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‘Para entender el deporte’

La energía no sabe lo que necesita un cuerpo

REFLEXIÓN. El cuerpo no funciona como una pila. Funciona como una biografía en movimiento.

Nos gusta hablar de energía.Nos tranquiliza.Suena limpia, moderna, gestionable.

Energía para entrenar.Energía para rendir.Energía para seguir.

Pero la energía, por sí sola, no sabe vivir.Solo empuja.

La materia —cuando se vuelve cuerpo— tiene exigencias que la energía desconoce por completo. El cuerpo come. Busca refugio. Desea. Necesita reconocimiento, contacto, cariño. Y, algo que suele olvidarse en los discursos del rendimiento: límites.

La energía no se cansa.El cuerpo, sí.

El gran malentendido contemporáneo es tratar al cuerpo como si fuera energía con forma humana. Como si bastara con cargarlo, activarlo, estimularlo. Como si el problema del cansancio fuera siempre falta de combustible y no, muchas veces, falta de sentido.

El cuerpo no funciona como una pila. Funciona como una biografía en movimiento.

EL ERROR DE MEDIRLO TODO EN IMPULSO

Cuando se reduce el cuerpo a energía, todo se traduce en gasto. Calorías, watts, intensidad, carga, volumen. El lenguaje se vuelve contable. El cuerpo, una cuenta corriente. Si hay fatiga, se supone que falta energía. Si hay bajo rendimiento, se prescribe más estímulo.

Pero el cuerpo no falla solo por déficit energético. Falla por exceso de exigencia sin contención.

Hay cuerpos con buena condición física profundamente agotados. Cuerpos entrenados, fuertes, eficientes… y sin ganas. No porque les falte energía, sino porque les falta mesa. Un lugar simbólico donde detenerse, reponerse, sentirse sostenidos.

La energía empuja hacia adelante.El cuerpo pregunta para qué.

Cuando esa pregunta no tiene respuesta, la energía se vuelve ruido. El movimiento pierde dirección. El entrenamiento se vuelve repetición vacía. El esfuerzo ya no construye: erosiona.

Por eso no todo cansancio se arregla durmiendo más o comiendo mejor. A veces el cuerpo no está cansado de gastar energía, sino de no ser considerado. De ser tratado como medio y no como lugar.

EL CUERPO PIDE COSAS QUE NO ENTRAN EN LA FÓRMULA

La energía no necesita ser mirada.El cuerpo, sí.

Necesita reconocimiento.Necesita contacto.Necesita pausas que no se vivan como fallas.Necesita límites que no se sientan como castigo.

El cuerpo no es solo un sistema metabólico. Es un sistema afectivo. Aprende rápido qué contextos lo cuidan y cuáles lo usan. Se abre en unos, se cierra en otros. Coopera cuando se siente parte de algo. Resiste cuando se siente explotado, aunque sea por uno mismo.

Por eso hay entrenamientos que, con menos intensidad, dejan sensación de plenitud. Y otros, técnicamente impecables, que dejan vacío. No es magia. Es relación.

La energía no entiende de vínculos.El cuerpo, sí.

Tal vez por eso el discurso de la energía infinita resulta tan violento cuando se aplica sin matices. Porque borra lo más humano del cuerpo: su necesidad de ser alojado, no solo activado.

El cuerpo no quiere ser gestionado todo el tiempo. Quiere ser habitado.

Cuando se le trata solo como energía, responde como puede: con fatiga crónica, con lesiones, con apatía, con esa forma rara de cansancio que no se va ni descansando. No porque esté roto, sino porque está mal leído.

ENERGÍA SOBRA, CUERPO FALTA

Vivimos en una época que celebra el impulso y desprecia la pausa. Que admira la intensidad y sospecha del límite. En ese contexto, hablar de las necesidades del cuerpo suena casi subversivo.

Pero el cuerpo insiste.Siempre insiste.

No pide menos energía.Pide otra relación con ella.

Pide que el movimiento no sea solo gasto, sino expresión.Que el entrenamiento no sea solo estímulo, sino diálogo.Que el esfuerzo no sea una prueba moral, sino una experiencia con sentido.

La energía empuja hacia adelante sin mirar atrás.El cuerpo carga con la historia completa.

Por eso conviene recordarlo, incluso —o sobre todo— en el deporte: no todo se resuelve con más energía. A veces lo que falta no es impulso, sino cuidado. No es fuerza, sino lugar. No es combustible, sino mesa.

La energía puede moverlo todo.Pero solo el cuerpo sabe cómo vivir ese movimiento.

Ignorar eso no vuelve al cuerpo más eficiente.Lo vuelve silenciosamente resistente.

Y el cuerpo, cuando se cansa de resistir, siempre encuentra la manera de hacerse escuchar.

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