención de apropiárselo.
“Me lo pasé bien como aplastando hombrecitos”, dice la autora entre risas, al referirse a esa mirada del paisaje sobre los exploradores.
Detrás del humor existe una crítica política. Sánchez cuestiona la desmesura de quienes llegan a un territorio sin reconocer sus propias reglas y sin mostrar respeto por otras formas de habitarlo.
“No puedo soportar como la desmesura y la falta como de reverencia o respeto a la naturaleza y a otras maneras de habitar la tierra”, señala.
Ada ocupa entonces un lugar paradójico dentro de esa relación.
La mujer fue contratada precisamente porque había sido asimilada a una cultura que no era la suya. Sabía cocinar, coser y desenvolverse de acuerdo con las necesidades de los exploradores. Sin embargo, para sobrevivir en la isla deberá realizar el movimiento contrario: recuperar conocimientos y formas de relación con el territorio que el proceso colonial había desplazado.
“Ella encarna en sí misma una paradoja”, explica Sánchez. “Fue contratada para realizar este trabajo porque había sido asimilada a una cultura que no era la suya de origen, pero en mi ficción tenía que despojarse, tenía que parecerse cada vez más al Ártico para poder sobrevivir”.
Así, lo que al principio parece un antagonista termina convirtiéndose en una especie de maestro.
El Ártico deja de ser aquello contra lo que Ada lucha y se convierte en aquello de lo que aprende.
Reinventar la épica
Aunque El hielo de los suyos tiene elementos de una novela clásica de aventuras y supervivencia, Sánchez quería cuestionar precisamente la idea tradicional de la aventura.
La estructura conserva algunos elementos del llamado viaje del héroe, pero la escritora decidió modificar aquello que normalmente entendemos por épica.
“Yo quería como reinventar esta cosa como de la épica”, explica.
Para ella, la épica tradicional ha estado demasiado vinculada con las armas, la violencia, la conquista y la dominación de un territorio. Su novela propone otra posibilidad: entender como heroísmo aquello que sostiene la vida cotidiana.
“La verdadera épica está en los cuidados”, afirma.
En el mundo de Ada, sobrevivir no significa derrotar a un enemigo. Significa mantener vivo un fuego, administrar las provisiones, cuidar a un animal, resistir el frío, procurar alimento y, sobre todo, sostener el deseo de regresar con el hijo que la espera.
“Me parece que la verdadera épica está en los cuidados, es decir, en el amor”, sostiene.
La maternidad, entonces, no aparece únicamente como una motivación narrativa. Es una forma de resistencia.
Ada emprende la expedición para conseguir dinero y salvar a Bennett, pero durante su supervivencia también termina cuidando a los hombres que la llevaron hasta allí y a la gata Vic.
Para Sánchez, esos actos cotidianos tienen una dimensión heroica que durante siglos ha quedado fuera de las grandes narraciones.
“Me parece mucho más difícil y mucho más importante para la humanidad que hacer así con una lanza y dar mucho miedo a otro”, afirma.
Una escritora de mapa
Sánchez se define como una “escritora de mapa”. Necesita saber hacia dónde se dirige una historia, aunque no necesariamente tenga que cumplir de manera rígida con el camino que se trazó al principio.
En El hielo de los suyos, la estructura fue una combinación de planificación e intuición.
El primer texto que escribió fue, precisamente, la voz del Ártico. Quería comprobar si esa decisión formal funcionaba antes de incorporarla a la novela.
“Podía ser una buena idea y luego el negro sobre el blanco no funcionar”, recuerda.
Después construyó la narración de Ada y comenzó a ensamblar ambas voces. Fue durante ese proceso cuando descubrió que algunos elementos debían cambiar para mantener la tensión narrativa.
La novela fue escrita y reescrita en nueve meses, como parte de un máster de narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid. Tenía una fecha límite concreta y, al mismo tiempo, una hija de apenas 18 meses.
Sánchez escribía mientras su hija Candela dormía.
“Fue un proceso de escritura muy duro”, reconoce.
La experiencia de maternidad que inicialmente había dado origen a otro proyecto terminó atravesando también la escritura de esta novela, aunque de una manera diferente. La pregunta por los cuidados, el cuerpo, la supervivencia y el vínculo entre madre e hijo terminó formando parte del corazón de Ada.
De lectora de Tránsito a autora del catálogo
Una vez terminado el manuscrito, Sánchez tenía claro que quería publicarlo.
Había dejado su trabajo como investigadora y apostado por la literatura. El siguiente paso fue presentar la novela a editoriales.
La oportunidad apareció en un pitch literario organizado por la Escuela de Escritores, donde la autora pudo presentar su manuscrito ante editores.
Entre ellos estaba Sol Salama, fundadora y editora de Tránsito, una editorial cuyo catálogo Sánchez ya conocía como lectora.
“Yo era lectora de Tránsito y fantaseaba. Yo pensaba: bueno, creo que a Sol Salama, que es la editora, este texto creo que le gustaría”, cuenta.
La coincidencia fue especialmente afortunada: Salama estaba precisamente en la mesa del pitch y solicitó el manuscrito esa misma tarde.
El encuentro terminó convirtiéndose en la puerta de entrada de El hielo de los suyos al catálogo de Tránsito.
Desde entonces, la novela ha tenido una recepción favorable en España. Sánchez destaca la respuesta de la crítica, el público y las librerías, una combinación que considera especialmente significativa para un libro.
“Como que todavía entro en librerías y encuentro el libro destapado a veces todavía”, cuenta.
También ha recibido respuestas inesperadas de lectores, entre ellas tejidos y telares realizados a partir de la imagen de Ada Blackjack que aparece en la portada.
En diciembre de 2025, el suplemento cultural La Lectura, del periódico El Mundo, incluyó El hielo de los suyos entre las 20 mejores novelas del año escritas en español.
Ahora el libro comienza una nueva etapa en México, donde fue publicado recientemente por Tránsito.
Por el momento, Sánchez no tiene confirmada una visita al país, aunque reconoce que le gustaría viajar a México y presentar la novela. La posibilidad podría tomar forma alrededor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, aunque todavía no existe una fecha anunciada.
Mientras tanto, El hielo de los suyos llega a lectores mexicanos con una historia que parte de una mujer real para imaginar todo aquello que la historia oficial no pudo contar sobre ella.
La novela de Montse Sánchez no convierte a Ada Blackjack en una heroína porque haya vencido al Ártico. La convierte en heroína porque aprendió a escucharlo. Y en ese desplazamiento —de conquistar el territorio a aprender a habitarlo; de matar para sobrevivir a cuidar para permanecer; de la épica de la violencia a la épica de los cuidados— está la apuesta central de una primera novela que busca preguntarse qué historias hemos llamado heroicas y cuáles hemos dejado fuera.