
Durante casi veinte años, Anamanaguchi ha sido una banda difícil de encasillar. Lo que comenzó como un proyecto que mezclaba consolas de videojuegos, sonidos chiptune y guitarras terminó convirtiéndose en uno de los referentes más influyentes de la música alternativa contemporánea, capaz de colaborar con franquicias como Scott Pilgrim, presentarse junto a Hatsune Miku y construir una comunidad global donde conviven fanáticos del rock, el anime, los videojuegos y la cultura digital.
Ahora, el grupo estadounidense inicia una nueva etapa con Anyway, un álbum que representa mucho más que un cambio de sonido. Es el resultado de volver a compartir el mismo espacio después de años de trabajar a distancia, de reencontrarse como amigos y de descubrir que la mejor forma de evolucionar era regresar al origen: hacer música juntos.
Su próxima visita a la Ciudad de México en Foro, una ciudad que describen como “su lugar favorito en el mundo”, marca también el inicio de este nuevo capítulo frente a uno de los públicos que, aseguran, más ha acompañado la historia de la banda.
El disco que nació de volver a estar juntos
Después de seis años entre un álbum y otro, muchos esperaban que Anamanaguchi siguiera perfeccionando la producción digital que ha caracterizado buena parte de su trayectoria.
Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.
La banda decidió reducir la distancia tecnológica para recuperar algo mucho más simple: convivir.
Durante varias semanas sus integrantes vivieron bajo el mismo techo, compartieron comidas, conversaciones, películas y largas jornadas de composición. Esa experiencia transformó completamente la forma en que escribieron Anyway.
“Pasamos años separados. Después de la pandemia nos dimos cuenta de que extrañábamos estar juntos y que hacer música en la misma habitación era algo que necesitábamos recuperar”, explicó uno de los integrantes durante la entrevista.
Lejos de los intercambios interminables de archivos por internet, el grupo volvió a construir canciones como lo hacía en sus primeros años: improvisando, reaccionando en tiempo real y permitiendo que las ideas fluyeran sin sobreanalizarlas.
Ese cambio hizo que el álbum tomara forma en apenas seis meses, un contraste enorme con los seis años que transcurrieron entre sus dos producciones de estudio.
Menos pantallas, más conexión humana
Para Anamanaguchi, la mayor diferencia no estuvo únicamente en la velocidad del proceso creativo.
Estuvo en la posibilidad de mirarse frente a frente.
Durante la entrevista, el músico explicó que compartir el mismo espacio permitió que cada idea evolucionara de manera mucho más natural que cuando trabajaban desde distintas ciudades.
“En lugar de enviarnos archivos por correo o Discord, podíamos sentarnos frente al teclado, tocar una idea y desarrollarla inmediatamente. Todo fluía mucho más rápido”, relató.
Pero también hubo otro elemento menos evidente.
Al terminar las sesiones de trabajo, los integrantes cocinaban juntos, caminaban por el vecindario, veían películas o simplemente convivían.
Esos momentos terminaron fortaleciendo la confianza que posteriormente se refleja en las canciones.
“No había nadie trabajando más que otro. Todos podíamos relajarnos juntos y esa conexión hizo que el resultado fuera mucho más fuerte”, recordó.
El álbum más personal de su carrera
Aunque Anamanaguchi siempre ha utilizado elementos electrónicos, sonidos de videojuegos y referencias a la cultura digital, Anyway representa una transformación importante.
Por primera vez, la banda decidió dar un paso al frente con sus propias voces.
En trabajos anteriores habían recurrido a vocalistas invitados, vocaloids o fragmentos procesados, pero ahora las letras son interpretadas por los propios integrantes.
La decisión no fue casual.
Respondía a una necesidad de hablar desde su propia experiencia.
“Se sintió como una progresión natural. Era el momento de escribir nuestras propias letras y cantar nosotros mismos lo que queríamos decir”, explicó el músico.
