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Scottie Scheffler lideró la reacción de un equipo que encontró su mejor golf en el momento más crítico para mantener intacto su dominio en la Presidents Cup

Estados Unidos firma una remontada histórica y conquista su undécima Presidents Cup consecutiva

DE LA INCERTIDUMBRE AL DOMINIO ABSOLUTO Lo que parecía una derrota inminente terminó transformándose en una de las remontadas más memorables de la competencia, consolidando nuevamente a Estados Unidos como la gran potencia de la Presidents Cup. EFE/ Andrea Montolivo (Andrea Montolivo/EFE)

La jornada final comenzó con un panorama complicado para el conjunto estadounidense. Después de las sesiones previas, el Equipo Internacional mantenía la ventaja por 10.5-7.5, una diferencia que lo colocaba a tan solo cinco puntos de levantar un trofeo que históricamente le ha sido esquivo.

Sin embargo, cuando más presión existía, apareció la reacción de los locales. En una exhibición de carácter, profundidad y experiencia, Estados Unidos inclinó rápidamente la balanza durante los enfrentamientos individuales para cambiar por completo el rumbo de la serie.

El primer golpe llegó gracias a Cameron Young, quien derrotó por 3 y 2 al japonés Ryo Hisatsune. Poco después, Justin Thomas amplió el impulso estadounidense con una contundente victoria de 5 y 3 sobre el canadiense Corey Conners, una de las diferencias más amplias de la jornada.

Scheffler lidera la reacción

El número uno mundial, Scottie Scheffler, también respondió a la altura de las expectativas al superar por 2 y 1 al colombiano Nicolás Echavarría, en un duelo que dejó una de las imágenes más deportivas del torneo.

Durante el encuentro, Scheffler concedió un putt a Echavarría después de que el colombiano fuera distraído por el grito de un aficionado justo cuando realizaba su ejecución. El gesto fue ampliamente reconocido por el público y evidenció el espíritu competitivo y deportivo que caracteriza al golf.

Aunque el Equipo Internacional intentó mantenerse con vida gracias a las victorias de los surcoreanos Tom Kim, vencedor sobre Wyndham Clark, y Sungjae Im, quien superó a Sam Burns, la reacción estadounidense ya era imparable.

El golpe definitivo

La remontada tomó forma definitiva con tres triunfos consecutivos de los norteamericanos. Chris Gotterup venció por un hoyo al sudafricano Christiaan Bezuidenhout, mientras que Collin Morikawa derrotó por el mismo margen al japonés Hideki Matsuyama.

A continuación, Patrick Cantlay impuso condiciones frente al australiano Adam Scott con un triunfo de 2 y 1, acercando a los estadounidenses al objetivo.

La sentencia llegó cuando Jacob Bridgeman embocó un putt de par en el hoyo final para derrotar al australiano Min Woo Lee, consiguiendo el medio punto que elevó la cosecha estadounidense hasta los 15.5 puntos, cantidad necesaria para asegurar matemáticamente el título.

Trump, protagonista fuera del campo

El ambiente en Medinah también estuvo marcado por la presencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien arribó al campo poco antes del comienzo de los partidos individuales.

Su llegada generó un importante operativo de seguridad y un notable interés entre los aficionados. El mandatario fue recibido con aplausos y ofreció un breve mensaje en el que destacó el momento que vive el país y expresó su deseo de disfrutar una gran jornada de golf.

La presencia presidencial añadió un ingrediente especial a una jornada que terminó convirtiéndose en una celebración para el golf estadounidense.

Un dominio que continúa

La victoria confirmó la supremacía de Estados Unidos en la Presidents Cup, un torneo que históricamente ha estado inclinado hacia el lado norteamericano.

Mientras el Equipo Internacional sigue contando únicamente con su triunfo de 1998 y el empate registrado en 2003, los estadounidenses continúan ampliando una dinastía que ya alcanza once títulos consecutivos.

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