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La difícil decisión del adiós en la NFL

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Pocas veces hemos presenciado el posible final tan triste de una carrera como lo que vimos la noche del lunes, con Aaron Rodgers, en el juego de comodines entre Houston y Pittsburgh; fue patético.

Un otrora enorme quarterback que en numerosas ocasiones en estos últimos juegos se deshacía del balón en cuento sentía la presión o percibía el golpe de los rivales; en otras palabras, el pánico ante una captura y lo que ello conlleva. Ciertamente no se salvó, se diga lo que se diga, dos jugadas marcan muy posible último juego. Una salvaje captura en donde pierde el balón y lo regresan hasta la zona de anotación, y la intercepción que le devuelven hasta las diagonales, donde de paso trató de taclear al rival y nada pudo hacer.

Eso fue ya la desesperación de un hombre que, dicho en otras palabras, se aferró a seguir cuando por donde se le vea, ya no tiene más que hacer en la NFL.

Es verdad, y como lo defienden algunos de sus fieles seguidores, su línea ofensiva jamás pudo darle la protección debida o digamos decente a una feroz defensiva frontal de Houston que sólo requirió de cuatro elementos para crear el caos en la bolsa de protección, aunado al pobre esquema ofensivo de Pittsburgh montado por el coordinador Arthur Smith.

LAS MENTIRAS NUMÉRICAS

Es cierto que muchos otros defensores de Rodgers podrán excusarlo con sus números, que no fueron malos durante la temporada, pero siendo sinceros, las estadísticas a veces mienten, y la realidad es lo que vemos en el campo, no al final de una lista de cifras.

Rodgers ha lanzado más de tres mil yardas en cada una de las dos últimas campañas, más de 65 por ciento de pases completos, pocas intercepciones, pero y ¿en qué momento fue el hombre decisivo para su equipo en los momentos de real importancia?

Los números no lo son todo, ahí tenemos el cao de Dak Prescott con Dallas, impresionantes cifras, casi cuatro mil yardas, 30 pases de anotación, más del 65 por ciento de efectividad, pero, ¿y dónde estuvo la ofensiva de los Vaqueros cuando más lo necesitaban?

Las primeras palabras de Rodgers ante las preguntas sobre futuro fueron que se tomaría su tiempo para decidirlo, pero la realidad es que ¿alguien cree que aún tiene balas en su pistola como para seguir en la Liga? La realidad dudo que algún equipo se anime a contratarlo. Rodgers debe reconocer que es momento de marcharse, punto.

EL CLUB DE LOS AFERRADOS

Eso nos lleva a abordar diferentes ejemplos, algunos activos, otros ya en el recuerdo, pero sin duda el que más se asemeja al caso de Rodgers en Russell Wilson, otro viejo conocido para la afición de los Acereros, y de quien esos mismos aficionado que ahora defiendes a toda costa a Rodgers, también lo hicieron con Wilson, al soñar que era el hombre indicado no sólo para ganar, sino para llevar a Pittsburgh a otro Super Bowl.

Wilson, al igual que Rodgers, ha gastado su revolver en la NFL, ya no le queda más, eso ha sido claro desde que pasó por Denver, Pittsburgh y NY Gigantes. Perdió la chispa, el ritmo, la magia, y sin embargo, se niega a decir adiós. Lo sentaron muy temprano en la campaña a favor del novato Jaxson Dart, quien ciertamente movió con mucha efectividad la misma ofensiva que Wilson no pudo conducir con efectividad. Es ahí cuando cabe la pregunta: ¿no sé dan cuenta de que ya no pueden jugar a ese nivel o sólo intentan ignorarlo?

No es algo nuevo, siempre ha sucedido con muchos jugadores estrella, y rápidamente me vienen a la mente Dan Marino, quien ya sin la más mínima movilidad y un brazo diezmado acabó su carrera apaleado por 62-7 en playoffs ante Jacksonville en la campaña de1999 con sólo 95 yardas por aire. Eso fue muy triste.

Otros casos son los de Franco Harris, icónico corredor de Pittsburgh, MVP del Super Bowl 9, y quien fue dado de baja por los Acereros en 1984 cuando se dieron cuenta de que ya no tenía más. Harris, obsesionado con terminar su carrera como el acarreador con más yardas decidió ir por la marca de Jim Brown, entonces líder en ese departamento. Harris firmó con Seattle y fue patético verlo llevar el balón: sin velocidad ni potencia. Sólo abrió seis juegos y terminó la campaña con 170 yardas. Por supuesto, nunca alcanzó la marca de Brown.

