
Alexander Zverev completó una de las historias más emotivas del tenis reciente al proclamarse campeón del Abierto de Estados Unidos 2026, luego de superar al estadounidense Ben Shelton por parciales de 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2. La victoria representó mucho más que un nuevo trofeo para el alemán: significó la revancha definitiva tras aquella dolorosa final perdida en 2020, cuando dejó escapar una ventaja de dos sets ante Dominic Thiem.
El actual número dos del mundo necesitó tres horas y 33 minutos para consumar su victoria en el estadio Arthur Ashe y sumar su segundo título de Grand Slam de la temporada, después de haberse coronado también en Roland Garros 2026. Por su parte, Shelton, quien disputó la primera final de Grand Slam de su carrera, abandonó Nueva York con la satisfacción de alcanzar el mejor ranking de su trayectoria, al ascender al cuarto puesto de la ATP.
La revancha que esperó seis años
La conquista de Nueva York tuvo un significado especial para Zverev. En 2020 estuvo a punto de convertirse en campeón del US Open cuando dominaba la final frente a Thiem, pero terminó protagonizando una remontada histórica en su contra. Aquella derrota se convirtió en una carga emocional que acompañó al alemán durante varias temporadas.
Sin embargo, el panorama cambió por completo en 2026. Después de conquistar Roland Garros en la cuarta final de Grand Slam de su carrera, el alemán llegó a Flushing Meadows con la confianza renovada y el objetivo de cerrar definitivamente una de las heridas más dolorosas de su trayectoria profesional. Lo consiguió con autoridad, demostrando la madurez competitiva que le había faltado años atrás.
Shelton vendió cara la derrota
El estadounidense llegó a la final impulsado por una actuación sobresaliente durante todo el torneo. Su gran carta de presentación fue la victoria conseguida en cuartos de final sobre Carlos Alcaraz, resultado que lo colocó en el centro de atención y despertó la ilusión de ver nuevamente a un campeón local en Nueva York.
No obstante, los nervios le pasaron factura desde el inicio. Shelton entregó el primer juego con una doble falta y volvió a cometer errores similares en momentos decisivos del primer set. Del otro lado de la red apareció un Zverev sólido con el servicio, efectivo con el primer saque y muy paciente para administrar los intercambios largos.
El segundo parcial llegó hasta el desempate, donde el alemán mostró toda su jerarquía. Tomó rápidamente una ventaja de 5-0 y encaminó el set para colocarse a un paso de la victoria. Aunque Shelton reaccionó en la tercera manga para extender el encuentro, nunca logró inclinar por completo la balanza a su favor.
El título que confirma una era
Lejos de resentir la pérdida del tercer set, Zverev respondió de inmediato con un quiebre en el inicio del cuarto episodio. A partir de ese momento tomó nuevamente el control del partido y anuló cualquier intento de remontada del estadounidense. Un segundo rompimiento en el séptimo juego prácticamente sentenció el desenlace.
La escena final fue tan curiosa como emotiva. Tras un resto largo de Shelton, Zverev tardó varios segundos en comprender que el partido había terminado. Cuando finalmente cayó en cuenta de que era campeón del US Open, celebró una victoria que representa uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva.
El rey de la generación de los noventa
Con el trofeo neoyorquino en sus manos, Alexander Zverev se convirtió en el tenista nacido en la década de 1990 con más títulos de Grand Slam, superando a contemporáneos como Dominic Thiem y Daniil Medvedev, quienes cuentan con un major cada uno.
Su generación vivió durante años bajo la sombra del legendario“Big Three”, integrado por Novak Djokovic, Rafael Nadal y Roger Federer, además del surgimiento de fenómenos más jóvenes como Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Sin embargo, el alemán ha encontrado finalmente su espacio en la historia gracias a una temporada extraordinaria que lo coloca como el jugador más destacado de 2026.
Además, el campeonato le permitió superar a Sinner en la clasificación anual rumbo a las Finales ATP de Turín, consolidando un año de ensueño para quien, después de una larga espera, logró transformar una vieja cicatriz en el mayor triunfo de su carrera.