
Fue en el verano de 1912, en Breslau, una ciudad de torres y de lluvia tibia que hoy se llama Wrocław. Allí, bajo las luces del Congreso de la Federación Alemana, se sentaron frente a frente Stepan Levitsky, maestro ruso de gesto sereno, y Frank Marshall, el americano que jugaba como quien escribe versos con la punta de los dedos.
Marshall no buscaba la victoria: la cortejaba. Le gustaba el peligro como a otros les gusta la música, y creía, con la fe de los enamorados, que una idea hermosa merece ser pagada con lo que más se ama. Aquella tarde de julio lo demostró. Entregó lo más preciado que tenía sobre el tablero, y lo hizo sin temblar, como se entrega un secreto a quien nunca lo traicionará. Levitsky miró, comprendió y dejó caer el rey. Ya no había más que decir.
LO QUE QUEDÓ FUE EL INSTANTE
De ese silencio nació la leyenda. Se cuenta que la partida entusiasmó tanto a los espectadores que lo “cubrieron de monedas de oro”. Es una imagen que lleva más de un siglo conmoviéndonos.
Hay que ser fiel a la verdad, sin embargo, y la verdad es más tímida. El relato procede del propio Marshall, que lo contó décadas después, en 1942, en sus memorias. La prensa de 1912 publicó la partida y la elogió, pero no habló de ningún oro, y su viuda llegó a negarlo.
Quizá no importe. Las monedas, si cayeron, se habrían perdido entre manos y bolsillos. Lo que quedó fue el instante en que una sala entera contuvo el aliento, y eso vale más que cualquier tesoro.
Ante un jugador tan aguerrido, crece la hazaña de Emanuel Lasker, que perdió contra Marshall la primera y la última partida que disputaron en su vida. En las cuatro décadas que separan ambas victorias, Marshall no consiguió ganarle ni una sola partida. Es una estadística asombrosa, como la del match entre Kasparov y Kramnik (Londres, 2000), en el que Kasparov, conocido como un feroz combatiente, no pudo ganar ninguna de las 15 partidas disputadas.
Levitsky – Marshall, Breslau 1912
Defensa Francesa
1.d4 e6 2.e4 d5 3.Cc3 c5?? (Un desafortunado experimento, que cuesta un peón enseguida tras 4.exd5 exd5 5.Ab5+ Cc6 6.dxc5 y si d4 7.De2+ seguido de Ce4. Pero Levitsky no se da por enterado.)
4.Cf3 Cc6 5.exd5 exd5 6.Ae2 (Muy tímido. Uno de los principios más importantes del ajedrez que nos han enseñado los motores modernos es que no debe jugarse con pasividad. De nuevo resulta conveniente Ab5.)
6...Cf6 7.0–0 Ae7 8.Ag5 0–0 9.dxc5 Ae6 10.Cd4 Axc5 11.Cxe6 fxe6 12.Ag4 Dd6 13.Ah3 Tae8 14.Dd2 Ab4 15.Axf6 Txf6 16.Tad1 Dc5 17.De2 Axc3 18.bxc3 Dxc3 19.Txd5 Cd4 20.Dh5?? (Hay que estremecerse ante tamaño disparate. 20.De4 mantenía el equilibrio)
20...Tef8 21.Te5 Th6 (Incluso un poco mejor es 21...Txf2 22.Tfe1 Rh8)
22.Dg5 Txh3 23.Tc5 Dg3 0–1
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Esta es la asombrosa posición final, que, según la leyenda, produjo una cascada de oro.