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A más de 40 años de la tragedia del túnel 29 en Ciudad Universitaria, el recuerdo de las ocho personas fallecidas vuelve a cobrar relevancia tras la final Pumas vs Cruz Azul y rumbo al Mundial 2026, donde la seguridad en los estadios sigue siendo uno de los mayores retos

CU y la evolución de la protección civil: de una tragedia olvidada a los retos del Mundial

Estadio Olímpico Universitario

26 de mayo de 1985, Ciudad Universitaria.

Ese día miles de aficionados llenaron el Estadio Olímpico Universitario para uno de los partidos más esperados de la temporada: la vuelta de la final entre Pumas y América. El clásico capitalino llegaba empatado tras el 1-1 en el Estadio Azteca y la expectativa era enorme.

Horas después, Ciudad Universitaria no hablaría del resultado en la cancha, sino del caos, las estampidas y las fallas que convirtieron al estadio en escenario de una tragedia.

La tragedia del túnel 29

Meses antes del terremoto que transformaría para siempre la manera en que México entiende la protección civil, el Olímpico Universitario ya había dejado una advertencia sobre los riesgos de las emergencias masivas.

Según reportes de medios de la época, aquel domingo ingresaron cerca de 90 mil personas al estadio, cuya capacidad rondaba los 73 mil asistentes. La sobreventa, la reventa y la circulación de boletos falsificados provocaron que las medidas de seguridad se vieran rebasadas desde antes del inicio del partido.

El problema se concentró en el túnel 29, uno de los accesos hacia la parte alta del estadio, cerca del pebetero olímpico. Mientras algunos aficionados intentaban entrar por cualquier vía —incluso escalando zonas cercanas al mural de Diego Rivera— otros ya no tenían espacio para avanzar dentro de las gradas. Sin saber lo que ocurría más adelante, la multitud siguió empujando desde atrás.

El túnel se convirtió en una trampa.

Entre empujones, golpes, falta de oxígeno y pánico, decenas de personas quedaron atrapadas entre la multitud. Las cifras continúan siendo confusas debido a las diferencias entre reportes periodísticos y versiones oficiales; sin embargo, el saldo más citado habla de ocho personas fallecidas y alrededor de 70 heridos.

Entre las víctimas se encontraban al menos tres menores de edad.

Ese no fue el único incidente ocurrido aquella tarde. Distintos medios reportaron riñas, saqueos y enfrentamientos en las inmediaciones de Ciudad Universitaria.

A pesar de la magnitud de la tragedia, el partido se disputó con normalidad y terminó 0-0. Días después, América conseguiría el bicampeonato en Querétaro, pero el 26 de mayo de 1985 quedaría marcado como una de las peores tragedias en la historia del fútbol mexicano.

“La fiesta había seguido mientras, a unos metros, la muerte trabajaba en silencio”

Francisco era voluntario de la Cruz Roja Mexicana aquella tarde. Recuerda haber salido de una guardia nocturna junto a otros compañeros cuando decidieron ir al partido aprovechando que una ambulancia se dirigía hacia el sur de la ciudad.

“Todavía no existían esas rejas de hoy, ni la paranoia arquitectónica que después se volvió costumbre”, recuerda.

Dentro del estadio, asegura, nunca supieron lo que estaba ocurriendo en el túnel 29.

“Ni un anuncio. Ni un rumor. Ni siquiera esa ola eléctrica que recorre a la gente cuando sabe que algo terrible pasó. La fiesta había seguido mientras, a unos metros, la muerte trabajaba en silencio”.

El socorrista relata que al salir del estadio comenzaron a notar algo extraño: ambulancias, movimiento inusual y silencio entre los cuerpos de emergencia.

Poco después supieron lo ocurrido.

Según su testimonio, una de las primeras ambulancias que llegó al túnel encontró a decenas de personas atrapadas entre la multitud y realizó el llamado de emergencia para solicitar apoyo masivo.

“Pidió clave 100. En esos tiempos esa llamada era un disparo al corazón de la ciudad”, recuerda.

Minutos después llegaron más de 25 ambulancias, además de elementos policiacos y cuerpos de emergencia.

Los reportes de la época señalan que la Cruz Roja atendió a decenas de personas en el lugar y trasladó lesionados a hospitales como Xoco y el hospital de Polanco.

Francisco asegura que gran parte de la tragedia ocurrió mientras miles de aficionados seguían dentro del estadio sin enterarse de lo sucedido.

