Escenario

Camilo Lara habla sobre el desafío de musicalizar Moscas, la nueva película de Fernando Eimbcke, y explica cómo convirtió los sonidos de videojuegos de 4 y 8 bits en una herramienta para explorar la soledad y las emociones

Camilo Lara revela cómo creó la música de Moscas, la nueva película de Fernando Eimbcke: “Fue un gran reto”

Camilo Lara

Tras una larga relación de amistad y colaboración con el cineasta Fernando Eimbcke, Camilo Lara se enfrentó por primera vez al reto de crear música original para una de sus películas. El resultado puede escucharse en Moscas, una historia íntima que explora la soledad, la distancia emocional y la posibilidad de volver a conectar con los demás. Para el músico detrás del Instituto Mexicano del Sonido, trabajar en esta producción significó entrar a un territorio distinto al de sus proyectos habituales y construir una identidad sonora a partir de una herramienta poco convencional: los sonidos de los videojuegos de 4 y 8 bits. La película, que ha tenido presencia en festivales internacionales, llegará a los cines mexicanos el 2 de julio.

Camilo Lara y Fernando Eimbcke: una amistad que llegó al cine

Para Camilo Lara, la invitación de Fernando Eimbcke no llegó como un proyecto completamente ajeno. Su relación con el director se remonta a varios años atrás y ha estado marcada por una cercanía personal y creativa que incluso los llevó a coincidir en distintos proyectos relacionados con la música. Sin embargo, Moscas representó una oportunidad diferente: por primera vez, Lara compuso música para una película de Eimbcke.

“Soy muy fan de Fernando Eimbcke, de su cine, me gustan mucho sus películas, y además somos buenos amigos desde muchos años”, recuerda el músico. Su vínculo con el cineasta se ha construido a lo largo del tiempo, desde la participación de Lara en proyectos musicales hasta una relación cercana con las películas del director.

Esa familiaridad, sin embargo, no hizo que el proceso fuera sencillo. Por el contrario, la película exigía encontrar una identidad musical capaz de acompañar una historia contenida y profundamente humana sin imponerse sobre ella. La protagonista, Olga, vive marcada por la rutina y la distancia emocional, mientras que la narración observa de manera sutil sus vínculos y la posibilidad de encontrar nuevas formas de conexión.

La respuesta de Lara fue alejarse de los recursos musicales más convencionales y construir una paleta limitada, pero llena de posibilidades. “Cuando tú empiezas a hacer un proyecto de música en películas, en cierta manera haces como tu primera elección de herramientas que vas a utilizar”, explica.

En Moscas, esa elección estuvo relacionada con los videojuegos y con los sonidos de las primeras generaciones de consolas. Los 4 y 8 bits se convirtieron en una especie de lenguaje emocional, una decisión que implicó trabajar con una cantidad mucho más reducida de recursos.

“Con un cello o con un violín puedes hacer cosas emocionalmente muy poderosas, pero con 8 o 4 bits es más complejo, y es un gran reto”, señala. Para Lara, la dificultad fue precisamente lo que volvió atractivo el proceso: “Cada proyecto tiene distintas formas, y este fue muy emocionante, tratar de llegar a emociones con una paleta tan limitada”.

La música debía acompañar a los personajes y sus conflictos, pero también respetar el particular estilo cinematográfico de Eimbcke. En lugar de explicar lo que ocurre en pantalla, el soundtrack debía sugerir, insinuar y abrir espacios para que el espectador completara emocionalmente la historia.

Moscas

Los sonidos de videojuegos como lenguaje emocional

Entre las escenas que más exigieron al compositor se encuentra el desenlace de la película. Sin revelar detalles de la trama, Lara reconoce que la secuencia final representó uno de los mayores desafíos de todo el proceso creativo.

“La escena final es una escena muy poderosa, que tiene muchas lecturas, y además te deja pensando”, afirma. El trabajo junto a Eimbcke implicó semanas de conversaciones y discusiones para encontrar el equilibrio adecuado entre la imagen y la música.

La clave estaba en evitar que la banda sonora indicara al público qué debía sentir. “Lo que me encanta del cine de Fernando es que la emoción la logras tú, el espectador”, explica Lara. Desde su perspectiva, el cineasta confía en la capacidad del público para interpretar las señales que aparecen en pantalla y construir sus propias conclusiones.

Por ello, la música tuvo que ser especialmente cuidadosa. “Fue un trabajo muy sutil, quirúrgico, para poder lograr que la música no sobrevendiera la escena final”, dice.

Ese principio también marcó la creación del resto del soundtrack. En una película con pocos elementos sonoros, cada decisión adquiere un peso particular. “Un gran reto, menos es más”, resume el músico, quien considera que cuando una historia es contenida, cada sonido debe estar pensado con mayor precisión.

