Escenario

El cine de terror cómo un espejo de la sociedad

La hermanastra fea

El rechazo sistemático que se ha desarrollado en torno al cine de terror, habla de prejuicios que catalogan dichas producciones como carentes de calidad suficiente para ser consideradas serias. Esto ha ocasionado que sean señaladas como entretenimiento ligero, lo que intenta justificarse aludiendo a que su formula (en apariencia) se limita a mostrar escenas violentas y carecer de una narrativa compleja. Si bien hay casos que son desarrollados precisamente de esta manera, si algo han demostrado los filmes de terror, a lo largo de los años, es que también pueden ser un medio para reflexionar acerca de los conflictos sociales y los miedos generacionales.

El cine de terror ha llevado a la gran pantalla temas como la identidad, la moralidad y el miedo a lo desconocido. Evolucionando, con el paso del tiempo, de tal manera que se ha moldeado para poder adaptarse a las preocupaciones contemporáneas, convirtiéndose así en una herramienta para debatir las cuestiones que le preocupan a cada generación.

Un ejemplo de lo anterior es la película Candyman (2021) dirigida por la cineasta Nia DaCosta, la cual funciona como una secuela directa de la cinta de 1992 que lleva el mismo nombre. Su foco de reflexión es la manera en la que la gentrificación de un vecindario de Chicago borra su historia y la de la comunidad negra, desencadenado que una leyenda urbana sea invocada como metáfora de un trauma del pasado.

De igual manera, la detonación de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, durante la Segunda Guerra Mundial, y el temor de los efectos de las armas de destrucción masivas impulsó en las décadas de 1950 y 1960, una ola de películas a las que se les conoce como “cintas de monstruos nucleares”. En esta categoría se encuentran ejemplos como Godzilla (1954) de Ishiro Honda y, del mismo año, la cinta de hormigas gigantes de Gordon Douglas El mundo en peligro.

Incluso hoy en día, las cintas de monstruos nucleares son el resultado del miedo a las aberraciones biológicas que pueden crear los experimentos científicos.

El proyecto de la bruja de Blair

Muertos vivientes

El origen del cine moderno de zombies, como veremos más adelante, incluye la exploración de una sociedad que cada vez se vuelve más dependiente de las compras, al punto que las ve como una forma para evadir los conflictos de su día a día.

Las raíces de este subgénero están en las películas que filmó el director George A. Romero: La noche de los muertos vivientes de 1969 y El amanecer de los muertos de 1978.

En el caso de La noche de los muertos vivientes, la cinta se trata de una crítica al racismo, ya que el final no son los zombies a quien el protagonista Ben, un hombre negro, les debe de tener más miedo.

En la misma línea, varios años después, Danny Boyle estrenó en el 2002, 28 días después, en donde el mayor reto al que se enfrenta el grupo de sobrevivientes es el egoísmo y el abuso del poder que emplea el ejército. Los miembros de un batallón, que en repetidas ocasiones son retratados como representantes de un bien mayor.

En el caso de El amanecer de los muertos, la trama se sitúa en un centro comercial suburbano en el que los personajes que no se han transformado en muertos vivientes intentan sobrevivir a su nueva realidad. Mientras tanto los zombies se pasean por los pasillos del edificio imitando los hábitos de consumo humano. Con miradas perdidas y a falta de una meta, suben y bajan las escaleras mecánicas. El cineasta sugiere que se reúnen en el centro comercial porque el único fragmento de su memoria que continúa siendo funcional es el del consumismo como entretenimiento. Por medio de estos comportamientos casi automáticos, George A. Romero le da vida en la pantalla grande a una sociedad capitalista que se inclina en demasía a los bienes materiales.

Found footage

El Found footage no es sólo un subgénero de terror, igualmente es considerada una técnica cinematográfica en la que la cámara carga gran parte de la narrativa visual, ya que los personajes graban lo que sucede de una manera “poco profesional”.

En ocasiones, incluso se recurre al uso del material captado por las cámaras de seguridad de las locaciones y, aunque sus antecedentes se pueden encontrar en los años sesentas, el found footage logró su consolidación hasta el año 1999 con El proyecto de la bruja de Blair.

Se trata de un estilo que se caracteriza por ser de bajo presupuesto y, con sus movimientos bruscos, le añade realismo al método de grabación.

Adicionalmente, con el auge de los teléfonos móviles y de las redes sociales, el subgénero se convirtió en una representación de las ocasiones en las que sucede un evento impactante y la gente, en lugar de ayudar o porque no hay nada más que puedan hacer, documentan los hechos con los teléfonos que llevan encima.

Candyman

Body Horror

Mediante mutilaciones del cuerpo humano, en las que se incluyen mutaciones y alteraciones desagradables, el body horror explora temas como el miedo a la pérdida de control, a la tecnología y a las enfermedades. Pero, sin duda, es el cuerpo femenino uno de los protagonistas por excelencia de este subgénero.

Las crónicas del body horror suelen explorar la imposición de la perfección estética, siendo uno de los ejemplos más recientes el de La hermanastra fea (2025), que lleva el cuento de los hermanos Grimm al extremo, cuando muestra procesos quirúrgicos con los que la protagonista busca alcanzar su físico soñado.

La filósofa Susan Bordo analiza el control social con elementos como la comida, el peso y la sexualidad. Cuando los personajes femeninos se encuentran en una posición en la que comienzan a perder “la cordura”, las escenas que las muestran comiendo de forma descontrolada.

Otro ejemplo es La Mosca (1986), dirigida por David Cronenberg. En un momento dado, el personaje de Geena Davis, Veronica, tiene una pesadilla en la que da luz a una larva representando el miedo a la contaminación biológica y a los embarazos no deseados.

A modo de resumen

A partir de lo dicho, el cine de terror no puede únicamente ser pensado como una expresión cinematográfica construida con una sola capa. La cual probablemente se ha ido formado por la manera en la que la cultura popular y el marketing habla de esta expresión.

Basta con ampliar el repertorio de películas para entender el valor social de estas cintas. Y así, comprender la manera en la que el cine de terror suele convertirse en espejo de la sociedad y no debe ser menospreciado.

Tendencias