
¿Vale la pena hacer un enorme berrinche y poner el riesgo toda una carrera profesional en la NFL? La realidad es que no, pero es una historia que se repite continuamente y esta vez el sujeto inmerso en esta trama es el talentoso receptor Brandon Aiyuk, quien en términos de contrato aún este ligado a los 49ers de San Francisco, pero la realidad es que desde el final de la temporada del 2023 su relación se fue deteriorando hasta llegar al rompimiento total en la actualidad.
Aiyuk cuenta apenas con 28 años de edad, y haciendo un poco de contexto sobre el asunto, basta recordar que durante la temporada baja de 2024 entró en una disputa contractual con el equipo que lo llevó a protestar de una manera poco inteligente que sólo lo perjudicó a él, al ausentarse de los campos de entrenamiento.
Al final logró lo que buscaba: un jugoso contrato multianual, pero su poco tiempo de práctica en los entrenamientos provocó que su nivel fuera muy debajo de su estándar.
Nunca lo sabremos, pero su falta de preparación quizá fue la razón por la que apenas en el segundo mes de esa campaña del 2024 sufrió la grave lesión de ruptura de ligamento cruzado de una rodilla, que lo obligó a perderse toda la temporada, aunque con la promesa de regresar completamente recuperado para el 2025.
EL INICIO DE LO INEXPLICABLE
Sin embargo, durante su proceso de rehabilitación decidió romper casi por completo la comunicación con el equipo, al grado de que nada se sabía sobre su recuperación. Durante la temporada anterior simplemente se negó a jugar argumentando que aún no se encontraba listo, aunque siempre con mensajes por fuera, al grado de que llegado cierto momento de la historia, pidió ser cambiado a otro equipo, en específico a Washington, para jugar al lado de su gran amigo, el mariscal Jayden Daniels.
Tanto Kyle Shanahan como Johnny Lynch, coach y gerente general de San Francisco, respectivamente, decidieron cortar toda relación con el jugador dado los dimes y diretes. Sobre el intercambio o negociación, ningún equipo se ha interesado al momento, dado el enorme contrato que deben absorber, aunado a la incertidumbre de en qué condiciones físicas regresará Aiyuk, después de todo ya acumula dos años sin jugar, y eso pesa más que cualquier otra cosa.
No es un secreto que desde su estadía en San Francisco no tenía una buena relación con el coach Shanahan, de quien se dice es un tipo que gusta de controlar todo, y Aiyuk es algo rebelde en ese aspecto.
A LA CONGELADORA
Al momento, la gerencia de los 49ers lo tiene en una lista de lesionados pero sin posibilidad de retornar al equipo a jugar, aunque aún conserven sus derechos, además de que al parecer no están interesados en negociarlo de inmediato por necesidad, ni tampoco acceden a cortarlo o liberarlo, pues saben que así el jugador se saldría con la suya. En pocas palabras, la organización lo mantiene congelado.
Ante todo lo anterior, y con dos años sin pisar un campo de juego, la carrera de Aiyuk parece acabada, y todo por un berrinche que al final ya no se pudo comprender, toda vez que ya había logrado su cometido: una enorme extensión de contrato.
Por esa razón, reiteramos la pregunta: ¿Vale la pena llegar a esas instancias para obtener lo que se desea o se debe ser más flexible y negociar? Quizá lo segundo es una mejor opción.
Y cuando decíamos que es una historia que se repite una y otra vez, no podemos dejar de lado un par de situaciones muy parecidas, y curiosamente con dos jugadores de un mismo equipo que anteriormente hicieron lo mismo que Aiyuk, y terminaron por perderse en el limbo, para dejar bien claro y corroborar que nadie es indispensable.
EL FIN DE LAS TRES B
Quién no recuerda los casos de LeVeon Bell y Antonio Brown con Pittsburgh, formaban parte del llamado triunvirato de las tres B por BEN Roethlisberger, LeVeon BELL y Antonio BROWN (quarterback, corredor y receptor, respectivamente) y que eran las columna del ataque de los Acereros. Todo inició con el enojo de Bell cuando, tras sus cinco primeros años con el equipo, (2013-2017) pidió un extensión de contrato que lo hiciera el mejor pagado entre los jugadores de la Liga.
