Cultura

La bruja, una figura que cuestiona los paradigmas sociales: Ave Barrera

Ahora es estandarte de las consignas feministas, pero no siempre fue asociada al movimiento, añade la escritora

La dama de Shalott
"La dama de Shalott", de John William Waterhouse. "La dama de Shalott", de John William Waterhouse. (La Crónica de Hoy)

Desde las Gorgonas griegas y el peso cultural que se depositaba en esa figura, hasta la bruja Sabrina producida por Netflix, cuyo peso cultural es el del capitalismo y los feminismos que empiezan a ser parte de un nuevo sistema de valores, hay algo que se mantiene constante en el arquetipo de las brujas: la capacidad de estas figuras para cuestionar paradigmas sociales. “Las brujas son personajes que permiten la transformación porque ponen en jaque y cuestionan el sistema de valores vigente en su sociedad”, considera la escritora y editora Ave Barrera.

En conversación con Crónica, Barrera explica que la evolución de estos personajes se dibuja en distintas historias, pasando por Circe, la Baba Yaga y otras formas míticas hasta llegar a la actualidad con versiones pop como Hermione o Sabrina la brujita adolescente. En todas estas versiones, persiste el arquetipo del principio femenino sumado a un conocimiento del mundo, del cuerpo o de la naturaleza.

“Lo que conforma el arquetipo de la bruja, según lo que he analizado, es, por un lado, el principio femenino esencial, no me refiero a las mujeres o principio hembra, sino el principio que nos habita a todos, hombres y mujeres; esto asociado a un conocimiento y capacidad de transformar la realidad”, señala.

Apunta que la clave está en la ambivalencia de una construcción monstruosa de mujer, con todos los rasgos de fealdad -pelo y cara, desproporcionada en sus rasgos, manos rugosas, etc.- que se contrapone a la transformación en una mujer muy atractiva, capaz de manipular las emociones de los varones que caen rendidos a sus pies.

“Ese cuento se narra desde una versión Disney y reduccionista, pero básicamente nos da la idea de tener el valor negativo y positivo, asociados en un solo sujeto. Esto nos deja ver que la bruja está más allá: posee tanto el principio negativo como positivo del conocimiento de las cosas y el cuerpo, más allá de una moral, de una serie de criterios éticos de una sociedad”.

El poseer un conocimiento que la ubica más allá de la belleza y la fealdad, del bien y el mal, confieren al arquetipo de la bruja un espacio apartado de la sociedad, donde tiene la capacidad de intuir la realidad, transformarla y cuestionar lo establecido.

LA BRUJA FEMINISTA.

Si bien se ha convertido en un estandarte de las consignas feministas, la bruja no siempre ha sido asociada con el feminismo. Barrera señala que en los 90s la etapa de las comedias románticas, la bruja encajó como bruja enamorada, proyectada con la imagen de Sandra Bullock y Nicole Kidman.

“No creo que la imagen de Sandra Bullock hablando del amor en una comedia sea muy feminista. Sin embargo, en la actualidad, el arquetipo de la bruja se ha convertido en un símbolo muy importante en tanto que representa mucho de lo que estamos intentando hacer: transformar la realidad y cuestionar lo establecido a través de un conocimiento y apropiación del cuerpo de las mujeres. Transformar leyes, el mundo y la manera en que cuidamos del mundo, en qué ponemos la mira, a qué le prestamos atención y cuestionar el sistema hegemónico que ha imperado”, manifiesta.

Al tratarse de un principio femenino asociado con un conocimiento para explorar el miedo y la persecución, a final de cuentas las brujas son personajes que permiten llegar – en la línea latinoamericana de los feminismos- a las brujas del presente: “estos colectivos enormes, la marea verde y violeta que son las mujeres que están transformando la realidad del mundo”.

MAGIA.

Para Ave Barrera, la literatura es magia pura, porque las palabras son magia. Comenta que las brujas carecían de herramientas de lectoescritura, eran mujeres curanderas sin formación académica o en términos tradicionales (escolarizada y regida por parámetros de la educación institucional). No tenían acceso a libros o universidades. No podían escribir porque no tenían alfabetización y, no obstante, podían transmitir conocimiento, manejarlo, almacenarlo y usarlo para curar, conocer el clima, la naturaleza, aproximarse al mundo.

Agrega que después de que se ha revindicado el dominio de la materia, cuerpo y naturaleza por parte de las mujeres, es que se ha podido darle vuelta a esa misma dominación, abordarla y reivindicarla por medio del lenguaje y las palabras.

En ese sentido, subraya que la actual posibilidad que tenemos como mujeres de ser escuchadas, tener maestría sobre las palabras y ejercer ese dominio del lenguaje para transformar la realidad y la manera en que se habla o representa el mundo: es magia pura.

“Es un acto de magia. Es un hechizo, presentamos por medio del lenguaje una representación de la realidad distinta a lo que se había instituido antes y la cuestionamos y replanteamos. Es un gran momento para hacerlo y tenemos que aprovecharlo”, concluye.

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