La realidad también cambió el sonido del disco
Mientras preparaban el álbum, el contexto internacional atravesaba momentos de enorme incertidumbre.
Conflictos internacionales, tensiones políticas y un ambiente de creciente preocupación terminaron influyendo en la forma en que la banda entendía el mundo.
Sin necesidad de convertir el disco en un manifiesto político, esas emociones comenzaron a filtrarse naturalmente en las composiciones.
“Si este era un álbum sobre nosotros, entonces tenía que reflejar realmente quiénes somos y cómo vemos el mundo ahora”, explicó durante la conversación.
El resultado es un disco donde conviven la melancolía, el humor, la esperanza y una mirada mucho más íntima que en trabajos anteriores.
La evolución de una banda que nunca dejó de ser ella misma
Hablar de evolución suele implicar cambios radicales.
Para Anamanaguchi, en cambio, crecer significa comprender mejor aquello que siempre los definió.
Después de veinte años de trayectoria, aseguran que siguen disfrutando las mismas cosas que cuando comenzaron.
La diferencia es que ahora entienden mejor por qué las aman.
“No hemos cambiado necesariamente como banda; simplemente entendemos mejor quiénes somos y qué queremos expresar con nuestra música”, afirmó.
Esa idea atraviesa todo Anyway.
Aunque el sonido incorpora nuevos matices, la esencia sigue siendo la misma: una mezcla de energía, nostalgia, referencias culturales y una profunda conexión emocional.
Scott Pilgrim: la obra que cambió su historia
Es imposible hablar de Anamanaguchi sin mencionar Scott Pilgrim.
La relación entre la banda y ese universo creativo se ha fortalecido con el paso de los años hasta convertirse en una de las colaboraciones más reconocidas de su carrera.
Lejos de sentirse encasillados, los músicos consideran que ese proyecto les abrió puertas que jamás imaginaron.
“Scott Pilgrim cambió el rumbo de mi vida de maneras que ni siquiera puedo explicar. Nos permitió hacer arte del que nos sentimos profundamente orgullosos”, compartió.
Además, consideran que tanto la obra creada por Bryan Lee O’Malley como la identidad de Anamanaguchi comparten valores similares: la amistad, la vida dentro de una banda y la importancia de las comunidades creativas.

México, una segunda casa para Anamanaguchi
Pocas ciudades despiertan tanto entusiasmo en la banda como la capital mexicana.
Desde sus visitas a Freaky Plaza, los conciertos secretos y el contacto con artistas independientes, Anamanaguchi ha construido un vínculo muy especial con el público nacional.
Durante la entrevista, el músico recordó con entusiasmo la energía que ha encontrado en la comunidad mexicana de videojuegos, anime, música y arte independiente.
“La última vez visitamos Freaky Plaza y fue increíble. Cada vez que venimos encontramos personas con las que compartimos exactamente las mismas pasiones”, relató.
Para ellos, México representa uno de esos lugares donde las distintas comunidades creativas conviven de forma natural y donde siempre encuentran una recepción cálida.
“Cada concierto que hemos dado aquí ha sido eléctrico. Estoy listo para volver”, aseguró.
Un disco que busca emocionar antes que impresionar
Al preguntarle qué espera que el público encuentre en Anyway, la respuesta fue tan sencilla como honesta.
No buscan provocar una única emoción.
Quieren que cada persona viva el álbum desde su propia experiencia.
“Quiero que quien escuche el disco pueda decir: ‘Sí, yo también’. Que sienta que forma parte del viaje”, explicó.
Quizá esa sea la mejor definición de esta nueva etapa.
Después de veinte años de carrera, colaboraciones internacionales y millones de reproducciones, Anamanaguchi no parece interesado en perseguir tendencias ni reinventarse por obligación.
Su prioridad sigue siendo exactamente la misma que cuando comenzaron: crear música que los emocione y compartirla con personas que encuentren en ella un espacio para reconocerse.
Y si hubiera que resumir el espíritu de Anyway en una sola palabra, la banda no duda.
“Es punk”.