Su protesta incluyó no presentarse a los campos de entrenamiento y mil declaraciones de por qué merecía ganar todo ese dinero. El pleito se alargó por meses, la familia Rooney jamás cedió a la presión del corredor y éste terminó viendo la temporada por televisión en 2018. Apenas contaba con 25 años. Tenía una prometedora carrera por delante
Al año siguiente, en 2019, firmó con NY Jets y no era ni la sombra del dominante acarreador que fue en Pittsburgh. Después se convirtió en un trota equipos irrelevante que pasó por Kansas City, Baltimore y Tampa Bay. Se retiró en 2021 y en esa última temporada sólo llevó ocho veces el ovoide para 18 yardas. De hecho, llegó hasta convertirse en boxeador, claro, con muy poco éxito.
En el caso de Brown, no fue por dinero, sino por conflictos internos, en gran medida con Roethlisberger, al final de la campaña de 2018. Brown se ausentó de las prácticas del equipo antes del decisivo juego final de campaña contra Cincinnati, y la gerencia de los Acereros lo suspendió.
En vez de buscar una solución con el equipo que lo había hecho un ganador, donde se había desarrollado y crecido, pidió su cambio a cualquier otra parte. En 2019 fue a dar a Nueva Inglaterra donde coincidió con Tom Brady, quien a su vez lo jaló a Tampa Bay en 2020 donde, efectivamente fue parte del equipo campeón, pero ya no era esa amenaza profunda como lo fue en Pittsburgh. Era sólo un remanente.
Brown dejó escapar un brillante final de carrera que pudo haber tenido en Pittsburgh. Tenía 30 años cuando se separó del equipo, pero su nivel era excepcional. En cambio, durante su último año en Tampa Bay, fue como la decadencia absoluta, como un héroe que enloquece y se pierde en la demencia de si mismo.
La última imagen que quedó de Brown en un campo de juego fue lastimosa y avergonzante. Fuera de si, se quitó jersey y hombreras en la banca, mucho antes de finalizar un juego, y se fue caminando con el torso desnudo hacia los vestidores. Al día siguiente el equipo lo dio de baja.
DOS CARRERAS PERDIDAS MÁS
Todo lo comentado líneas arriba, nos deja en claro que esos berrinches nada bueno dejan, más que sólo un final de intrascendencia, y aunque como señalamos, existen varios casos, otros muy conocidos podrían ser los de Ezekiel Elliott, aquel fabuloso corredor de Dallas en sus primeros años, o Colin Kaepernick, mariscal de San Francisco.
Elliot buscaba una jgosa extensión de contrato tras sus primeros cinco años en la NFL. Después de una disputa mediática con Jerry Jones, el dueño de los Vaqueros terminó por acceder a los deseos de Elliot, quien no se presentó a los entrenamientos durante su campaña de presión. Cabe recordar que a pesar de haber logrado su cometido, Elliott jamás volvió a recuperar su nivel de juego.
Con Kaepernick, su protesta radical contra el racismo, aunque muy loable, quizá no fue la mejor manera de llevarla a cabo, pues terminó con su carrera profesional. La realiodad y viéndolo desde otro enfoque, habría podido protestando de otras formas antes que hincarse a la hora de entonar el himno de nacional. Eso lo llevó a ser censurado, apartado y señalado por la NFL, de la que hay que decir que sigue siendo una Liga deportiva donde existe cierta discriminación como lo han hecho ver coaches y jugadores de las minorías.
Kaepernick, obsesionado con su ideal, perdió la perspectiva y su carrera profesional se fue al olvido al ser sutilmente boicoteado por los dueños de los equipos, aunque esto se niegue.
De esta manera, ahora Aiyuk se encuentra en el mismo camino, pues tras dos años sin jugar, sin equipos interesados en él, y con la relación completamente rota con su equipo, parece que será otro de esos ex jugadores que se fueron con la cuenta bancaria llena de dinero pero con la pregunta de qué tan lejos pudieron haber llegado o logrado en su carrera deportiva de no haber hecho esos berrinches.