
En el otoño de 1961, Bled, Yugoslavia, fue escenario de uno de los torneos más fascinantes de la historia del ajedrez. Apenas unos meses antes, Tal había perdido la corona mundial ante Botvinnik con un contundente 13-8. Paradójicamente, aquel match de revancha cayó en el olvido, eclipsado por el deslumbrante duelo de 1960 que había catapultado al letón al trono mundial. Difícilmente se encontrará un aficionado que muestre el menor interés por él.
UNA GUERRA DE MANIOBRAS LENTAS
Sin embargo, aquella derrota tenía un sabor particular. Tal llegó al match con los riñones deteriorados; sus médicos le habían aconsejado postergar la contienda, pero el orgullo del campeón se negó. Botvinnik, meticuloso como siempre, transformó cada partida en una guerra de maniobras lentas y finales técnicos, el terreno más inhóspito para el genio táctico letón. Muchos aficionados consideran aquella derrota un accidente histórico comparable al match de 1935 en que Euwe arrebató el título a Alekhine: el holandés aprovechó un campeón en plena debacle alcohólica, y dos años después este recuperó la corona con facilidad. Con Tal, el guión fue parecido: un campeón circunstancialmente disminuido, un título que nunca debió perderse.
Bled fue la respuesta del Mago de Riga. Repuesto parcialmente de sus dolencias, Tal desplegó todo su arsenal combinativo devastador, acumulando once victorias y cediendo apenas una derrota. Terminó con 14½ puntos de 19 posibles, una demostración de poder abrumadora.
BOBBY FISCHER, LA SORPRESA
Pero la figura que dejó a todos con la boca abierta fue un jovencísimo Bobby Fischer, de apenas 18 años. El americano completó el torneo invicto, una hazaña extraordinaria en semejante campo de batalla. Sin embargo, sus ocho victorias no bastaron: terminó un punto entero por detrás de Tal. Es difícil no preguntarse qué habría ocurrido si Fischer hubiera convertido alguno de sus empates en victoria. La historia del ajedrez pudo haber tomado otro rumbo en aquellas montañas eslovenas.
Bled 1961 quedó grabado como el torneo del renacimiento de Tal y la irrupción definitiva de Fischer en la élite mundial.
Fischer - Geller
1.e4 e5 2.Nf3 Nc6 3.Bb5 a6 4.Ba4 d6 5.0–0 Bg4 6.h3 Bh5 7.c3 Qf6 (Algunos comentarios de Fischer: “ Geller parecía feliz con su innovación”)
8.g4 (“Me percaté del peligro inherente en debilitar mi flanco de rey, pero consideré que podía aprovechar el retraso en el desarrollo de las negras.”)
8….Bg6 9.d4 Bxe4 10.Nbd2 Bg6 [10...Bxf3 11.Nxf3 e4 12.Re1 d5 13.Bg5 y 14.c4 es devastador]
11.Bxc6+ bxc6
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12.dxe5 (Fischer cede la tensión prematuramente, aunque la continuación es sólida y difícilmente criticable. El propio Fischer descubrió después la contundente 12.Da4, sin llegar a calibrar su verdadero alcance.)
12….dxe5 13.Nxe5 Bd6 14.Nxg6 (14.Cdf3, sosteniendo la tensión por segunda ocasión en la partida, era superior — algo que Fischer nunca llegó a sospechar.)
14...Qxg6 (“Geller pensó media hora y dejó de sonreír”)
15.Re1+ Kf8 16.Nc4 h5 17.Nxd6 cxd6 18.Bf4 d5 19.Qb3 hxg4 20.Qb7 gxh3+ 21.Bg3 Rd8 22.Qb4+ 1 – 0