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En una jornada pletórica en el Deportivo Alfredo Harp Helú de la UNAM, la Selección Nacional estrena piel con un épico triunfo ante Trinidad y Tobago; las Panteras de la UAM se coronan en el Interuniversitario COX 2026.

El rugido de las Serpientes: el rugby femenino ilumina el futuro del deporte en México

RUGBY FEMENINO. Jugadoras de la selección de México controlan el balón durante un partido con la selección de Trinidad y Tobago, en Ciudad de México (México). El rugby femenino vivió una jornada de impulso en el Deportivo Alfredo Harp Helú de la UNAM, en la Ciudad de México. EFE/ Sáshenka Gutiérrez (SÁSHENKA GUTIÉRREZ/EFE)

El óvalo de cuero vuela por los aires capitalinos, desafiando no solo la gravedad, sino el anonimato. Hay deportes que se juegan con las manos, otros con los pies, pero el rugby femenino en México se juega, fundamentalmente, con el corazón y el orgullo. El emblemático Deportivo Alfredo Harp Helú de la UNAM se convirtió en el epicentro de una metamorfosis deportiva, al albergar una jornada doble que no solo entregó campeonas universitarias y un triunfo internacional, sino la certeza de que este deporte ya no es un esfuerzo aislado: es un movimiento imparable.

La tarde comenzó con la efervescencia de la sangre nueva. Seis de las escuadras universitarias más competitivas del país se batieron en el césped por la gloria del Interuniversitario COX 2026. El choque definitivo fue una estampa de entrega pura. En una final de alta intensidad que sirvió como el prólogo perfecto para la cartelera estelar, las Panteras de la UAM rugieron con fuerza y se quedaron con el título tras someter en un duelazo a las combativas Búfalas de la UNAM.

Una armadura que abre caminos

El clímax simbólico de la jornada llegó con la presentación de la nueva armadura de la Selección Mexicana Femenina. Una camiseta blanca inmaculada, surcada por destellos verdes, que luce con orgullo el logotipo de COX al frente y la serpiente de la Federación Mexicana de Rugby como un emblema de identidad indomable.

“Portar la camiseta de la selección no es solo representar a un equipo, a un país; conlleva una gran responsabilidad. Y no solo eso, sino que además abre camino a muchas mujeres, a niñas, a jóvenes que tienen un sueño y que saben que pueden llegar hasta aquí”, expresó con emotividad Paola Martínez Castro, directora de Comunicación y Responsabilidad Social de COX.

Para la directiva, este respaldo es la evolución natural de Destella, un programa social nacido en 2024 con la firme convicción de democratizar el desarrollo del rugby entre las mujeres. “Darle visibilidad a este deporte y a las mujeres que se dedican a él permite inspirar a jóvenes y a niñas a saber que sí se puede, y que esta también es una vía para crecer dentro y fuera de la cancha”, apuntó.

La alianza no es una coincidencia corporativa, sino una comunión de principios. En el campo y en la vida, el rugby exige trabajo en equipo, respeto absoluto al rival y la disciplina inquebrantable de empujar siempre hacia adelante, ganando yarda por yarda.

Sangre, sudor y el sabor de la recompensa

Para las jugadoras, el nuevo uniforme es mucho más que una prenda textil; es un testimonio de resistencia. María Pruijn, pilar del seleccionado nacional, resume la mística del grupo con una filosofía conmovedora:

“El uniforme siempre lo decimos: nunca sabes si es tu primera vez y también tu última, o si aunque te lo hayas puesto diez veces, esta nueva vez va a ser la última. Por eso, cada vez debe ser sumamente especial”.

Pruijn pertenece a una generación de guerreras que ha pasado más de una década picando piedra, lidiando con la escasez de recursos y remando contra la corriente para que el rugby sea reconocido en nuestro país. “Llevamos años y años buscando nuevas oportunidades, que el rugby se conozca. Tener algo tan grande hoy es increíble; se siente como un premio a tanta resistencia”, añadió.

El estreno de la indumentaria no pudo ser más idílico. Las Serpientes mexicanas saltaron al campo inspiradas y plasmaron una cátedra de agresividad ofensiva y orden defensivo para doblegar a la poderosa escuadra de Trinidad y Tobago por un contundente 29-17. La victoria coronó una tarde redonda, dejando en claro que el rugby femenino en México ya no solo busca jugadoras en las aulas, sino que reclama público, conversación y un espacio definitivo en los medios.

Del plano comunitario al alto rendimiento

El fenómeno que se vive en México no es una anomalía, sino el reflejo de una marea mundial. Según el informe global ‘Women’s Rugby: A Blueprint for Growth’ de World Rugby, el 49% de los aficionados actuales al rugby femenino comenzó a seguir la disciplina apenas en los últimos dos años. El crecimiento es exponencial.

Sin embargo, en el plano doméstico los retos siguen siendo monumentales. Pablo Septién, presidente de la Federación Mexicana de Rugby, reconoció a este diario que el camino apenas comienza y que las alianzas estratégicas son el oxígeno del proyecto.

“Lo que tenemos que hacer es incrementar toda lo que es la participación del rugby femenino, desde el plano comunitario hasta el alto rendimiento”, explicó el dirigente. Septién admitió que el principal tacle que deben romper es el de los prejuicios y el desconocimiento general del deporte.

“Hoy dependemos muchísimo del voluntariado. Para competir a nivel internacional de manera consistente y tener entrenadores en distintos rincones del país, se tienen que ir creando estos apoyos institucionales y privados. Solo así se podrá estructurar una preparación profesional”, concluyó.

La jornada en el Harp Helú cerró los reflectores, pero abrió una certeza: las mujeres del rugby mexicano ya no piden permiso para avanzar; están conquistando el terreno de juego con la fuerza de su propio talento.

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