
La noche de este miércoles vivimos una auténtica fiesta latina, cortesía de los amigos colombianos. El Estadio Azteca se pintó por completo de amarillo, convirtiendo a los “cafetaleros” en locales; su himno nacional retumbó en las entrañas del estadio como pocas veces lo hemos escuchado con una selección que no sea la mexicana. Tomaron por completo al “Coloso de Santa Úrsula” y lo hicieron suyo, asumiendo con orgullo la mexicanísima frase de “mi casa es tu casa”.
Así iniciaron las acciones de la escuadra sudamericana enfrentando a Uzbekistán. James Rodríguez se presentó como la gran figura, aunque tuvo discreta participación. Si bien Colombia registró una posesión del balón del 67%, poco lo reflejó en el marcador. La más clara hasta el minuto 31 fue un disparo a la base del poste, obra de Luis Díaz. Fue hasta el minuto 41 cuando una jugada —que por milímetros no resultó fuera de lugar— permitió que un potente disparo de Daniel Muñoz rompiera el cero, provocando el estallido de júbilo en el Azteca.
Reacción asiática y respuesta cafetera
El empate llegó al minuto 61 por conducto del uzbeko Abbosbek Fayzullaev, silenciando momentáneamente el estadio con el festejo de una pequeña, pero ruidosa, porción de aficionados de Uzbekistán, ubicados en un reducido sector de la tribuna.

Sin embargo, la respuesta fue inmediata. Al minuto 66, nuevamente Luis Díaz apareció para marcar el tanto del desempate, desatando la locura en las gradas del recinto de Santa Úrsula Coapa.
Sentencia en el cierre y autocrítica del banquillo
Ya en el tiempo de compensación, Campaz selló la victoria por 3-1 a favor de los sudamericanos, culminando una noche festiva para la afición cafetera en la capital mexicana.
Más allá de la diferencia en el marcador, el director técnico colombiano, Néstor Lorenzo, admitió que su equipo aún tiene mucho por trabajar, especialmente en la contundencia y definición de cara al arco rival, dejando claro que el resultado no oculta las áreas de mejora.