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Para entender los Juegos Centroamericanos y del Caribe

Santo Domingo: los Juegos empiezan antes de la ceremonia

RESPIRANDO CLORO Y PATRIA. Desde el 20 de julio ya había competencia de polo acuático varonil y femenil.

Las ceremonias tienen una vanidad comprensible: creen que inauguran lo que nombran. Entran con música, protocolo, autoridades, uniformes, bandera, fuego y discursos que intentan convencer al mundo de que nada existía cinco minutos antes.

Pero el deporte suele ser menos obediente.

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 tuvieron su inauguración oficial el 24 de julio, pero el cuerpo empezó antes. El calendario no esperó al discurso. Desde el 20 de julio ya había competencia de polo acuático varonil y femenil. Es decir: mientras la ceremonia todavía ensayaba solemnidad, unas atletas ya estaban nadando, marcando, defendiendo, respirando cloro y patria.

La antorcha prende bonito. El atleta ya venía sudando.

Ese pequeño desfase dice mucho. La ceremonia inaugura para la televisión; la competencia inaugura para el cuerpo. Una necesita público, cámara y tribuna. La otra necesita horario, rival y pulmones. A veces el deporte empieza sin pedir permiso al espectáculo, quizá porque sabe que la épica no siempre llega peinada.

EL CALENDARIO NO SABE POSAR

Santo Domingo recibe una edición enorme: 40 disciplinas y más de 6,500 deportistas. Dicho así parece un dato administrativo, una cifra de boletín. Pero detrás hay algo más inquieto: cuarenta maneras distintas de poner al cuerpo en problemas.

Porque no todos los deportes piensan igual. El atletismo discute con el tiempo. El boxeo negocia con el miedo. El ajedrez organiza una guerra sentada. El polo acuático convierte la respiración en estrategia. El tiro con arco le pide calma a una mano que carga país. El netball, el boliche, el squash, el surf, el rugby, el canotaje y el ráquetbol recuerdan que la región no compite sólo en los deportes que la televisión aprendió a pronunciar.

EL CALENDARIO, POR SUERTE, ES MÁS DEMOCRÁTICO QUE EL RATING

Ahí caben disciplinas visibles y disciplinas casi clandestinas; deportes con himno propio y deportes que deben explicar sus reglas cada cuatro años; atletas que llegan con nombre conocido y otros que primero deben convencer al público de que su disciplina también merece emoción.

Los Juegos Centroamericanos son eso: un país grande de deportes pequeños, medianos, raros, antiguos, nuevos, acuáticos, violentos, silenciosos, veloces, técnicos. Una comarca donde el cuerpo adopta muchas formas de terquedad.

EL PRIMER RESULTADO NUNCA ES PEQUEÑO

México abrió el polo acuático femenil con victoria de 24-5 sobre Venezuela. El dato podría pasar rápido, como pasan tantas cosas que ocurren antes de que el público llegue formalmente a la fiesta. Pero ese es el problema: hay deportes que sólo existen para la conversación cuando ya están ganando medallas.

Antes son preparación. Después son orgullo.

El polo acuático tiene una crueldad particular: se juega casi sin suelo. En otros deportes uno se cansa y al menos puede quedarse parado. En el agua, descansar demasiado es hundirse. Hay algo filosófico en eso: competir mientras el cuerpo no puede olvidar que también debe flotar.

Por eso no conviene mirar esos primeros partidos como simple antesala. No son calentamiento del torneo. Son torneo. No son prólogo. Son ya la primera página escrita con cloro.

TODO CONSTRUYE MEMORIA

La ceremonia dirá que los Juegos empiezan cuando el protocolo lo declare. Hará bien: las ceremonias necesitan creer en sus poderes. Pero en Santo Domingo los Juegos ya habían comenzado unos días antes, discretos y mojados, sin que el gran relato estuviera del todo listo.

Tal vez así empiezan de verdad las competencias regionales: no con la imagen perfecta, sino con alguien entrando al agua antes de que el mundo acomode la mirada.

Después vendrán los discursos, los desfiles, las delegaciones completas, el fuego y la fotografía oficial. Todo eso importa. Todo eso construye memoria.

Pero el deporte, impaciente como es, ya había dejado su primera advertencia: ninguna ceremonia inaugura del todo lo que un atleta empezó a disputar antes.

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