“La ciudad de México de 1985 tenía esa costumbre: seguía caminando, aunque debajo del pavimento ya se estuviera abriendo el abismo”.

El antecedente de una nueva era de protección civil

La tragedia del túnel 29 no provocó grandes sanciones ni suspensiones importantes para las autoridades responsables. Sin embargo, sí marcó un antes y un después en la organización de eventos masivos en México.

En mayo de 1985 todavía no existía el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), creado oficialmente meses después tras el terremoto del 19 de septiembre. La seguridad en estadios dependía principalmente de cuerpos policíacos sin capacitación especializada en manejo de multitudes, enfocados más en la contención que en la evacuación.

La decisión de cerrar los accesos del túnel 29 durante el caos terminó convirtiendo el espacio en una trampa de compresión humana: mientras la multitud seguía empujando desde atrás, cientos de personas quedaron atrapadas sin posibilidad de salida.

Con el paso de los años, tragedias como la ocurrida en Ciudad Universitaria impulsaron cambios importantes en los protocolos de seguridad.

Tras 1985 comenzaron a implementarse mejores controles de aforo, filtros de acceso, rutas de evacuación y nuevos mecanismos de coordinación entre autoridades, cuerpos de emergencia y organizadores. El Olímpico Universitario modificó sus accesos y reforzó medidas de control, mientras que la cultura de protección civil en México comenzó a transformarse.

Décadas después, la seguridad en los estadios mexicanos funciona bajo una lógica completamente distinta.

Actualmente, inmuebles de Primera División cuentan con sistemas de videovigilancia enlazados a centros de monitoreo como el C5, controles digitales de acceso, cámaras inteligentes y protocolos coordinados entre Protección Civil, policías y servicios médicos. Tras los hechos de violencia ocurridos en el Estadio Corregidora en 2022, la Liga MX aceleró además la implementación del FAN ID, un sistema de registro ligado a reconocimiento facial y validación digital de identidad para reducir el anonimato dentro de los estadios.

De cara al Mundial de 2026, México también deberá operar bajo estándares internacionales de seguridad establecidos por FIFA, entre los que destacan los anillos de seguridad perimetral, monitoreo en tiempo real, segmentación de flujos de asistentes y certificaciones de evacuación que obligan a los estadios a garantizar desalojos rápidos y ordenados ante cualquier emergencia.

Paradójicamente, algunas de las medidas modernas de protección civil contradicen la lógica de seguridad que predominaba en los años ochenta. Hoy, por ejemplo, FIFA recomienda eliminar rejas y barreras interiores para evitar que una multitud quede atrapada durante una situación de pánico, tal como ocurrió en el túnel 29.

Una nueva final capitalina en el olímpico

A más de cuatro décadas de distancia, la tragedia del Olímpico Universitario permanece como un recordatorio de los riesgos que aparecen cuando la seguridad queda rebasada por la improvisación. Y aunque los protocolos han evolucionado enormemente desde 1985, los incidentes ocurridos durante la final del Clausura 2026 entre Pumas y Cruz Azul demostraron que el manejo de multitudes continúa siendo uno de los mayores desafíos en los eventos masivos.

Para el encuentro disputado en Ciudad Universitaria, la Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó más de 3 mil elementos de seguridad, además de unidades del ERUM, patrullas, motocicletas y sistemas de vigilancia como parte del operativo “Estadio Seguro”.

Sin embargo, al finalizar el partido se registraron riñas, agresiones entre aficionados, empujones, intentos de reventa, caos en las salidas y decenas de detenidos, principalmente por alteración del orden público.

Videos difundidos en redes sociales mostraron agresiones y otras faltas, creando momentos de tensión en los alrededores del estadio.

Aunque la magnitud y contexto son completamente distintos a los de 1985, los hechos evidenciaron que incluso bajo protocolos modernos, cámaras de vigilancia, FAN ID y operativos masivos, el comportamiento de las multitudes sigue representando un reto complejo para las autoridades.

La diferencia es que hoy la seguridad en los estadios ya no depende únicamente de la reacción improvisada de policías o cuerpos de emergencia. Actualmente existen controles digitales de acceso, monitoreo en tiempo real, coordinación interinstitucional y estándares internacionales impulsados rumbo al Mundial de 2026.

Aun así, la historia del túnel 29 sigue planteando una pregunta incómoda: qué tanto puede prevenir realmente la tecnología cuando el miedo, el caos o la violencia colectiva terminan desbordando cualquier operativo.

Porque más de 40 años después, Ciudad Universitaria sigue recordando que una multitud nunca deja de ser impredecible.

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