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Ecos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe

Los países cambiaron de asiento

JCC. El autobús regional no viaja igual.

Imagínese un autobús largo, caliente, lleno de uniformes, himnos, maletas, lesiones, entrenadores, promesas y cansancio. Ese autobús se llama Juegos Centroamericanos y del Caribe. Cada cuatro años arranca otra vez. Los países suben con la misma bandera, pero no siempre encuentran el mismo asiento.

Durante mucho tiempo, uno creía saber dónde se sentaba cada quien. Cuba y México adelante, con esa antigüedad de pasajeros fundadores. Colombia cerca, mirando el camino. Venezuela empujando desde los primeros asientos. Puerto Rico, República Dominicana y otros países negociando espacio en una parte media donde nadie viaja cómodo, pero todos viajan despiertos.

El error era creer que el autobús estaba quieto.

En Mayagüez 2010 ya hubo una señal rara: Cuba no viajó. Su ausencia dejó un asiento enorme vacío y México terminó arriba, aunque aquella edición quedó marcada por ajustes y lecturas posteriores debido a casos de dopaje. Más que comparación limpia, 2010 funciona como advertencia: en el deporte regional, también los ausentes mueven la tabla. El pasajero que no sube cambia el acomodo de todos.

México se fue hasta adelante

Desde Veracruz 2014, con Cuba otra vez en el autobús, el viaje se entiende mejor. Ahí Cuba todavía iba adelante: 123 oros y 254 medallas totales. México quedó segundo con 115 oros, aunque tuvo más medallas totales: 332. Colombia venía detrás con 70 oros, Venezuela con 56, República Dominicana con 20 y Puerto Rico con 15. Esa era la fotografía del camión en 2014.

Pero las fotografías envejecen mal cuando el autobús sigue andando.

En Barranquilla 2018, México cambió de asiento: 132 oros y 341 medallas. Cuba bajó al segundo lugar con 102 oros y 242 medallas. Colombia, aunque tuvo más medallas totales que Cuba, quedó tercera por sus 79 oros. Venezuela cayó a 34 oros; República Dominicana llegó a 25; Puerto Rico quedó con 20. No fue una sacudida escandalosa. Fue peor: fue un reacomodo ordenado.

Después vino San Salvador 2023 y el pasillo ya se veía distinto. México llegó a 145 oros y 353 medallas. Colombia tomó con claridad el segundo asiento: 87 oros y 244 medallas. Cuba bajó a 74 oros. Venezuela quedó en 32, República Dominicana en 26 y Puerto Rico en 25. La región no gritó. Sólo cambió de postura.

Algunos bajaron; otros pidieron ventana

Santo Domingo 2026 confirma el nuevo acomodo. México no sólo va adelante: estiró las piernas. Terminó con 167 oros, 125 platas, 115 bronces y 407 medallas totales. Colombia quedó segunda con 91 oros y 266 medallas. Cuba, tercera, con 51 oros y 155. Venezuela, cuarta, con 49 oros y 216. República Dominicana, quinta, con 46 oros y 150.

La lectura seca sería ésta: México subió y se alejó; Colombia se consolidó como segundo bloque; Cuba perdió asiento de mando; Venezuela dejó de caer, pero no volvió a su lugar anterior; República Dominicana creció con fuerza desde la franja media; Puerto Rico también ha venido recuperando espacio, aunque sin meterse todavía en la pelea principal.

Pero la imagen del autobús dice algo que la tabla no alcanza a decir sola. No todos los países viajan por la misma carretera. Algunos cargan sistemas deportivos más estables. Otros cargan crisis. Algunos tienen deportes específicos que los empujan. Otros sobreviven por generaciones excepcionales. Y hay países que no dominan el viaje completo, pero de pronto ganan una parada, una disciplina, un tramo de orgullo.

El medallero no es sólo quién llegó primero. Es quién cambió de asiento durante el trayecto.

Y en los últimos cinco viajes, el acomodo regional se movió bastante. México ya no parece el pasajero que disputa el asiento delantero: parece el que lo ocupó y puso la mochila junto a la ventana. Colombia dejó de viajar como acompañante y se instaló cerca del volante. Cuba sigue siendo Cuba, pero ya no viaja con la autoridad de antes. Venezuela intenta recuperar espacio. República Dominicana y Puerto Rico empujan desde una zona donde cada oro sirve para decir: aquí también vamos.

El autobús sigue avanzando.

Y lo interesante no es sólo mirar quién maneja hoy, sino quién viene cambiándose de asiento sin pedir permiso.

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