La experiencia también le permitió explorar una faceta diferente de su identidad artística. A lo largo de su carrera, Lara ha participado en proyectos musicales de naturaleza muy diversa, desde su trabajo con Instituto Mexicano del Sonido hasta colaboraciones vinculadas con grandes eventos internacionales. Sin embargo, el cine le ofrece una libertad distinta.

“A través del cine puedo hacer cosas que nunca en la vida en mi música haría”, reconoce. Para él, componer para una película implica ponerse una especie de “capa de superhéroe” y experimentar con recursos que probablemente no utilizaría en sus proyectos personales.

La diferencia fundamental está en la autoría compartida. “Yo soy el jefe en el IMS, soy yo, y en esto no soy para nada el jefe”, bromea. Más allá del humor, la frase sintetiza una diferencia importante: mientras en sus proyectos musicales Lara controla buena parte del proceso, en el cine trabaja al servicio de una visión colectiva.

“Me gusta ser parte de un equipo porque además siempre estoy solo en mis proyectos y de repente hacer proyectos que vas por un fin común con otras personas, pues es muy emocionante”, afirma.

Trabajar junto a Eimbcke significó, entonces, encontrar un punto de equilibrio entre la identidad del compositor y las necesidades de la película. “La visión de Fer como director de una película con un punto de vista muy particular requiere que tú estés en línea con lo que él quiere”, explica.

Moscas: una historia mexicana que busca conectar con el mundo

Moscas ha recorrido espacios internacionales como los festivales de Berlín y Cannes, además de tener presencia en Guadalajara, una trayectoria que para Lara representa también una oportunidad para mostrar la vitalidad de la creación artística mexicana.

“Como en todas estas cosas que le dan foco a México, me emociona mucho”, asegura. Para el músico, el reconocimiento internacional de una producción mexicana no depende únicamente de una persona, sino de la existencia de una comunidad creativa amplia y diversa.

“Es producto de que hay una escena sana en México y que hay una tropa de creadores interesantes, guionistas, directores de fotografía, directores, vestuaristas”, destaca.

Desde esa perspectiva, Moscas funciona como una muestra de la capacidad del cine mexicano para contar historias particulares que, al mismo tiempo, pueden ser comprendidas en cualquier lugar del mundo. La película encuentra su centro en una historia íntima, pero su alcance emocional trasciende las fronteras.

Para Lara, uno de los elementos que más le interesan de la cinta es precisamente la presencia de la Ciudad de México. La capital no aparece únicamente como un escenario, sino como un personaje más dentro de la narración.

“La Ciudad de México, como otro jugador súper importante de la película, es un actor más de la película”, explica. Esa mirada adquiere especial relevancia porque la historia ocurre en un multifamiliar, un espacio que permite observar una vida concreta dentro de una comunidad mucho más amplia.

La estructura del edificio se convierte así en una metáfora de la experiencia humana: una historia puede parecer pequeña y específica, pero forma parte de miles de historias que suceden simultáneamente.

“Te das cuenta en ciertas tomas que, en realidad, la idea de un multifamiliar es ponerle zoom a una historia que está pasando de miles que están en un edificio con mucha gente”, señala.

Ese enfoque es, para Lara, uno de los grandes valores de la película. La historia de sus personajes puede sentirse cercana porque no pretende representar una experiencia extraordinaria, sino encontrar humanidad en lo cotidiano.

“Es muy interesante retratar una sola historia muy sencilla que es parte de muchísimas, pero al final es universal”, reflexiona. “Eso podría pasarle a cualquier persona porque tiene mucha humanidad”.

La música de Lara acompaña justamente esa búsqueda. Sus sonidos de 4 y 8 bits no buscan competir con las imágenes ni dictar una emoción, sino construir un espacio que permita al espectador entrar en la intimidad de los personajes.

Con Moscas, el músico vuelve a demostrar que su trabajo puede moverse entre territorios muy distintos sin perder su identidad. Esta vez, la exploración ocurre desde la contención, la sutileza y una paleta sonora aparentemente limitada que, paradójicamente, abre nuevas posibilidades expresivas.

El resultado es también una nueva colaboración dentro de una relación creativa que, para Lara, ha sido marcada por la amistad y el respeto. Y mientras la película llega a las salas mexicanas este 2 de julio, el compositor espera que el público descubra una historia capaz de conectar con sus propias experiencias.

“Son muchas cosas”, responde al hablar sobre lo que espera que los espectadores encuentren en la película. Entre ellas, destaca la posibilidad de observar la vida interior de un niño, su manera de comprender el mundo y la relación que establece con los demás a través de un videojuego.

Pero, sobre todo, espera que Moscas sea una experiencia que permanezca en la memoria después de abandonar la sala. Una película que, como su escena final, deje preguntas abiertas y permita que cada espectador complete el significado desde su propia sensibilidad.

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