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El peligro de abrir la cartera en la NFL

La difícil decisión de abrir la cartera para pagar una fortuna a un jugador en la NFL

Es verdad que son pocos los temas cuando nos encontramos en esta etapa de la temporada baja, pero siempre surge algo que nos inquieta la mente y nos motiva a hacernos preguntas, y en esta ocasión es un asunto delicado: la decisión de abrir la cartera en serio para mantener a algún jugador en el equipo.

Puede ser que si se trata de un elemento que a lo largo de los años ha demostrado un alto nivel y capacidad a toda prueba para ganar, como sucedió en su momento con Patrick Mahomes, el quarterback de Kansas City; Christian McCaffrey, corredor de San Francisco; o Josh Allen, quarterback de Buffalo, por sólo nombrar algunos, la directiva y principalmente el dueño del equipo no tengan inconvenientes en hacerlo; sin embargo llegamos al punto de interés de esta columna semanal: ¿qué sucede cuando la extensión de contrato de algún jugador esta sobre la mesa como el tema central, y más delicado aún, cuando se trata de la llamada opción del quinto año, es decir, cuando un novato que, ha jugado ya tres temporadas, debe ser evaluado para recibir ese contrato que lo liga al club por varios años pero ya con un salario por encima de los llamados contratos de novato?

Como se sabe, a un novato se le da un contrato inicial por cinco años, pero después de los tres primeros, el equipo debe decidir si le ofrece el verdadero acuerdo $$$ que lo ligará al equipo después de haber pasado la prueba.

A LA PUERTA DEL CLUB DE LOS MILLONARIOS

Y la situación que nos ocupa en esta ocasión se dio porque trascendió que dos equipos se encuentran en dicha situación: los Texanos de Houston y las Panteras de Carolina, ya que sus mariscales de campo, CJ Stroud y Bryce Young, respectivamente, se encuentran en ese tenso momento de firmar el gran contrato de un pasador que, supuestamente, es el jugador franquicia, y por ende al ser mariscal de campo, representa el acuerdo más caro para el equipo.

Ningún contrato, dentro de las numerosas posiciones existentes, se compara al del quarterback, y es harto razonable si se toma en cuenta que es quien dirige al equipo, es la posición más demandante quizá en todos lo deportes a nivel intelectual y la cara de la franquicia, que se acepte o no, también vende la imagen y los boletos del conjunto.

La encrucijada en el tema que nos ocupa es: ¿tanto Stroud como Young merecen desde ya ese super contrato de más de 60 millones de dólares anuales? Para algunos es lo más lógico, pues han sido elegidos desde hace tres años como sus jugadores franquicia, para otros, aún presentan dudas sobre su juego y capacidad.

Las carreras de ambos han acontecido de manera muy diferente, pues mientras que Stroud fue de impacto inmediato en 2023 al ser designado Novato Ofensivo del Año, Young tuvo un inicio errático, incluso mandado a la banca y con el estigma sobre su persona de que no era del agrado del coach en turno, Frank Reich. Young fue una elección del dueño David Tepper, no de Reich. El pleito fue tal que el equipo terminó por despedir al coach.

No obstante, con el paso de estos tres años, la realidad es que Stroud al parecer ha estancado su desarrollo, mientras que Young ha avanzado, y en gran medida se debe a la llegada del coach Dave Canales. Aún así, la pregunta persiste y es: ¿ambos merecen ya un contrato enorme de acuerdo a lo que dictan las regla de oferta y demanda en la NFL en esta situación? Los agentes de los jugadores abogarán porque si, pero la realidad, desde el punto de vista de Sin Tiempos Fuera, es que aún no.

Y para responder vayamos a lo siguiente: al parecer esto de los contratos se ha vuelto una moda y, peor aún, una guerra de egos por lograr el acuerdo monetario más elevado posible, aunque la cuestión es, ¿cuántos realmente lo valen o lo merecen?

NO TODOS LO VALEN

¿Cuántos están por arriba de los 50 mdd anuales? Aquí la respuesta y que cada quien saque sus conclusiones: Dak Prescott de Dallas (el único de más de 60 mdd anuales), Jordan Love de Green Bay, Trevor Lawrence de Jacksonville, Jared Goff de Detroit, Josh Allen de Buffalo. Joe Burrow de Cincinnati, Tua Tagovailoa de Atlanta (contrato obtenido con Miami), Lamar Jackson de Baltimore, Justin Herbert de LA Cargadores y Brock Purdy de San Francisco.

Y de estos, ¿ quién realmente lo merece?

Quizá sólo aquellos que ya han disputado un Super Bowl o un juego de Campeonato de Conferencia, ¿y quiénes se encuentran en ese nivel? Goff, Allen, Burrow, Jackson, Purdy, nadie más. ¿Y entonces, qué hay de los demás, de esos que ahora son archi millonarios? Pues bien, no cabe duda que son la mera y simple consecuencia de una descontrolada escalada en los contratos, porque al agente de cada jugador no le importa si su cliente realmente es un pasador con potencial de Super Bowl, sino uno que cumple con los números para equipararlo con los grandes como Mahomes de Kansas City o Matthew Stafford de LA Carneros, quienes por cierto ya no se ubican en el top 10 de los mejor pagados. ¿Eso es justo? Por supuesto que no, pero es la ley económica de la NFL, es la dinámica del encarecimiento de los acuerdos contractuales que sigue una peligrosa espiral hacia el cielo de los dólares, impulsada por la insaciable avaricia de los agentes de los jugadores. Tal vez ningun caso se compara al de Prescott con Dallas, nunca ha pasado más allá de la ronda de Comodines en playoff.

OTROS TIEMPOS, OTRAS CONDICIONES

Los tiempos han cambiado y mucho, y no pocos creen que el nivel del futbol americano también y que antes era superior.

Antaño el mejor pagado era aquel que se lo había ganado. Uno de los mejores ejemplos de ello es quizá el caso de Joe Montana en San Francisco, que sólo hasta después de ganar su cuarto Super Bowl fue premiado por su equipo al convertirlo en el quarterback mejor pagado de la historia, allá en 1990.

Por esa razón, la pregunta persiste: ¿CJ Stroud y Bryce Young de verdad merecen un contrato por encima de los 60 mdd anuales? ¿Qué han hecho, qué han demostrado, qué han ganado de real valor para sus equipo? La respuesta es cruel pero real: nada fuera de lo común, quizá un título de sus erráticas divisiones, tal vez un juego de playoff, pero ¿han demostrado consistentemente que pueden mantener un nivel elevado para aspirar a las alturas en la postemporada?.

Algunos ejecutivos de la NFL han opinado que ambos equipos, Houston y Carolina, deben esperar quizá otro año para evaluar mejor a sus “supuestos mariscales franquicia”, lo que podría desembocar en una relación tensa entre jugador y equipo, aunque quizá sea lo más razonable, toda vez que tras lo acontecido con jugadores como Tagovailoa en Miami, Kirk Cousins en Atlanta o Killer Murray en Arizona, demostró que en varias ocasiones las directivas de las franquicias abren demasiado rápido la cartera y al final terminan perdiendo, como en los casos citado, principalmente con Tagovailoa.

Seguramente dichas extensiones de contrato para Stroud y Young serán tema durante esta temporada baja y su resultado podría ser un auténtico volado. Sólo reflexionemos en esto: Stroud sigue viviendo del éxito que tuvo en su temporada de novato, mientras que Young por un buen año que apenas logró en la última temporada. ¿Eso es una muestra suficiente para evaluarlos?

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