
Estamos a poco más de tres meses arrancar la temporada 2026 de la NFL y con ella veremos el debut de 10 entrenadores en jefe: Mike LaFleur con Arizona, Kevin Stefanski con Atlanta, Jesse Minter con Baltimore, Joe Brady con Buffalo, Todd Monken con Cleveland, Klint Kubiak con Las Vegas, Jeff Hafley con Miami, John Harbaugh con NY Gigantes, Robet Saleh con Tennessee y Mike McCarthy con Pittsburgh.
Cada uno llega con la misión, obvia, de hacer un mejor papel que su antecesor, armar un equipo que sea contendiente, quizá clasificar a la postemporada, pero ¿qué hay de aquellos a los que se les pide, desde ya, ganar el Super Bowl?
Sí, no es mentira ni exageración. A lo largo de los años, y más en la actualidad, es una exigencia de los dueños, de los gerentes generales, siempre y cuando se piensa que el equipo esta ya en condiciones de alcanzar tales alturas dada la mera en que esta conformada su plantilla. Digamos que sólo hace falta el cerebro que sepa coordinar el capital humano existente para sacarle el mejor provecho, y en 2026 esa visión no es la excepción.
De la decena de entrenadores citados arriba, tres tienen la presión no sólo de lograr una gran temporada, el encargo es ser campeón.
¿Y por qué? Pues porque al menos en el papel, los equipos a los que llegaron “están más que completos y con la famosa ventana de Super Bowl aún abierta”. Ellos son McCarthy en Pittsburgh, Brady en Buffalo y Minter en Baltimore. La expectativa ahí está; la realidad no la sabemos y por eso la pregunta: ¿de verdad podrán lograr la encomienda para la que fueron contratados.
UN ALQUIMISTA EN PITTSBURGH
Desde hace unos años se sabe que los Acereros han conformado un equipo sólido en la mayoría de sus posiciones, especialmente a la defensiva, que es de calibre de campeonato; sin embargo ha sido su ataque el que ha fallado, no en vano sus recientes fracasos en los momentos importantes han sido del lado ofensivo. En pocas palabras, no han conseguido transformar en oro el acero. La paciencia se agotó para la familia Rooney (los dueños) y decidieron traer a un coach de filosofía ofensiva como McCarthy, dejando atrás a Mike Tomlin, netamente defensivo.
La esperanza es que con McCarthy, reuniéndose de nuevo con su ex mariscal Aaron Rodgers (juntos en Green Bay hace ya varios años), logre el objetivo de ganar el Super Bowl. Hacerlo o no, es una apuesta arriesgada, y aquí no vamos a jugar al adivino. Lo único que podemos afirmar es que McCarthy no ha tenido un verdadero éxito desde sus años con los Empacadores, pues con los Vaqueros tuvo destellos y nada más. Ahora, regresa tras un año fuera del ritmo del futbol americano a nivel operativo, y si a eso le agregamos un mariscal de campo de 42 años. El panorama no es muy alentador.
¿EL REMEDIO ESTABA EN CASA?
La oficina de los Bills, al igual que la de muchos equipos, como los Vaqueros, creyó que la solución estaba dentro de su estructura, de su staff de coacheo, y tras el adiós de Sean McDermoth, decidieron dejarle el timón a su coordinador ofensivo, Joe Brady.
La situación es muy parecida a lo que sucedió en Dallas hace un año: le dieron las gracias a McCarthy y ascendieron a Brian Schottenheimer, su coordinador ofensivo, como head coach. Resultado: los Vaqueros ni siquiera llegaron a los playoffs.
En Buffalo creen que la fórmula si dará dividendos, y que quizá la inminente juventud de Brady (apenas 36 años) será un detonante para impulsar a un equipo que no puede dar el último salto para llegar al Super Bowl.
Los directivos de los Bills se hartaron de McDermoth y creyeron que su ciclo y sistema con el equipo estaba desgastado, por lo que creen que era necesario un cambio de aire, de líder, de visión. Quizá tengan razón, pero ¿de verdad piensan que un chico de 36 años, casi contemporáneo de sus jugadores, tendrá la capacidad de liderar tal empresa? El único caso similar que recuerdo es el de Sean McVay cuando se convirtió en coach de Los Ángeles Carneros a la edad de 30 años, y vaya que ha sido exitoso.
¿NUEVOS AIRES Y MENOR DISCIPLINA?
Lo sucedido con los Cuervos fue muy diferente a las situaciones de Acereros y Bills, donde las directivas tomaron la decisión. Digamos que aquí fue por la presión de los jugadores, quienes tras la salida de John Harbaugh señalaron que, a pesar de reconocer que Harbaugh es un gran entrenador, ya no se encontraban satisfechos con él, pues cuentan que su preparación era tan estricto que no les permitía tener una real recuperación física, al grado que varios lesionados debían mantenerse en acción aún sin sanar completamente. Mucho se dijo que varios de los problemas de Lamar Jackson, su pasador, fueron por ese tipo de entrenamiento. No en vano también se comentó que había ya una ruptura entre ambos personajes, y como suele suceder en estos casos, pesa más la figura del jugador que la del entrenador.
Llega Jesse Minter, con apenas 43 años, y con la misión de llevar a Baltimore, al igual que Brady en Buffalo, al siguiente nivel: un Super Bowl. Minter fue hasta el año anterior el coordinador defensivo de Los Angeles Cargadores, por lo que se espera mantendrá esa solidez en el departamento del equipo. Asimismo, es un tipo conocido entre los Cuervos, pues durante algún tiempo fue asistente del mismo Harbaugh. La pregunta es la misma: ¿logrará el objetivo? Sin más, dependerá de que tan sano puede mantenerse Jackson, porque no hace falta hacer mucho análisis para darse cuenta de que Baltimore es uno con Jackson y otro sin él. Minter ha prometido que las prácticas serán más relajadas, más enfocadas en los juegos y no tanto en un desgaste físico durante la preparación. Veremos hasta donde es cierto eso y si dará resultados.
DEL DEBUT AL SUPER BOWL
Como hemos dicho, la presión sobre esos tres entrenadores es absoluta no sólo para montar equipos contendientes, sino para llegar al Super Bowl, y en todo caso ganarlo. De ese tamaño.
Pero siendo sinceros, ¿cuántas veces ha sucedido algo así? Muy pocas, aunque si se ha dado. El caso más conocido fue el de Gary Kubiak, cuando fue contratado en 2015 por el entonces gerente general de los Broncos, John Elway, con el sólo objetivo de obtener el Super Bowl para Denver.
El equipo estaba más que completo, con una defensiva sólida y un ataque muy productivo al mando de un Peyton Manning que, todo sabían, le quedaba poco tiempo. Con John Fox como coach, habían llegado a un Super Bowl (48), pero se quedaron cortos. Elway confiaba en Kubiak, su ex suplente cuando juntos jugaron en Denver, y posteriormente su coordinador ofensivo cuando Elway ganó dos Super Bowls consecutivos (32,33).
Kubiak cumplió, llegó en 2015 y ganó el Super Tazón 50 con un Manning muy mermado, pero ganó.
Otros casos, aunque más esperados, fueron los de George Seifert en San Francisco, supliendo a Bill Walsh, y el de Barry Switzer en Dallas, quien tomó la estafeta de Jimmy Johnson. Ambos heredaron equipos armados, embalados, en ritmo y enrrachados. Seifert ganó el SB 24 en 1989 y Switzer el SB 30 en 1995.