Dan Fouts también se une a esta lista. Un ídolo en San Diego y emblema de una poderosa ofensiva aérea, terminó en la ignominia cuando su de por si poca movilidad era nada y su brazo ya no era el cañon de antaño. Sus dos últimas campañas (1986-87) fueron desastrozas, basta esta cifra: 37 intercepciones contras sólo 26 pases de anotación. Sólo ganó 8 de 23 juegos en esas temporadas finales.

Otros más recientes son Adrian Peterson y Michael Vick. Peterson, un estereotipo de corredor, y de los pocos en haber ganado más de dos mil yardas en una campaña, se aferró a continuar cuando era palpable que su era había terminado. Sumó siete equipos en su carrera y de sus años dorados en Minnesota pasó por Nueva Orleans, Arizona, Washington, Detroit, Tennessee y Seattle; quizá con los Pieles Rojas arañó algo de su grandeza al rebasar sólo unua ocasión más las mil yardas, después sólo fue una sombra. En su última temporada (2021) en que estuvo en tres equipo acumuló menos de 200 yardas.

De Vick, vaya que fue lamentable verlo acabar vacío, sin la electricidad en sus piernas y movimientos relámpago que lo caracterizaron en Atlanta y Filadelfia. Terminó como un quarterback del montón en NY Jets y Pittsburgh, donde ya no era capaz de escaparse, desarmándose al primer golpe.

No obstante, quizá el más penoso ejemplo sea el de Joe Namath, ese enorme símbolo no sólo de los NY Jets, sino de toda la NFL, quien una vez fuera de Nueva York, decidió continuar su carrera al firmar con los Los Angeles, donde literalmente arrastraba las piernas para correr. Lo sentaron a media temporada.

Es por esa razón, que uno se pregunta si de verdad es necesario prolongar una carrera que a todas luces ha terminado. Rodgers, al igual que Wilson se encuentran en esa encrucijada no de necesidad, sino de orgullo. Dinero no les hace falta, es el ego lo que no les permite marcharse, no obstante, después de lo que han mostrado, lo mejor sería decir adiós. Que cada quien saque sus propias conclusiones.

Y YA QUE HABLAMOS DE PITTSBURGH

Vaya que nos sorprendió la “renuncia” de Mike Tomlin, ahora ex coach de los Acereros, que los dirigió durante 19 temporadas. Toda una hazaña. Pero aunque en el comunicado oficial del equipo fue una decisión personal de Tomlin, más suena a que se trató de una acuerdo entre ambas partes para negociar su salida con toda la dignidad posible.

Quizá la gran prueba de Tomlin era ganar este último juego de playoff, eso marcó su destino, aunado, creo yo, a reconocer su error sobre su obsesión fuera de temporada por firmar a Aaron Rodgers.

Las voces al interior del equipo ya pedían una renovación desde hace unos años para acá, y por más que los clasificara a postemporada año tras año, la realidad es que de nada servía llegar para caer en la primera ronda. Un dato revelador es que la última victoria de Pittsburgh en playoff fue en 2016, hace nueve años.

El equipo se veía estancado ofensivamente hablando, esa es una realidad, y ya era notorio, incluso, desde las últimas campañas de Ben Roethlisberger. Tomlin nunca pudo conseguir un gran coordinador ofensivo, eso es una verdad. Sus dos últimos asistentes en esa área, Matt Canada y Arthur Smith sólo ralentizaron aún más la de por si predecible ofensiva acerera.

Asimismo, Tomlin nunca pareció tener un plan real para la posición de quarterback tras el retiro del “Big Ben”; sus soluciones fueron llevar a veteranos en sus años finales que poco o nada pudieron lograr (Rusell Wilson, Aaron Rodgers), es decir, sólo parches o hilos para sostener su ataque. Al final esa fórmula demostró que no era el camino indicado.

Digamos que todo eso de la renuncia fue una salida decente para un buen coach que dejó huella en la organización y en la NFL.

Para el equipo, quedar de golpe sin coach y seguramente sin quarterback, (porque no creo que vuelvan a firmar a Rodgers) es señal de una reconstrucción a fondo que a sabiendas de que Pittsburgh gusta de desarrollar su talento y no de abrir la cartera para jalar agentes libres en su apogeo, pues suena a que será un largo camino para estos Acereros.

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